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Actuar sin pensar: una técnica para dejar de ser impulsivo

- 01:55 Opinión

Por Bernardo Stamateas

Especial para EL LIBERAL

Muchas personas comentan: “Soy de responder rápido, soy muy impulsivo”. Vivimos inmersos en una cultura que poco ayuda al control de los impulsos. Todo lo que implica estabilidad, reflexión e introspección no está muy bien visto. Por el contrario, todo tiene que ser rápido, ahora, ya.

Si alguien va manejando y le tiran el auto encima, enseguida se baja a pelear. Si a alguien le escriben un mensaje agresivo en las redes sociales, inmediatamente responde con otra agresión. Así viven muchas personas en lo que se denomina “escalada simétrica”, donde uno se enoja y el otro se enoja aún más. Es la ley del más fuerte.

Desde la psicología, se habla de “proceso primario”. Cuando éramos niños y queríamos algo, eso era satisfecho. Así lentamente nació el “proceso secundario” donde queríamos algo y evaluábamos, pensábamos, nos hacían esperar y tomábamos una decisión. Ahora, una cosa es reaccionar y otra diferente es responder. Una cosa es ser infantil y otra es ser adulto.

La capacidad de posponer, de regular las emociones, de controlar los impulsos son indicadores de madurez emocional. A la mayoría de nosotros nos ha ocurrido que, en alguna oportunidad, reaccionamos rápido, hablamos sin pensar, actuamos impulsivamente. Y después nos arrepentimos y pensamos: “¿Por qué no esperé?”. ¿Cómo podemos lograr manejar los impulsos?

Imaginemos una piscina con trampolín. Subimos la escalera para llegar arriba y, mientras vamos subiendo, tenemos la posibilidad de volver hacia atrás; pero una vez que saltamos del trampolín, ya no hay más vuelta atrás. Solo en la escalera podemos ir hacia atrás y realizar este “análisis de cadena”. Aquí es importante entender en qué situaciones somos impulsivos y cómo no sentimos después.

Con dicho análisis, podemos identificar cuando estamos empezando a sentirnos bajo enojo. Tal vez nos duele la cabeza, o tenemos una contractura, o respiramos con dificultad, o pensamos “que el otro lo está haciendo a propósito”. Darnos cuenta del momento cuando el enojo está subiendo nos permite hacer un alto y preguntarnos: ¿qué quiero?; ¿cuál es mi objetivo?; ¿qué me conviene hacer?

Al bridarnos tiempo y realizar ese razonamiento, el enojo va a disminuir. Lo ideal es esperar 24 horas antes de reaccionar. Cuanto más sintamos la necesidad de responder, más debemos frenarlo porque muy probablemente nos equivocaremos. Si nos permitimos un tiempo para calmarnos, al estar relajados, baja el cortisol, la adrenalina, y tenemos una “visión amplificada”. Es decir, que vemos las circunstancias de otra manera.

Recordá: cuando estás subiendo la escalera e identificás que el enojo va subiendo, sin llegar todavía al impulso, hacé “tiempo afuera”: salí de la situación, da una vuelta manzana, cambiá de habitación, tomá un café, distraete con algo. Salí mental y físicamente de ese lugar y esperá unos 20 minutos antes de reaccionar. La impulsividad no es un acto de fortaleza, sino de debilidad. Solo quien es fuerte es capaz de pensar, evaluar y tomar las mejores decisiones. l

 

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