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Los textos, las palabras, lo importante

- 01:46 Opinión

Por Francisco Viola

Médico y doctor en Psicología

Especial para EL LIBERAL

 

“Queda prohibido” de Neruda, “Instantes” de Borges, “La Marioneta” de García Márquez, las “últimas palabras de Steve Jobs”, son algunas de las obras que, aprovechando la magia de internet, circulan desde hace años. Los cuatro textos tienen dos características específicas. La primera, que apelan a lo que se debería hacer o sentir. Son como una invitación directa a vivir lo mejor que tenemos. La segunda, que ninguno de los escritores citados fueron sus autores. El primero es de Alfredo Cuervo Barrero, el segundo de Nadine Stair o a Don Herold (hay controversia en este caso), el tercero del ventrílocuo mexicano Johnny Welch y la cuarta no está identificada la autoría.

Los tres poemas y la carta apelan a la sensibilidad que está a flor de piel y para ello se basan sobre un factor humano esencial: la muerte. Algo que en esta pandemia está tan presente. Al presentarla como inminente, aparece el lamento o la exigencia sobre lo vivido y surge el mensaje sobre la necesidad de repensar la vida y lo que uno debería haber hecho para ser feliz-en el caso de Instantes, La Marioneta y la carta- y a buscar la honestidad personal en el texto atribuido a Neruda- como el camino esencial a la felicidad cuando el fin se aproxima. Esta idea también está presente en temas musicales tan conocidos como My Way o Je ne regrette rien.

Esos mensajes que, citando a García Márquez –cuando se refirió a ese texto atribuido a él- son “cursis”, tienen la particularidad que tocan alguna sensibilidad en las personas. Apelan a ideas que son universales. Ideas que estos arduos trabajadores de las palabras, de los sentidos y de las imágenes escribieron, de alguna forma y, sobre todo, de otra manera. Si, escribieron, por eso son grandes escritores de modo más refinado, más sugestivo, más elaborado. Viene a mi memoria, por ejemplo, el poema de “Los Justos” que efectivamente escribió Borges.

Entonces, ¿Por qué atribuir a esos autores lo que uno quiere decir? Porque es más fácil. Así de simple. Es más fácil poner nuestras palabras en boca de personas que aparecen como irreprochables, aunque sea en su escritura. Pensamos que así el mensaje toma el valor que deberían tener. Eso lo hacemos muchos aprovechando que son lectores, algunos los citamos literalmente, otros lo plagian aprovechando que el público no siempre es un gran lector. Otras veces, valga decirlo, para aprovecharse del ocasional lector. En estas épocas las fake news son constantes y la lucha contra ellas debe ser permanente. Pero este tema, lo trataremos en otro momento.

Volviendo a nuestro punto, creo que sería bueno que asumamos que todo ser humano tiene la capacidad de decir algo que sea lo suficientemente elocuente, adecuado y necesario para que nuestra idea, aún aquellas repetidas, toque el sentimiento en otras personas y pueda, con ello, despertar el entusiasmo que empuja a la felicidad, a la paz, a la tranquilidad. Por ello no hesitemos en intentar decir, con nuestras palabras, lo que sentimos, aunque ya esté dicho, aunque ya esté escrito y a hacernos cargo de decirlo. De este modo, seguiremos recreando ese instante fugaz en que la inspiración y el trabajo son capaces de gobernar el espíritu y producir esos pequeños cambios que transforman la utopía en horizonte y, con ello, en esperanza y en camino real.

 


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