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EL REINO DE DIOS QUE CRECE EN LA HISTORIA Marcos 4, 26-34

- 00:41 El Evangelio

Jesús habla en parábolas sobre los ‘secretos’ del Reino para evitar todo efecto de propaganda mesiánica, toda interpretación errónea a cerca de los objetivos y medios que utilizó para instaurarlo. Este lenguaje simbólico, expresa a la vez, el ‘misterio’ del Reino que se revela en Jesús, y la necesidad de ‘seguirlo’ para poder entrar.

A primera vista, la parábola de la semilla que crece por sí sola, nos puede hacer pensar que frente al Reino de Dios, la tarea nuestra, de los discípulos, no es significativa, que el crecimiento del Reino depende única y exclusivamente de Dios. El mensaje no es este. Lo que la parábola quiere indicar, y a eso nos invita, es a esperar de manera creyente ‘la gratuidad’ del don del Reino, y a esperar su consumación respetando la soberanía de Dios y el tiempo que Dios ha estipulado para la siega definitiva. Esto no significa esperar que ‘todo’ lo haga Dios, sino entender que entre su tiempo y el tiempo de la tarea humana hay una diferencia.

Al igual que la parábola de la semilla, el relato del grano de mostaza habla de la venida segura del Reino de Dios, que está actuando ya en la historia. Tiene ya en sí el comienzo, por más insignificante que pueda parecer. Su desarrollo oculto y limitado a los ojos de los hombres, no invalida su crecimiento y desarrollo posterior, más aún, puede albergar ‘a las aves del cielo para que aniden’, a todos los que crean en Jesús.

También aquí, la parábola invita a ‘creer y esperar’ en Dios frente a un Reino que tiene dificultades para desarrollarse en el mundo.

Conclusión

Estas parábolas, cada una a su manera, nos invita a descubrir desde la fe la presencia del Reino que actúa en la historia, a esperar su llegada plena y definitiva, y a discernir los signos de su presencia aún en el ocultamiento y el rechazo.

Hoy, los creyentes, podemos sentirnos tristes y perturbados ante esta situación de pandemia que enferma, mata y genera temor en todos. Muchos han vuelto a Dios, a experimentar su cercanía amorosa y paternal. Quizás, el temor y el dolor, los ha hecho redescubrir la importancia de la fe en el camino de la vida. Volver a rezar en familia, fortalecer los lazos de solidaridad con los enfermos, acompañar en los momentos de dolor ante la pérdida de un ser querido. Son gestos y comportamientos esperanzadores que manifiestan que aún en las dificultades seguimos creyendo en Dios, haciéndonos cargo del hermano, empatizando con los que sufren. Es cierto, que la pandemia, también, ha sacado lo peor de nosotros en algunos casos: peleas de políticos, aprovechamiento de la situación y otras actitudes que nos deshumanizan. Sin embargo, la gran mayoría, sobre todo el pueblo sencillo y fiel, ha puesto lo mejor de sí para sostener a los que sufren. ¡Qué lindo ver tanto amor y solidaridad! Dios obra en cada uno de nosotros. Su Reino sigue actuando en la historia. Por eso, con San Agustín, digamos: “Reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti”. l


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