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La 'disputa' de la puesta del sol: ¿los wine bars son las nuevas cervecerías?

Cada vez más bares apuestan al vino que se vuelve protagonista de los encuentros entre amigos. Pero el ritual de las cervecerías no se abandona. ¿Por qué el vino ganó terreno? ¿La gente, en definitiva, qué prefiere para cada situación? Hablamos con los dueños de propuestas que se lucen 'de ambos lados'. Además: ¿por qué hay que elegir una sola opción?

- 12:30 El Cronista

¿Ipa, stout, irish o blonde? Solía ser la pregunta que se iba formando en nuestra cabeza a medida que se acercaba el fin de la jornada laboral. Pero en este último tiempo, post cuarentena, las opciones empiezan a variar. Las cervecerías o los bares de siempre siguen tentando, aun así las propuestas que tienen al vino como protagonista, atraen por su novedad. ¿Las birras artesanales dejaron de ser el must de todo after para mutar a los vinos?

Es indiscutible que hace unos años se hablaba mucho del boom de las cervezas artesanales: ¿podremos hablar ahora de un incipiente boom de los winebars? "Creo que hace un tiempo, la cerveza le ganó terreno al vino, llegando de una manera más descontracturada al público joven -nos confesaba German Colli, uno de los socios de Cowi, bar de vino y café, en una charla con MALEVA -. Eso recién con la pandemia creo que se logró dar vuelta".

Los grupos de amigos siguen bancando a la birra para los encuentros relajados.

"Tomar cerveza artesanal es disfrutar del encuentro", nos contaba Maru Kilzi, encargada de marketing de Rabieta Cerveza Malcriada. Pensar en ir a tomar una cerveza artesanal es transportarnos a un ambiente relajado; divertido; con risas, charlas y hasta algún grito de fondo. Son las mesas largas llenas de grupos de amigos las que suelen ocupar el lugar central. "Vengo siempre con mis amigas. Es el momento de ponernos al día, quejarnos del laburo y relajar con una birra", se animó a compartirnos Sofía, habitué de Rabieta Brewhouse en el Hipódromo de Palermo, uno de los preferidos de la Capital.

Con más de 25 canillas, Baum Palermo también afirma ser uno de los elegidos para esas cervezas bajo los últimos rayos del sol. La versatilidad de opciones, permiten ajustarse a casi todos los gustos. No se puede negar que las cervecerías tienen su lugar afianzado en el recorrido de bares. Estamos acostumbrados a salir y optarlos como opción. "Son los lugares de siempre. Es el volver a disfrutarlos luego de un año entero sin poder visitarlos", acuerda un grupo de chicos sentados en una de las mesas de la vereda de Baum. "Los atardeceres espectaculares, el estilo propio del lugar y nuestra maestra cervecera hacen de la experiencia Rabieta una sin igual", agrega Kilzi.

El vino: nuevo protagonista de la noche argentina (y un gran compañero para las historias).

Las vinotecas y los winebars están en el foco de las nuevas miradas. Con propuestas cada vez más cancheras y atractivas, el vino está logrando afianzarse como una de las opciones más elegidas a la hora de salir a tomar algo. "En Cru creemos que el vino es más que un producto. Es una razón para reunirse, para festejar, acompañar, para conocer historias", nos dijo Melina Nuñez Ramos, una de las socias de Cru Deli & Wine.

Generalmente, a los bares de vinos se los asocia a ambientes más personales e íntimos. Pero esta tendencia parecería estar mutando. "Somos el plan de muchas parejas los fines de semana, pero estamos notando que los grupos de amigos también nos elijen mucho -nos contaba Melina-. Mucha gente viene a Cru en plan after."

German Colli, de Cowi, nos explicaba que sus locales de Belgrano (3 de febrero 1167) y Palermo (Armenia 1447), fueron acompañando el proceso que fue haciendo el mundo del vino para intentar llegar a un público más joven. "Creo que les gusta la propuesta de tomar vino por copa para poder ir probando y degustando distintas cepas y sabores a la vez que son asesorados por nuestros sommeliers."

En definitiva...¿Por qué hay que elegir uno solo?

Solemos siempre en la vida, plantearnos situaciones de contraposición. Pero en este caso, cuando se juegan dos preferidos - cerveza y vino -, está muy difícil elegir. La respuesta ideal para este falso dilema es justamente: birra y vino. "Lo que los diferencia son las situaciones de consumo", nos decían desde Rabieta.

La clave, de los spots elegidos, está en generar sensaciones. Son estas las que terminan por definir a dónde vamos y qué elegimos. El caso es que el mundo de la cerveza artesanal y el de los vinos, están cada vez más cerca el uno del otro. Ambos ponen el énfasis en los mismos elementos.

Tanto en las brewhouses como en los winebars se les da prioridad a los procesos de creación y la calidad de los productos. "Al manejarnos con la mejor calidad, la experimentación sensorial no tiene fin", nos explicaba Juan Carlos Flores, uno de los dueños de Baum Palermo.

El maridaje se encuentra en el centro de las experiencias. En el mundo vinícola, es un concepto ya muy escuchado. Las catas de vino suelen ser siempre acompañadas de platos maridados, es decir, que combinan y se complementan a la perfección. Pero esta idea también se hace presente últimamente, en los bares de cerveza.

"Cada dos meses se elige un estilo de birra y se hace su maridaje. Cada estilo está asociado a una comida determinada", nos contaba Maru Kilzi cómo funciona en Rabieta. "La combinación que no falla es el brownie con helado y una cerveza oscura. O si hablamos de algo más específico el burrito de cerdo braseado marida perfectamente con una Old Ale ya que su carga alcohólica barre la grasa del paladar y permite degustar todo aún mejor", explicaba José Carlos Flores.

Además, los locales de ambos sectores se preocupan por ofrecer experiencias similares. La estética es un detalle a destacar. Cada espacio suele tener su propio atractivo, porque que nada es dejado libreado al azar. A su vez, las bebidas suelen ir acompañadas de distintas propuestas como música en vivo, arte, DJ sets. Ingredientes ideales para agregar a cualquier noche. Entonces lo importante es el juntarse, el disfrutar, probar, compartir y experimentar. ¿El ideal? Con un vaso de cerveza en una mano y por qué no, una copa de vino en la otra.


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