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Belgrano: las ingratitudes para con él

- 08:10 Opinión

Por Antonio Castiglione. Miembro de número del Instituto Nacional Belgraniano. Presidente del Instituto Belgraniano de La Banda – Sgo. del Estero.

Hoy, domingo 20 de junio, se cumple el bicentésimo primer aniversario del fallecimiento y paso a la inmortalidad del Padre de nuestra Patria, el Gral. Manuel Belgrano.

Todos los actos de homenaje y recordatorios, invariablemente se refieren a él como  el creador de la bandera y el triunfador en Tucumán y Salta. Ello es estrictamente cierto, pero nosotros  deseamos, en este día especial, realizar un enfoque desde otro ángulo: las ingratitudes de su pueblo, su gobierno y de su Nación para con él. 

Cuando realizaba una hazaña, inmediatamente sólo recibía a cambio la ingratitud colectiva.

Permítasenos este detalle:

1.- Cuando creó la bandera, fue inmediatamente reprobado por el gobierno. Recuérdese que cuando la enarboló a orillas del río Paraná (27/02/1812), fue desautorizado por el Triunvirato, que le ordenó que “haga pasar las palabras dirigidas a su tropa como un rasgo de entusiasmo, … y que ocultara la bandera disimuladamente y la subrogara con otra que se le envía”. A la vez se le advertía que “sería la última vez que se le tolerará tamaño desorden”.

                2.- Cuando terminó la expedición al Paraguay, el gobierno consideró que la campaña de Belgrano había sido un fracaso, fue destituido del mando y convocado a Buenos Aires para ser sometido a proceso (1811). Como no se encontró prueba alguna que lo inculpara, a pesar de que intensamente se la había buscado y no había testigos que declarasen en su contra, al cabo de dos meses no quedó otra al gobierno  que mandar cerrar ese proceso y absolverlo.

                3.- Luego de vencer en la batalla de Salta, Belgrano trató a sus vencidos con generosidad y les permitió retirarse dignamente, tanto que al derrotado general español Pio Tristán no le quiso aceptar su sable. Y luego, en el Alto Perú, muchos de ellos, violando su palabra de honor y juramento, tomaron las armas en contra de Belgrano.

                4.- Luego de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, se lo separó del mando del Ejército y se le inició un proceso. Se dijo que “prestar obediencia al gobierno de aquella hora fue, quizás, el más doloroso de todos los sacrificios hechos por Belgrano en aras del bien público” (A. Moya).  

                El Gral. José M. Paz, quien sirviera en Tucumán bajo las órdenes de Belgrano, sostuvo: “la conducta del Gobierno respecto de Belgrano ha sido considerada como un gran desacierto”. Y agregó: “La separación del mando de Belgrano fue un mal que ha pagado muy caro la República; no porque  San Martín no fuera digno del reemplazo, sino porque habiéndose éste separado a los pocos meses, dejó un vacío inmenso que no pudo llenar Rondeau. Si Belgrano hubiese continuado, es seguro que nuestras armas no hubieran sufridos reveses vergonzosos y nuestros ejércitos no se hubieran desquiciado”. 

                5.- Enfermo y con una hidropesía avanzada, el 11/11/1819 ocurrió un conato militar en Tucumán. El jefe sublevado, Cap. Abraham González, se dirigió adonde Belgrano estaba alojado a efectos de arrestarlo y colocarle grilletes en sus piernas, que tan hinchadas estaban por su enfermedad que no toleraban siquiera el roce de la ropa. El médico de Belgrano impidió que cometieran semejante ofensa y acto de desprecio.

El desgraciado general, después de las humillaciones sufridas a consecuencia de ese motín,  se sentía morir de una profunda melancolía. Abandonado de todos y reducido a una estrecha pobreza, sólo le visitaban dos o tres amigos, no más, quienes generosamente le adelantaron algunos fondos, para llenar sus más urgentes necesidades. Cierta tarde, le dijo a un amigo: “yo quería a Tucumán como la tierra de mi nacimiento, pero han sido aquí tan ingratos conmigo, que he determinado irme a morir a Buenos  Aires, pues mi enfermedad se agrava cada día más” (Mitre).

                6.- En enero de 1820, Belgrano solicitó una ayuda al gobernador tucumano Aráoz para poder  regresar a Buenos Aires, y éste se la negó argumentando que “en las arcas sólo había 5 reales”.

7.- El hombre que había donado 40.000 pesos para construir cuatro escuelas (en Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy y Tarija), y a quien se le debían muchos meses de sueldos de jefe del Ejército, debió pedir a su amigo José C. Balbín la suma de 400 pesos para poder regresar a su casa.  Y ya en ella, cuando Balbín lo visitó, nuestro prócer le confesó que no tenía para devolverle.

8.- En su camino de regreso a Buenos Aires, nuestro General sufrió desaires y no encontró la menor muestra de simpática hospitalidad. Tanto que cierto día al anochecer, al llegar a una posta cordobesa, y luego de haber sido colocado por sus ayudantes en una cama (por su hidropesía), pidió al suboficial Helguera  que por favor llamase al maestro de posta pues deseaba hablar con él. Y éste,  con sarcástica insolencia, le contestó: -“Dígale  Ud. al Gral. Belgrano que, si quiere hablar conmigo, venga él a mi cuarto, que hay igual distancia”.

9.- Belgrano murió en un estado de pobreza que le impedía pagar los honorarios de su médico, el Dr. Redhead, cuando padeció la última enfermedad, a tal punto que en señal de agradecimiento, le entregó su reloj de oro en pago.

10.- Cuando falleció, prácticamente nadie se enteró.

11.- La indiferencia pública con que se lo trató post mortem en Buenos Aires, se reflejó en el hecho de que durante un año (desde junio de 1820 a julio de 1821) la gente pasó por encima de la losa bajo la cual estaba sepultado en la iglesia de Santo Domingo, sin saber que él estaba allí. Fue recién el 29 de julio de 1821, que el gobierno de Buenos Aires hizo celebrar unas honras y un funeral solemne en la Catedral Metropolitana.

Quizás quien mejor denuncie la ingratitud a que hacemos referencia, sea Ricardo Rojas, en su  conferencia el 18/6/1920, en el Colegio Nacional de Bs. As., en oportunidad de las honras tributadas al cumplirse los cien años del fallecimiento: “Esta apoteosis de Belgrano nada significaría en mis labios, si ella no implicara para los argentinos de hoy un acto de arrepentimiento. Porque yo no conozco manera más justa de glorificar después de la muerte a este varón insigne, como lo es la de recordar la injusticia con que sus compatriotas lo trataron. Cuando su cuerpo realizaba la hazaña, sólo recibía, a cambio de ella, la ingratitud colectiva. Por eso he venido a esta cátedra, no para hacer de tan alta gloria motivo de esparcimiento académico, sino para hablaros de la grandeza civil de Belgrano, de la lección que su vida y su muerte son todavía para nosotros, por aquella íntima angustia conque retribuyeron sus servicios gobiernos y muchedumbres entregados, con bárbaro regocijo, a las primeras orgías de la libertad”.

La gloria de Belgrano comenzó después de su muerte.


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