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“El Reino de los Cielos está cerca”

Evangelio, según San Mateo 10,7-15

- 22:33 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

“ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.

En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad”.

Jesús adiestra en el arte de evangelizar

Jesús envía a sus apóstoles a predicar el Reino de los cielos, el Reino de Dios, lo mismo que él predicaba. Para reforzar su predicación les da poder de hacer milagros. Es sublime la noticia que nos ha traído Jesús. Nos asegura que Dios no se conforma con habernos creado y regalarnos la vida humana. Quiere mantener unas relaciones muy estrechas con nosotros.

Está dispuesto a ser nuestro Rey y Señor. Nos pide que aceptemos con gusto su estupenda propuesta y le nombremos el Rey y Señor de nuestra vida. Que le dejemos que guíe nuestros pasos, nuestra vida entera. Que no caigamos en la torpeza de nombrar a alguien o a algo de lo creado como nuestro Dios y Rey. Jamás nos darán lo que el Señor nos puede dar. Nuestro Dios nos hará el regalo de su amor, de su luz, de su propio Hijoà

Si le dejamos que reine y dirija nuestra vida nos llevará por buenos caminos, nos guiará siempre por las sendas que nos conducen a la alegría de vivir ya en nuestra estancia terrena, antes de regalarnos para siempre la vida de total felicidad después de nuestra resurrección.

Al que escuche la predicación de los apóstoles y acepte el reinado de Dios en su vida, la paz invadirá su corazón. La relación con Dios, con todo lo que lleva consigo, será capaz de sosegar nuestro corazón, de disipar nuestras dudas y miedos, deà regalarnos su paz.

Las últimas palabras que pronuncia Jesús en el evangelio de hoy, nos parecen duras. Pero, a poco que reflexionemos, no son más que las consecuencias que sufrirán los que libremente rechacen a Dios y a todo lo que él nos ofrece.

El Reino es valioso y suficiente. Por ello, cuando se recibe el encargo de transmitirlo, hay que deshacerse de estorbos innecesarios (monedas de oro, de plata o de cobre; morral para el camino, dos túnicas, sandalias, bordón,...).

El Reino relativiza todo lo demás. Recompone la estimativa con la que se valora la realidad desde los criterios del Señor. Y eso debe visibilizarse, mostrarse, exhibirse, hacerse visible, dejarse notar... La pobreza se convierte así en el ingrediente necesario de la gratuidad y en la más inequívoca manera de anunciar el Reino. Donde está tu riqueza allí está tu corazón.

Hay que repartirlo gratis, sin tener miedo a que se acabe. No le es permitido al evangelizador regatear con el Reino, ni subir su precio ni siquiera en un céntimo. No exige justificantes de buena conducta, o carnet de pertenencia eclesial.


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