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¿Soy egoísta por pensar en mí?

- 23:32 Opinión

Por Bernardo Stamateas

“Al final, yo siempre quedo último en la lista”, es la queja de muchas personas. Lo que sucede es que se confunde estima con egoísmo. Si yo me encuentro solo en una isla con una caja de manzanas y las como todas, ¿soy egoísta? Claro que no. Ahora, si hay alguien conmigo en la isla y no le convido una sola manzana, ¿soy egoísta? Por supuesto que sí.

El egoísmo es una emoción social; mientras que la autoestima consiste en valorarse a uno mismo y, como resultado, respetarse y cuidarse. Me cuido yo, para luego poder cuidar mejor al otro. Alguien con baja estima tendrá dificultad para tener en cuenta al otro, porque no se tiene en cuenta a sí mismo.

Es como cuando uno viaja en avión y le informan que, en caso de emergencia, el adulto debe colocarse la máscara de oxígeno primero, antes de colocársela al menor. ¿Por qué? Porque si le sucede algo a la persona mayor, ¿quién va a cuidar del pequeño? Lo mismo ocurre cuando hay un accidente y se cerca el perímetro.

¿Para qué se cerca el perímetro? Para “cuidar al que cuida”. Es decir, para que el socorrista o/y el médico no sufra otro accidente y sea capaz de ser útil a los accidentados. Deberíamos tener presente estas analogías cada día. Hoy más que nunca, en la situación difícil que estamos atravesando, debemos cuidarnos a nosotros primero.

Si me cuido yo, puedo cuidar mejor al otro. Pero, al hacerlo, no hay que confundir estima con egoísmo. Soy egoísta si quiero todas las máscaras de oxígeno del avión para mí. Tengo una estima sana si me amo de manera equilibrada y me valoro, me trato bien, me ayudo, me coloco en primer lugar en la lista; para luego poder compartir y ser de bendición a los demás.

Ahora, ¿qué implica disfrutar de una estima sana? Fundamentalmente que la imagen que tengo de mí mismo incluya mis fortalezas y mis debilidades. Mucha gente, sobre

todo en la infancia, aprende a poner el foco únicamente en sus puntos débiles, en lo que no hace bien; y se olvida de reconocer todo aquello que sí hace bien. Esta actitud nos conduce a sentir que no nos gusta lo que vemos y a creer que esa es nuestra verdadera forma de ser.

Para ser emocionalmente sanos, tenemos que aceptar las dos facetas que existen en cada uno de nosotros. Todos somos “luz y sombra”, pero solamente cuando reconocemos ambas cosas y decidimos enfocarnos en lo positivo (para potenciar lo negativo) nos convertimos en seres humanos equilibrados que se conocen a sí mismos.

Quien reconoce sus debilidades y no intenta esconderlas, ni se avergüenza de ellas, consigue estar en paz consigo mismo y con los demás (porque sabe que el otro también es luz y sombra). Podríamos decir que es una persona completa. Y lo que es mejor, descubre que es muchísimo más fuerte de lo que creía, ya que hay que ser valiente para ver la sombra sin huir de ella.

Te invito en este tiempo de nuevos comienzos a pensar en vos, lo cual a esta altura ya sabrás que no es un acto egoísta, para reconocerte con fortalezas y vulnerabilidades y abrazarte con amor y respeto. l

 


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