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Soy súper perfeccionista

Por Bernardo Stamateas.

- 00:28 Opinión

¿Qué le sucede a la persona perfeccionista? Por lo general, nunca termina de cerrar un tema. Siempre se enfoca en lo que le falta. “Hice esto, pero me falta esto otro”, dice. Porque siempre está mirando los metros que restan, mientras escala la montaña, para llegar a la cima. En lugar de reconocer y celebrar lo logrado hasta el momento.

Quien tiene rasgos de perfeccionismo acostumbra rumiar en el análisis de la búsqueda de la perfección. En el fondo, posee dos fantasías. Primero: “Si me equivoco, es el fin del mundo”. Es incapaz de ver el error “con guardapolvo”, es decir, como un maestro que viene a enseñarle algo. Todos nosotros aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos.

Y segundo, pero igual de importante: “Si me equivoco, no me van a querer”. El perfeccionista siente que debe mostrar una imagen perfecta para ser aceptado y valorado por los demás. Entonces permanentemente experimenta una insatisfacción frente a lo que va haciendo. Puede ser músico y brindar un gran recital o un gran concierto… pero se equivocó en una nota y siente que hizo todo mal.

Ahora, una cosa es la excelencia y otra cosa es el perfeccionismo. Todos, seamos conscientes o no, deseamos mejorar y superarnos a nosotros mismos. Tal deseo es natural y normal. El inconveniente aparece cuando perseguimos la perfección, al punto de fijarnos metas que son imposibles de alcanzar.

Retomando el ejemplo del músico, cuando pasa horas y horas ensayando, ¿es un obsesivo y perfeccionista? Depende. Si lo disfruta, lo cual tiene que ver con la pasión (como practicar un hobby), está del lado de la excelencia.

Si lo padece, lo cual tiene que ver con la exigencia, está del lado del perfeccionismo. ¿De qué lado te encontrás cuando hacés todo lo que hacés?

Recordá: el perfeccionista se queda con el árbol y pierde de vista el bosque, porque no tiene la visión clara del objetivo al que debe llegar. Entonces se concentra en el detalle. Por ejemplo, supongamos que yo tengo que pintar mi habitación. Voy a comenzar a pintar y veo que habría que lustrar el picaporte. También sería bueno encerar el piso. Y me parece que me convendría mover de lugar el televisor. Así actúa el perfeccionista que, a menudo, toma un tema y va abriendo gran cantidad de ventanas. Observa arbolito por arbolito y termina perdiéndose del objetivo (el bosque).

¿Cómo podemos salir de esta manera de funcionar tóxica que nos afecta y afecta a quienes nos rodean?

Comparto algunas ideas prácticas:

• Aceptarme tal y como soy, con luces y sombras, sabiendo que soy único e irrepetible.

• Trabajar en mí mismo para alcanzar un temperamento equilibrado. Es decir, la mejora continua.

• Caminar siempre hacia adelante, sin detenerme, superando los obstáculos y sanando lo que haga falta. Darme permiso para el error.

• Arriesgar, aunque sienta miedo, para ganar. Entender que es imposible mantener todo bajo control.

• Liberarme de las expectativas de los demás.

Cambiemos perfección por excelencia y perseveremos hasta llegar a la meta. ¡Nadie es perfecto!


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