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Cómo administrar el desgano

- 23:54 Opinión

Por Bernardo Stamateas

 

M uchas de las actividades que realizamos a diario, aun sin darnos cuenta, las llevamos a cabo porque sentimos que es nuestro deber. En realidad, esto forma parte de la vida de un adulto. Pero hoy más que nunca deberíamos tomarnos un tiempo para determinar si el placer tiene lugar en nuestra rutina.

Si bien el término placer tiene mala prensa, bien entendido, se trata de un ingrediente que no debería faltar en nuestra vida para disfrutar de salud, tanto a nivel físico como emocional. Placer es sinónimo de deseo y, en su justa medida, nos recuerda que estamos vivos. Los humanos somos básicamente “seres deseantes”.

Ahora, tal vez te preguntas cómo es posible mantener constante el deseo en medio de una crisis global y circunstancias externas que nos son las ideales. La respuesta es más sencilla de lo que parece: apartando tiempo cada día para hacer eso que nos gusta y nos genera bienestar. Esta es la forma de encontrar un balance entre obligación y placer.

Actualmente, y después de un año tan particular que nos ha desafiado a todos, escucho a muchas personas mencionar que se sienten desganadas. Si este es tu caso, recordá que el deseo activa la motivación en vos. Porque, cuando uno quiere lograr algo, se mueve y se esfuerza por conseguirlo. Y cuando lo conseguimos, surge un nuevo deseo que nos mantiene de pie y no nos deja caer.

Muchos padres, sin darse cuenta, anulan el deseo de sus hijos diciéndoles: “No se puede”. Esto no significa que tenemos que darles todo lo que quieren, sino que deberíamos permitirles desear y animarlos a creer que eso que tanto anhelan, en algún momento, lo alcanzarán.

¿Cuál es la razón, más allá de la situación que estamos atravesando, por la que tantas personas “no tienen ganas de nada” y les resulta tan difícil motivarse y accionar para disfrutar aquello que desean? Fundamentalmente el hecho de que la cultura en la que estamos inmersos nos dijo que el placer es malo, que no debemos aspirar a estar bien y ser felices (en especial, cuando hay tanta gente que está mal).

Es así como nuestros padres y abuelos, e incluso muchos de nosotros, asociaban/asociamos lo placentero con ideas como peligro, riesgo y daño. Pero lo cierto es que todos, sin excepción, venimos a este mundo para tener vidas plenas, para crecer y alcanzar nuestra mejor versión. Quizás pienses en aquellos que carecen de oportunidades desde la niñez…

Esa no es una excusa y prueba de ello son las personas que, a pesar de las muchas dificultades que tienen que enfrentar, logran avanzar en la vida. Esto es así porque todos nacemos con un potencial ilimitado que nos permite superar cualquier emoción negativa frente a circunstancias adversas.

Hay personas que tienen miedo de triunfar. Otras triunfan, pero terminar por boicotearse su propio éxito porque, en el fondo, sienten que no son merecedores. Todos tenemos derecho a realizar actividades que amamos y nos brindan placer. Porque el verdadero placer no está afuera, sino que es algo interior que se refleja externamente. l

 

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