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“Yo lo resucitaré en el último día”

Lectutra del Santo Evangelio, según San Juan 6, 35-40.

- 21:24 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.


“Dar la vida, de una vez o en el día a día, es perder a los ojos de este mundo”

Jesús es el pan de vida, y el que come de este pan y bebe de su sangre no tendrá hambre ni sed. Jesús colma los deseos y expectativas más profundas y fundamentales del ser humano. El saciado de esta manera, el que experimenta en su vida la plenitud que da la fe en Cristo, está capacitado para dar la vida. Ahora bien, dar la vida, de una vez o en el día a día, es perder a los ojos de este mundo: tener hambre y sed físicas, padecer enfermedades, sucumbir ante las persecucionesà Pero esa derrota, según los criterios del mundo, es una victoria para el que “viene a Cristo” y cree en él, porque expresa la suprema liber tad de todos los condicionamientos mundanos, la capacidad de disponer de la propia vida y darla con generosidad, precisamente desde la plenitud (la “saciedad ”) de esa fe. Es una fe que nos hace ver la fecundidad del martirio. No en el sentido (“masoquista”, podríamos decir) de que se desee o celebre la muerte. De hecho, la comunidad sint ió con hondura la muerte de Esteban e hizo un gran duelo por él. Pero su martirio y la cruel persecución que se desató contra la parte griega de la comunidad fue, sin embargo, el comienzo de una campaña de evangelización a gran escala. Y ahí mismo vemos la acción del Espíritu, que resucitó a Jesús de entre los muertos, y que convierte una situación de sufrimiento y muer te en una ocasión para extender el mensaje de la Vida. La fe, alimentada por Cristo, Pan de Vida, no nos garantiza el éxito en los asuntos de este mundo, es más, en ocasiones, nos complica la vida, y mucho, hasta ponerla en peligro de muerte, pero nos da la perspectiva de esa plenitud que se refleja en la resurrección de los muertos, la Resurrección de Cristo, en la que esperamos participar, y en la que ya estamos participando, precisamente por medio del Pan eucarístico, que nos lleva, nos debe llevar, superando todo temor, a cumplir la voluntad del Padre, al testimonio de fe y a las obras del amor.

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