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Profunda consternación causo la noticia de la desaparición física de Héctor Emilio Godoy, particularmente en la comunidad universitaria de la Unse

Por el Dr. Francisco E. Viano.

- 01:19 Opinión

Don Emilio, como habitual y cariñosamente lo llamaban quienes lo conocían, se crio en un hogar humilde en donde aprendió desde niño las virtudes esenciales que luego forjaron su vida. Hombre de profunda fe cristiana y militancia católica.

En la Universidad, su querida segunda casa Unse, es donde toma dimensión y se acrecienta su figura, trabajando prolíficamente durante años, alternando entre el rectorado y la Facultad de Humanidades. Esta última precisamente, lo distinguió en vida poniéndole su nombre al hall de entrada de la Facultad. Distinción académica, de la cual no se tenga conocimiento tratándose de personal no docente.

Hombre cabal, respetuoso, humilde, educado, amable y servicial, entre tantas virtudes que exhibía. Su inconfundible sonrisa, se erigía en una postal del hall, para todos los alumnos, docentes y compañeros de trabajo, que acudían a don Emilio por cualquier circunstancia.

Recibían sistemáticamente el consejo y asesoramiento eficaz, oportuno y solidario.

Conocí a don Emilio en la Agrupación de Ciclismo Unse, la cual fundara junto a otros y de la que fue su histórico líder y conductor, denominación ésta ganada por prestigio entre los cientos de ciclistas que transitamos por sus filas. En esta disciplina, una de sus grandes pasiones, hacía docencia acompañando y enseñando a los jóvenes que se iniciaban a rodar en pelotón y todos los demás secretos de la bicicleta. Recuerden, nos advertía en reiteradas oportunidades, que llevan en su pecho la casaca de la Unse, instando con ello al buen comportamiento y decoro de todo el grupo de pedalistas. Por esto y demás razones, me atrevo a inferir que don Emilio era un no docente que paradójicamente siempre hacía docencia y de la más alta excelencia, en cada uno de los actos de su vida. Una especie de institución, dentro de otra institución.

Me distinguió con la responsabilidad de que lo atendiera como médico, por lo que conocía sobre algunas dolencias, que finalmente fueron deteriorando su salud. Su familia, con toda seguridad puede sentirse muy orgullosa, por la calidad humana, ética y moral de su Jefe, dejándoles ese gran legado. Hasta siempre don Emilio, querido líder y conductor.


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