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“Se las has revelado a la gente sencilla”

Evangelio según san Mateo 11,25-27

- 22:21 El Evangelio

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

La fuerza de Dios ante la debilidad del hombre

La respuesta de Dios es una llamada a la confianza. Le asegura estar con él en los momentos difíciles. Ese “yo estoy contigo” es una forma de garantizarle confianza. Desde ahí puede abordar la propuesta del Señor. Y Dios le asegura que estará con él para guiar a su pueblo y, una vez alejado de Egipto, se acercarán a aquella montaña para dar culto a Dios.

Hasta ahí la lectura. La reflexión personal nos invita a cuestionarnos hasta qué punto las necesidades de los demás tienen peso en nuestra vida. ¿Hasta qué punto nos sentimos comprometidos a responder a la llamada constante de Dios o pensamos que eso le corresponde a otros, porque creemos que están más preparados, que saben más, escabulléndonos así del compromiso? La llamada de Dios es personal y su respuesta es siempre la misma: Yo estoy contigo.

La vida de Jesús se ha ido complicando. Los enemigos van surgiendo entre los importantes, “los sabios”, aquellos que se sienten por encima de los demás. Son esos que desprecian a la mayoría de las personas porque los consideran iletrados e ignoran tantas cosasà La sabiduría de estos “entendidos” es solo conocimiento de la ley, solo eso. Son impermeables a la acción de Dios que llega a través de Jesús. Los “sabios y entendidos” lo constituyen ese grupo de personas que se presentan a Jesús con prejuicios, con preguntas capciosas, deseosos de sorprenderlo en algún momento y tener así argumentos para desautorizarlo.

Es la pregunta que surge espontáneamente al leer este pasaje. Jesús conoce muy bien esas actitudes de los importantes, de los que lo escuchan, no para dejarse empapar de sus palabras, sino para sorprenderlo en algún traspiés y así justificar sus actitudes prepotentes.

Por eso, el observar en su entorno personas sencillas, abiertas a Dios, que no pueden presumir de sabidurías humanas, pero lo escuchan con interés y van tras de Él con alegría, emociona a Jesús. De esa emoción surge esa oración espontánea, de reconocimiento ante la acción de Dios que no duda en manifestarse a las personas sencillas. Esas sí son “sabias”, no porque sepan mucho, sino porque se ven necesitadas y saben detectar la presencia de Dios, sabiendo dirigir su vida por el camino recto, aunque los entendidos las desprecien como ignorantes. Así es Dios. Se manifiesta a los humildes y se oculta a los orgullosos. La historia de Israel constata este hecho. Los “sabios” saben muchas cosas de la historia de Israel, saben los salmos y, seguramente, los recitan con frecuencia, pero, como en la vieja leyenda irlandesa, no conocen al pastor.


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