PSICOLOGÍA

Psicopatía: cuando el sujeto posee un comportamiento tremendamente antisocial y corrompe la ley (primera parte)

Por Lic. Mariano Vega Botter – Neuropsicólogo.

¿Qué es la psicopatía?

El psicópata es el enfermo que sufre un trastorno de personalidad caracterizado por un comportamiento eminentemente antisocial, siendo frecuente la realización de actos en donde se infringen las leyes, ya sean hurtos, estafas o similares, pudiendo llegar hasta el secuestro o la agresión contra sus semejantes, todo ello sin que la persona con psicopatía tenga reducida su inteligencia, y con una aparente insensibilidad ante el dolor que pueda provocar en otros.

El término psicópata –ahora en desuso en el ambiente clínico– se empieza a sustituir por el de sociópata. Actualmente está encuadrado dentro de lo que se conoce como conducta antisocial, que es aquella en la que el individuo manipula, transgrede y en algunos casos violenta las normas sociales en beneficio propio, sin importarle la moralidad, ni las consecuencias que sus actos puedan tener sobre los demás.

Algunos estudios indican que en los últimos años se ha producido un incremento de personas con este trastorno de la personalidad antisocial, pudiendo llegarse a presentar en cuatro de cada cien personas, dándose casi tres veces más en hombres que en mujeres. Uno de los motivos puede estar en que en una sociedad cada vez más competitiva, están mejor considerados aquellos individuos que progresan, independientemente del medio que usen para conseguirlo, fomentando así este individualismo, que a veces puede ser el germen de una tendencia psicópata. A lo que, además, se une un deseo en algunas personas de aprovecharse del otro e incluso de hacer daño, sin sentimiento de culpa. A aquellos que no llegan a expresarse violentamente se les denomina ‘psicópatas de guante blanco’.

La mayoría de casos de psicopatía son precisamente de tipos no violentos, más bien manipuladores, que consiguen lo que quieren a cualquier precio, sin preocuparse de las consecuencias de sus actos. Son personas que suelen llevar una vida aparentemente normal, a pesar de lo cual el término ‘psicópata’ suele estar más asociado a los casos de extrema violencia, debido a que son también los más llamativos, pero en proporción el número de psicópatas que se expresan así es ínfimo.


Causas: ¿qué les

lleva a actuar así?

Sobre las causas que originan la psicopatía, todavía no están claras, existiendo un factor genético que puede expresarse en éste u otro trastorno, en función del ambiente en donde se desarrolle la persona, pero lo que sí parece determinante es la falta de cariño recibido de los padres durante la infancia del individuo afectado, así como la despreocupación de estos por su educación moral; lo que se proyecta en el afectado, ya desde la etapa escolar, en problemas de conducta con sus compañeros.

Aunque no toda conducta inadecuada de este tipo durante la infancia va a desembocar en una psicopatía, si es suficientemente importante explorar los motivos por los que el pequeño molesta e incluso agrede a sus compañeros, sin que en apariencia medie causa para ello, con el fin de poder descartar la patología o, de diagnosticarse, intervenir a tiempo, ya que cuanto antes se haga mayor eficacia tiene el tratamiento para la psicopatía. Igualmente, cabe reseñar que este trastorno de la personalidad puede deberse a determinadas alternaciones cerebrales, sobre todo en el lóbulo frontal, ya sea por malformación, enfermedad o lesión cerebral.


Perfil: síntomas y

manifestaciones

En el cine se presentan los casos más llamativos de psicópatas, fríos y calculadores, que cometen actos deplorables, sin sentir remordimiento por ello. Sin llegar a los extremos de los casos excepcionales, el observar alguno de los siguientes rasgos en un familiar o ser querido sería un buen indicio para llevarle a consulta a un especialista neuropsicólogo y empezar así a explorar si la persona sufre o no de psicopatía.

A pesar de que la psicopatía en grado extremo se suele reconocer por sus actos delictivos, también existen otras manifestaciones que caracterizan a una persona con este trastorno de la personalidad. Estos podrían ser algunos síntomas y rasgos típicos del perfil de un psicópata:

Muestra impulsividad, e incluso frialdad, y falta de empatía con los sentimientos de los otros.

Manipulador, con cierto encanto personal, capaz de conseguir lo que quiera de los demás.

En su grado extremo se muestra eminentemente transgresor de las normas sociales de convivencia, caracterizado por su conducta criminal y su crueldad.

Falta de culpa y de remordimiento en aquello que hace, a sabiendas del daño que pueda estar causando.

Tienen una capacidad de juicio claro, distinguiendo entre el bien y el mal, con una inteligencia normal e incluso a veces superior a la media.

Con incapacidad para formar relaciones personales o sociales sanas, estables y duraderas.

Ausencia de alucinaciones o delirios, o de estado de irritabilidad o ansiedad que puedan conducir su comportamiento.

Pensamiento y conducta guiados por el raciocinio y el pragmatismo, con un escaso papel otorgado a los sentimientos, imbuido de lo que algunos autores han denominado narcisismo social.

No suelen sentir miedo ni responden temor al castigo de sus actos.

No tienen en consideración la opinión de los demás, y no sufren tensión por la desaprobación social por sus actos.

Son personas aparentemente controladas, que tratan de llevar una vida normal, ocultando sus verdaderas tensiones e intenciones.

Son personas que no huyen de las situaciones de estrés y de riesgo, sino que lo buscan, por ejemplo practicando deportes extremos como forma de liberar sus tensiones internas.

En algunos casos pueden mostrarse irritables e irascibles, pudiendo desencadenarse una situación de violencia física o verbal sin que haya motivo aparente para ello.

Los psicópatas son personas que, además, suelen mostrar conductas adictivas ya sea en el ámbito comportamental como en el caso de la cleptomanía o del consumo de sustancias ilegales.


Diagnóstico

A primera vista pudiese parecer sencillo diagnosticar la psicopatía, no lo es tanto, ya que antes hay que establecer el diagnóstico diferencial de otras patologías y simulaciones que pueden mostrar comportamientos similares tales como:

En el caso de las simulaciones, la persona no se rige por la enfermedad, sino por otros fines como puede ser la notoriedad o quedar exculpado de un delito, y con ello evitar la condena correspondiente.

El Trastorno Límite de la Personalidad, e incluso en algunos casos de retraso mental, donde normalmente se actúa siguiendo las indicaciones o el ejemplo de otra persona “sin percatarse” de lo inadecuado de sus actos.

Personas que sufren de ‘locura transitoria’, como reacción a una situación de estrés o en respuesta a una amenaza hacia su persona o a algún ser querido, sea este real o no.

Personas que sufre otro trastorno psiquiátrico que le haga sufrir alucinaciones o delirios, como el de persecución, que justifiquen un comportamiento defensivo que en algunos casos se expresa agresivamente.

Tampoco se considera psicopatía en los casos en que la persona sufre de incontinencia emocional, baja tolerancia a la frustración, y brotes de enojos e iras, que le pueden conducir a cometer actos violentos.

Al ser un trastorno de personalidad, ya desde la infancia se va a empezar a experimentar las primeras tendencias psicopáticas por parte del menor, pero por supuesto, estas no van a ser igual que las que puede tener un adulto, pues iniciará con algo sencillo como puede ser molestar a sus compañeros, quitarle las cosas, pudiendo llegar raramente a la agresión física. A medida que vaya experimentando, y afianzándose en sus actos a pesar de las consecuencias, cada vez va a ir atreviéndose a actos mayores. Aunque la psicopatía se vaya formando desde pequeño, al ser un rasgo de personalidad interno, no en todos los casos se va a expresar a edades tempranas, siendo más frecuente que se vaya a expresar a partir de la adolescencia, donde existe cierto grado de permisividad social con los jóvenes, incluso a la hora de cumplir con las normas de conducta, ya que se supone que en esta época están guiados por las hormonas y no son responsables de lo que hacen.


Tratamiento

Al tratarse de un trastorno de personalidad a través de un neuropsicólogo especializado, es decir, que afecta en cómo pensamos, sentimos y actuamos, debemos de tener claro que el tratamiento de la psicopatía va a ser complejo, ya que se ha de intervenir en todos los ámbitos de la persona para conseguir corregir dicho comportamiento, aunque la mayor dificultad es que el psicópata quiera cambiar, sobre todo cuando sus actos le reportan una satisfacción personal inmediata, y carece de suficiente  empatía  para sentir culpabilidad por su comportamiento.

Uno de sus rasgos característicos es que suele conocer bien cómo manipular a los demás, y conseguir de estos lo que quiera, por ello el psicópata requiere de entrenamiento en el ámbito afectivo, en donde aprenda a ponerse en la situación del otro, para que entienda lo que siente, desarrollando así habilidades emocionales y de empatía; igualmente se les entrena para establecer y mantener relaciones sociales sanas y duraderas.

Este entrenamiento  consiste, en relación a la actuación de la alianza psicoterapéutica entre paciente-neuropsicólogo, en que la persona realice diversos ejercicios de Role-Play, donde va adoptando distintos papeles sociales, para que vaya teniendo experiencias positivas sobre otras formas de relacionarse, lo que le ayudará en un futuro a tener más opciones para conseguir un comportamiento adaptado a los estándares sociales. Igualmente las técnicas de relajación y visualización positiva que les provee el neuropsicólogo, les ayudan a controlar la tensión interna que les guía hacia la búsqueda de la satisfacción de sus impulsos más inmediatos.

Con respecto de la conducta inadecuada, lo más difícil es que dejen de vulnerar las leyes, ya que los psicópatas son plenamente conscientes de cuándo transgreden las normas sociales, y a pesar de ello lo hacen, tratando eso sí, de no ser descubiertos, dando la mayor apariencia de normalidad para disimular el delito; es por ello que es tan difícil detectarlo, y los beneficios que le proporciona hacen que sea casi imposible cambiarlo.

A nivel farmacológico, a pesar de los intentos por descubrir un tratamiento adecuado para la psicopatía, no existe un medicamento específico para ello, ya que no padece delirios, alucinaciones, ni estados de ansiedad o agresividad que lo motiven; por lo que no se pueden combatir síntomas, siendo la privación de libertad la forma en que la sociedad ha resuelto este problema social en los casos más graves; es decir, al sacar al psicópata de las calles, evita que haga daño al otro, aunque la realidad nos dice que casi nunca se produce su reinserción, por eso que nuestras leyes penitenciarias están obsoletas porque a esta clase de persona deben penarlo con el castigo (no tienen sentimiento de culpa ni arrepentimiento) y no conducirlo a la reinserción. No se consigue esto en el psicópata.

Una de las mayores dificultades para conseguir alcanzar unas metas satisfactorias en este tratamiento es la falta de implicación de la persona psicópata, ya que se trata de un comportamiento voluntario y consciente, y que le suele reportar beneficios, ya sea de autocomplacencia o sociales, por lo que difícilmente querrá cambiar, y seguir el tratamiento para la psicopatía; siendo éste más eficaz si se empieza a edades tempranas.