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El padre ayer y hoy

Por Alberto Tasso. A Jorge Rosenberg.

- 01:31 Opinión

Guiado por la tradición, el sentimiento y la efeméride, intentaré acercarme al tema del padre, que creía conocer. Ahora veo que no es así, y en la segunda línea percibo su profundidad y su misterio. Al igual que cada uno de nosotros y nosotras, el padre se asemeja a un iceberg, del que vemos solo una pequeña parte. Entonces, sabiendo que no las tengo todas (solo unas pocas cartas de un mazo de cuarenta barajas), anoto algo sobre las que recibí en el reparto. En reemplazo de bastos, oros y espadas, me tocaron libros, palabras y costumbres.

En la tradición judeo-cristiana el padre ocupa un lugar más importante que en otras religiones. Dios es visto como padre y está en los cielos (lo dice el Padre Nuestro) a pesar de lo cual tuvo la capacidad de engendrar un hijo en la tierra, tarea que encomendó a María, de la que nació Jesús, en Belén para más datos. Como vemos la historia que narra la Biblia es respetuosa del orden generacional padre-hijo, central en la ideología del patriarcado. Anoto al margen que el relato bíblico oculta -o niega- la paternidad de José, a quien se compensa con la santidad.

Si voy al estante de libros históricos, encuentro el lugar dominante del padre de la Patria, José de San Martín en el caso argentino, que tiene sus pares en todas las naciones americanas nacidas en los siglos XVII y XVIII.

Hoy no faltan obras sobre el padre en las librerías. Los títulos bastan para mostrar algunos enfoques actuales del tema: Vas a ser papá, Las manos de papá, El padre infiel, Padre abrumado. Hay varios otros que se están escribiendo, de los que cito El papá que se fue, en la que varios autores y autoras analizan casos de nuestra provincia.

Padre (castellano) y tata (quichua) se entremezclan en la literatura y los modos de decir desde hace siglos, dando muestra de la simbiosis cultural y de razas que Ricardo Rojas describió en Eurindia (1924), como ejemplo de un libro que necesita volver a ser leído y reescrito por una pluma nueva.

Como sabemos Santiago es un yacimiento vivo del habla quichua. El cancionero y el relato abundan en referencias al padre. En los años de la proscripción peronista Eduardo Miguel fue apoyado por estos versos: “…pero llegó Tata Eduardo / nuestro querido gobernador”. Mi memorioso amigo Jorge Rosenberg sabe la copla entera. También se llamó tata a Carlos Juárez.

La expresión “papilo” pertenece al léxico santiagueño básico que trató Elvio Haroldo Ávila en su clásico Cómo habla el santiagueño (1972), que también necesita ser reescrita de acuerdo a los cambios registrados desde entonces, que no son pocos.

En la tradición cultural americana que nos nutre desde hace no menos de diez siglos están siempre presentes los roles familiares, donde padre y madre ocupan papeles equivalentes, encarnados en figuras de la naturaleza: Tata Inti y Quilla en el cielo, Pacha Mama y Mayu Maman en tierra, junto a Orko y Pampayoj, señores del cerro y el bosque respectivamente.

Es rico el anecdotario del padre y el abuelo en la vida familiar que muchas veces se asimilan cuando el papá -muchas veces obrero golondrina o hachero- abandona la casa y el abuelo lo reemplaza cuidando de hijas y nietos.

Por último, creo que la evocación del padre hoy requiere, además del locro o el asado si son posibles, pensarlo no solo como coautor de vida sino también como compañero que podemos problematizar y discutir, como es propio de nuestro tiempo, diestro en valorar aciertos y errores. Él escribió un capítulo de la historia, a nosotros/as nos toca el siguiente.


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