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“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres”

Evangelio, según San Mateo 6,1-6.16-18

- 23:40 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre Celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, te recompensará».

Tu padre que ve en lo secreto te recompensará

Lo que Pablo ha dicho en la primera lectura, la práctica de la solidaridad con los necesitados, se completa con lo que Jesús nos propone en el evangelio de este día.

La necesidad de reconocimiento o aprobación tergiversa, con frecuencia, nuestra conducta. Queriendo agradar a Dios no es extraño que se nos cuele el afán de que se nos reconozca el gesto. Combatir ese impulso es un ejercicio de paciencia con nosotros mismos, para depurar, una y otra vez, nuestro actuar.

Ante la tentación de querer exhibir la solidaridad como un trofeo, Jesús invita a no dejarnos arrastrar por lo que pueda ser el motivo de alabanza por parte de los demás. Por eso, nos insta a obrar desde la discreción. Su frase: "Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha", resume una forma de actuar que encaja con toda la doctrina de amor al prójimo y de nuestro actuar ante Dios.

Hemos de dar limosna de tal modo, que ni nosotros mismo tengamos la sensación de estar haciendo una cosa buena, por la que merezcamos una recompensa o elogio por parte de los hombres. La limosna se ha de entender, más bien, como una responsabilidad y cuando la ejercitamos estamos expresando la fuerza de la fe en nuestra vida.

Todo lo que llevemos a cabo debe ser realizado teniendo siempre la presencia de Dios ante nosotros. Solo su mirada debe ser la que nos preocupe. Vivir con esta perspectiva es sentirnos imbuidos de su realidad. Es un principio sano porque nos aleja de un obrar vacío, donde la motivación espuria no interfiere en nuestra conducta.

Tu padre que ve en lo secreto te recompensará

Hay actitudes en nuestro comportamiento que no se ajustan al modo de obrar de Jesús, por eso Él incide, con frecuencia, en ellas invitando a desterrarlas de nuestra vida. Es la línea profética con la que conecta Jesús y donde se destaca la interioridad, el corazón, frente a las apariencias y el postureo. En lo bueno y en lo malo Dios ve nuestro interior, las razones que nos mueven a obrar.

El dar limosna es una forma de participar en la creación de un mundo más justo, donde nadie es extraño. Es vivir sintiéndonos formando parte de la gran familia de los hijos de Dios.

El carácter individualista, en el que nos desenvolvemos, niega la fraternidad y reduce nuestra vida a un pequeño círculo. El evangelio nos llama a ser abiertos y generosos. Sabiendo que "nuestro Padre que ve en lo secreto nos recompensará".

Ya en sí mismo es un motivo de alegría poder ayudar compartiendo; máxime cuando lo hacemos de corazón, que es lo que a Dios le agrada.


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