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Un papá hizo de partero de su esposa en el nacimiento de su hija

El hecho sucedió en un domicilio de Fernández. La bebé anticipó su llegada a punto tal que no les dio tiempo a sus padres para llegar a una clínica. Nació en su propia casa con su papá de partero.

- 10:28 Interior

Martín Gallardo (36) y Aidee Vallejos (33) lo tenían todo planeado. O casi. La primera fecha que el obstetra y las ecografías que se había hecho, le indicaban que la fecha probable para el nacimiento de su hija por parto normal, era el 26 de junio. Pero, en los primeros días de este mes, Aidee había tenido una suba de presión que, de acuerdo con su médico de cabecera, la llevaría a anticipar la llegada de su hija con una cesárea el 15 de junio. Pero a veces, la vida tiene otros planes. Y las cosas menos pensadas, suceden.

El matrimonio vive en Fernández, ambos llevan adelante un emprendimiento comercial de venta de cotillón y de artículos descartables.

“Las ecografías que le habíamos hecho, además del doctor que la atendía a mi señora, coincidían en que la fecha prevista para el nacimiento era el 26 de junio, por parto normal porque así había nacido Mateo Alejandro (7) nuestro primer hijo. Pero, mi señora había tenido un poco de presión alta, le hemos hecho unos estudios, un electrocardiograma y le daba un poco alta la presión, por ello el médico evaluó que era necesaria una cesárea, que se le iba a hacer el 15 de este mes. Para esa fecha se había previsto la cesárea”, comentó Martín a EL LIBERAL.

Pero la pequeña que latía en el vientre de Aidee, tenía otros planes.

La noche del 4 de junio, Martín y Aidee comenzaron a alistarse para la fecha prevista para la cesárea y después de la cena y de acostar a Mateo, lavaron toda la ropita con la que iban a vestir a su bebé. Aún faltaba todo el ajuar, el bolso donde iban a alistar todo y también, el segundo nombre para la pequeña. Pero aún había tiempo. Todavía nada hacía suponer lo que sucedería pocas horas más tarde.

“El sábado 5 me he levantado a las 7.30” cuenta Martín, que guarda desde ese momento cada detalle en su memoria de lo que sucedió en los 90 minutos siguientes. “Mi señora me dice que no había podido dormir en toda la noche porque había estado con molestias, con dolores. Entonces decidimos ir al médico”. A la 8.15, los dolores de Aidee eran más intensos. “La llamo a mi suegra -agrega- para que viniera a quedarse con mi hijo que aún dormía y era temprano para llevarlo a él también. Y llamo al doctor para informarle. Mi mujer ya estaba con muy mucho dolor. El médico me dice que le dé un sertal porque eran dolores propios del embarazo, pero que aún no estaba en fecha. Eso era a las 8.30. A partir de ahí empieza todo”, recuerda Martín. Y cuando dice que “empieza todo”, lo es en la amplitud de esa palabra.

Poco después de las 8.30, entre los gritos de dolor de Haydée y con su hijo ya despierto, volvió a llamarlo al médico porque “mi mujer ya tenía muchas contracciones, pero me dice que es prematuro que tendría que llevarlo a un lugar donde haya servicio de neonatología”.

En ese punto, la primera opción era la Capital, a 45 kilómetros, más de media hora de Fernández. “En ningún momento pensamos que podía pasarnos esto. Pensábamos en salir para el sanatorio, por eso no hemos tenido tiempo de hablar una enfermera, ni a mi hermana que vive cerca pero tenía tantas contracciones que cuando pongo en marcha el auto, abro el portón, ella seguía con contracciones cada vez más fuertes y mi hijo me avisaba desde el comedor: “Papi otra vez, me decía”, en alusión a las contracciones.

“Cuando vuelvo a entrar a la casa, mi mujer rompe bolsa. Eso era a las 8.52. Era todo muy rápido. La llamo a mi suegra y le digo que venga rápido, pero se adelanta todo. Ya no solo había roto bolsa. Vuelvo al dormitorio y le digo a mi hijo que corra a buscar a mi hermana que vive cerca y cuando se va, mi mujer entra en la última parte del trabajo de parto. Habrán pasado 7 minutos desde que rompió bolsa y no llegaba nadie, estaba solo ahí con ella, no he tenido tiempo para nada”, recordó.

“Cuando a mi hija se le veían los bracitos, me acordé del Dr Rubén Grosso -médico fallecido de Fernández- que una vez me había dicho que los bebés son como de goma, que no tenga miedo en apretarlo un poquito, que no le hace nada. Entonces sí, ahí para sacarla al final, le he puesto la mano entre la axila y la he agarrado de la espaldita y ahí ya ha venido conmigo. Eso es algo muy hermoso”.

Agregó: “La bebé ha nacido llorando, se ve que quería nacer, pero la he tapado y se ha calmado, la he dejado en la cama con su mamá, envuelta. En el momento que nace la bebé, lo que atino a hacer es apretar el cordón umbilical con mi mano. Pero llamo al doctor y me dice que no lo apriete, porque mientras tenga la placenta la mamá no había problema”, puntualizó.

Martín, lejos de considerarse un “héroe” como lo señalan en la calle sus conocidos y sus amigos, no cree en ese calificativo. Simplemente, señala que “cualquiera que hubiera estado en mi lugar hubiera hecho lo mismo y resuelto de la misma manera cualquier padre”.

Bianca Martina, hoy va a cumplir sus primeros 14 días en este mundo. Según cuenta su papá partero, la bebé tuvo un peso de 2,7 kilogramos y midió 48 centímetros de largo.

“Cuando la tenía en mis brazos a la bebé, siento que entran mi suegra y mi hermana, pero todo ha sido en cuestión de segundos, han pasado 7 minutos más o menos desde que ha roto bolsa hasta que ha nacido”, sintetizó. A los pocos minutos, llegaron también al domicilio de Martín el pediatra y el obstetra. Verificaron que el estado de salud de la bebé era óptimo y revisaron a la mamá, la que fue trasladada a un sanatorio para colocarle unos calmantes, junto a su bebé para un mejor control, hasta que a los pocos días, le dieron el alta y volvieron a su hogar.

“Sabíamos que se podía adelantar, pero nunca de esa forma, ni siquiera teníamos el bolso preparado”

Martín recordó que “cuando ya estaba en trabajo de parto, la he llamado a mi hermana que trabaja en mi negocio para decirle que compre todo para el bebé porque no teníamos nada y como era tanta la desesperación, le digo que vaya a buscar en la farmacia porque no teníamos nada del bolso preparado porque todo ha sido desde esa mañana, sabíamos que se podía adelantar por la cesárea pero nunca pensamos que podía ser por un parto normal”.

Agregó que “no teníamos ni el brochecito para el cordón. Nosotros le habíamos comprado ropa, pero la noche anterior la habíamos puesto a lavar para extenderla ese día, pero estaba toda mojada”.

Puntualizó que “por suerte mi madre tenía bolsas de ropa en condiciones que habíamos seleccionado de mis sobrinas, eso había separado y ha terminado usando eso, aunque le quedaba grande la ropita, lo mismo las medias, no teníamos nada, era una locura el tener todo el bolso ahí, ha sido testigo mi hermana que ha sido la segunda que ha llegado, mi suegra después, mi otra hermana para comprar las cosas que necesitaba para un parto y después mi sobrina también, cuando les decía que ya había nacido, no lo podían creer”.

Las tres situaciones que ayudaron durante el parto

“Yo había presenciado el parto de mi primer hijo, porque quería acompañar a mi señora y estar en el parto, yo había visto cómo hacía el doctor aquella vez, como que al bebé lo tocaba e iba naciendo”.

Martín cuenta con naturalidad las situaciones que, tal vez, fueron claves en que pudiera asistir el parto de su hija y que terminara con un final feliz, como por ejemplo el recuerdo que se le vino a la cabeza en ese entonces del nacimiento de su primer hijo.

Además, recordó también un consejo de un médico de Fernández en un momento clave: “Cuando a mi hija se le veían los bracitos, me acordé del Dr. Rubén Grosso -ex médico de Fernández- que una vez me había dicho que los bebés son como de goma, que no tenga miedo en apretarlo un poquito, que no le hace nada. Entonces sí, ahí para sacarla al final, le he puesto la mano entre la axila y la he agarrado de la espaldita y ahí ya ha venido conmigo. Eso es algo muy hermoso”.

También destacó la presencia vía telefónica del médico de cabecera de su esposa que le respondía sus inquietudes, como cuando no sabía cómo maniobrar con el cordón umbilical y la asistencia posterior a su domicilio.


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