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Francisco reivindicó a los sindicatos y reafirmó que la propiedad privada es un “derecho secundario”

Por intermedio de un discurso grabado, el Papa se dirigió a la Organización Internacional del Trabajo.

- 22:55 Mundo

Este jueves y a través de un discurso grabado para la apertura de una Cumbre de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Francisco I reivindicó el trabajo de los sindicatos, especialmente luego de que se desencadenaran distintos inconvenientes alrededor del mundo por la pandemia del coronavirus. En este marco, resaltó que los sectores más vulnerables y pobres sufrieron dichas consecuencias en mayor medida al tiempo que recordó que se trata de “un derecho secundario”, cuando se habla de la propiedad privada.

“Siempre, junto al derecho de propiedad privada, está el más importante y anterior principio de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso”, había señalado el papa Francisco en una cita de su última encíclica Fratelli Tutti, sobre la hermandad y la amistad social. “A veces, al hablar de propiedad privada olvidamos que es un derecho secundario, que depende de este derecho primario, que es el destino universal de los bienes”, agregó, en una parte de su exposición.

En esta misma linea, resaltó la pérdida de empleo sin precedentes el año pasado producto de la pandemia y advirtió que “muchos de los trastornos previstos aún no se han manifestado”. Seguidamente, lanzó un enfático llamado a aprovechar de este momento “crucial de la historia social y económica”, para una acción común de sindicatos, empresarios y dirigentes políticos, para dejar atrás la “filosofía del descarte” y buscar “soluciones que nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas”.

“Estamos llamados a dar prioridad a nuestra respuesta hacia los trabajadores que se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo y que todavía se ven afectados por la pandemia del COVID-19: los trabajadores poco cualificados, los jornaleros, los del sector informal, los trabajadores migrantes y refugiados, los que realizan lo que se suele denominar el ‘trabajo de las tres dimensiones’: peligroso, sucio y degradante, y así podemos seguir la lista”, afirmó.

El Papa, invitó puntualmente a sindicalistas y a dirigentes de asociaciones de trabajadores “a que no se dejen encerrar en una ‘camisa de fuerza’, sino a que se enfoquen en las situaciones concretas de los barrios y de las comunidades en las que actúan y a volver a su vocación más genuina”.

Respecto de esta situación histórica que atraviesa el mundo entero, para Francisco el movimiento sindical enfrenta dos desafíos trascendentales.

“El primero es la profecía y está relacionada con la propia naturaleza de los sindicatos, su vocación más genuina”, explicó. “Los sindicatos son una expresión del perfil profético de la sociedad. Los sindicatos nacen y renacen cada vez que, como los profetas bíblicos, dan voz a los que no la tienen, denuncian a los que ‘venderían al pobre por un par de chancletas’, como dice el profeta, desnudan a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más vulnerables, defienden la causa de los extranjeros, de los últimos y de los rechazados”, subrayó.

Al mismo tiempo, advirtió del peligro de la corrupción: “Claro, cuando un sindicato se corrompe, ya esto no lo puede hacer, y se transforma en un estatus de pseudo patrones, también distanciados del pueblo”, lamentó.

Planteó luego como segundo desafío la innovación: “Los sindicatos no cumplen su función esencial de innovación social si vigilan sólo a los jubilados. Esto debe hacerse, pero es la mitad de vuestro trabajo. Su vocación es también proteger a los que todavía no tienen derechos, a los que están excluidos del trabajo y que también están excluidos de los derechos y de la democracia”, destacó.

Finalmente, el Papa consideró que para salir en mejores condiciones de la crisis actual, al margen de una correcta comprensión del trabajo, será necesario “el desarrollo de una cultura de la solidaridad, para contrastar con la cultura del descarte que esta en la raíz de la desigualdad y que aflige al mundo”.

“Para lograr este objetivo, habrá que valorar la aportación de todas aquellas culturas, como la indígena, la popular, que a menudo se consideran marginales, pero que mantienen viva la práctica de la solidaridad”, resaltó. “Cada pueblo tiene su cultura, y creo que es el momento de liberarnos definitivamente de la herencia de la Ilustración, que llevaba la palabra cultura a un cierto tipo de formación intelectual o de pertenencia social. Cada pueblo tiene su cultura y debemos asumirla como es”, concluyó.


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