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No tengan miedo, Jesús va con nosotros

- 23:14 El Evangelio

"Pasemos a la otra orilla" dice Jesús a sus discípulos. Es Él quien toma la iniciativa de cruzar el mar haciéndose absolutamente responsable de todo lo que pueda suceder con posterioridad. Una vez que Jesús y sus discípulos se apartan de la orilla y despiden a la multitud que ha escuchado las enseñanzas, se "levanta una gran tormenta de viento y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ésta ya se inundaba" En contraste con esta situación angustiante, Jesús duerme en la parte trasera de la barca. Su "sueño" es signo de soberanía y seguridad. Los discípulos, por el contrario, se encuentran excitados y nerviosos; despiertan a Jesús y le reprochan su actitud: "¿no te importa que perezcamos?" El increpa a la tormenta y al mar y los hace callar.

 

Después de calmar al viento y al mar, Jesús se dirige a sus discípulos acusándolos de cobardes e incrédulos. La cobardía y falta de fe se expresa en la actitud de ellos que pensaron en sí mismos y no estuvieron dispuestos a correr el riesgo junto a Jesús. La misma actitud se repetirá cuando huyan ante la cruz.

 

El fracaso de los discípulos es una advertencia a la comunidad para que no caiga en la misma incredulidad. El que ha decidido seguir a Jesús no puede temer al sufrimiento y la cruz.

 

"¿Quién es este que hasta el mar y la tormenta le obedecen?". La respuesta se desprende del relato: Jesús es aquel que tiene el poder de Dios, pero no por eso huirá frente a la cruz, sino que la asumirá en el cumplimiento de la voluntad del Padre como un signo de esperanza para el mundo.


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