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Denles ustedes de comer

Lucas 9, 11-17.

- 23:36 El Evangelio

Al regresar los Apóstoles de la misión encomendada por el maestro, Jesús los tomó consigo y con la intención de descansar se dirigieron a Betsaida. P e r o l a g e n t e lo supo y lo siguió. Entonces él acogiéndolos se puso a hablarles del Reino y curar a los enfermos. Al caer la tarde, los “Doce” le piden despedir a la gente para que busquen comida y alojamiento en los poblados vecinos. Jesús les dice “denles ustedes de comer”... Parece como si Jesús los invitara a hacer el milagro.

Es imposible que puedan conseguir alimento para cinco mil personas. Entonces, les dijo, hagan que se acomoden por grupos de cincuenta. Luego, tomó los panes y peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que repartieran a la gente.

El prodigio no supone que Jesús multiplicara los trozos, sino que pudieran comer todos, los cinco mil, y aún sobrar, teniendo en cuenta el reducido número de panes y peces que tenían a disposición.

Todos comieron hasta quedar saciados, lo que muestra la abundancia con que Dios alimenta a su pueblo.


Conclusión

La llegada del Reino en la predicación y actuar de Jesús supone una nueva humanidad, un hombre nuevo que vive la experiencia del Reino en la gratuidad y el compartir la vida como signo de que Dios vive entre nosotros. Hoy la crisis socio económica por la que atraviesa el país ha dejado a muchos hermanos sin pan en sus mesas, sin trabajo que les permita vivir en dignidad. Es la hora de la solidaridad, del compartir, la hora de hacerse cargo del hermano, de velar por su felicidad.

Los discípulos de Jesús no podemos desentendernos del sufrimiento de muchas familias en nuestra patria; dar de comer al hambriento, de beber al sediento, visitar al enfermo y al preso, anunciar buenas nuevas que vayan acompañadas de acciones de solidaridad, sirviendo a los que no tienen trabajo, cobijando a los que no tienen techo , compar t iendo nuestros bienes con los que están excluidos de la mesa de la vida, serán gestos de pertenencia a la Iglesia de Jesús.

Celebrar la eucaristía, adorar y comer el cuerpo de Jesús y beber su sangre, deben comprometernos a anunciar al país un mensaje de esperanza compartiendo la vida y nuestros bienes con los hermanos más necesitados, poniéndonos del lado de los que sufren, promoviendo la justicia social para que todos puedan acceder a una vida digna.

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