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“También ellos fueron a anunciarlo”

Lectura del Santo Evangelio, según San Marcos 16, 9-15.

- 23:53 El Evangelio

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.

Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.


¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

“No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,18). Comienza el primer día de la semana y con ella, toda la carga de agenda que nos devora. María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, haciendo sus cálculos sobre vendas, aromas, perfumes, que nos hablan de mortajas y de llanto ante la muerte. Los once encerrados. Se habían asegurado muy bien de poner todo tipo de cerrojos y maderos para atrincherarse en el Cenáculo. El miedo es así, ahora solo queda lloran ante el fracaso y la derrota de una historia que ha acabado con la muerte del Maestro. No hay lugar para la sorpresa y la vida, en medio de unos ojos cansados por la rutina. Demasiado concentrados en hacer lo correcto, sin embargo, el plan de Dios está brotando. La oscuridad de que se cierne sobre la noche de nuestra vida hace que no se note que despunta el rayo de la esperanza y la vida. En el encuentro que el Resucitado tiene con María Magdalena, trata de despertar el centro de su corazón. Ella, que muy de mañana va concent rada en los pasos que hay que seguir a la hora de amortajar al Mesías. María: ¿No te estás dando cuenta de que en la belleza de esta mañana algo está brotando? ¿No recuerdas que soy un Dios de vivos? ¿No recuerdas la Palabra de Dios que habla de Resurrección y Vida? Y, así, cae en la cuenta. Se le abren los ojos. ¡Maestro! Estás Vivo. Y nosotras agobiadas en la rutina de lo yerto. Jesús, mira con ternura a María Magdalena y la envía a sus discípulos, que también necesitan hacer todo un proceso interior. Se han encerrado en sí mismos.

Ya no recuerdan esos años en los que han ido presenciando el mensaje revolucionario del Maestro. Ahora solo ven las sombras del miedo que los acecha, no hay ilusión en su horizonte. La fe en la figura del Nazareno, ha sido sometida a un duro golpe. Ahora ha anidado en el corazón la duda y la incer tidumbre.

Ahora el corazón tiene los mismos cerrojos que la puerta del Cenáculo. En la ventana que con Jesús permanecía abierta para que entrara la brisa de la primavera, ahora la cierra un pesado madero. No hay posibilidad de que entre ese rayo de esperanza, que grita con fuerza María Magdalena desde el exterior: íResucitó de veras mi amor y mi esperanza! La fuerza de la presencia resucitada es la que transforma todas sus vidas. Muerte, miedo, dolor, vulnerabilidad, excusas, en presencia resucitada. Ahora sí, ya sois luz: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

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