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Sobre “penes de madera”

- 12:34 Opinión

Por Francisco Viola. Médico y doctor en Psicología.


A veces es difícil comprender las cosas si uno se queda con el título o con las ideas previas que uno tiene. Partamos de una evidencia: la educación sexual integral (ESI) en la República Argentina está establecida por una ley Nacional, sancionada y promulgada en el año 2006, la ley 26150, que valga decirlo, la considero un lujo. En su primer artículo esta ley que crea el programa nacional de Educación sexual integral reza: “Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal. A los efectos de esta ley, entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”. Simple, claro, contundente. Luego, obvio, como pasa con tantas leyes: objeciones, chicanas, formas de no hacerla cumplir y discusiones con fundamentos variopintos pero que no llegan al nudo: explicar porque la educación sexual integral no debería darse.

La educación sexual integral es una necesidad obvia, porque es educación y porque implica el ofrecer conocimiento adecuado y correcto, desarrollar habilidades para la vida (según la definición de la Organización Mundial de la Salud) y fomentar el desarrollo de los valores considerados marco en nuestro país: los derechos humanos. Busca no sólo eso, sino hacer frente a problemas concretos que afectan a las personas. Oponerse a la educación sexual integral no parece tener otros fundamentos que cierta desidia por el futuro, la incapacidad para visualizar el presente y la ingenuidad de creer que los ejemplos puntuales –sacados de contextos y lejos de lo que plantea la ley- es lo que genera daño, no viendo el daño que hace la falta de una educación sexual integral.

Ahora bien, desde que se creó el programa de Educación Sexual Integral ha habido un esfuerzo sistemático por fortalecer estrategias educativas, desarrollar materiales acordes, generar capacitaciones específicas, entre otras cosas, con el fin implementar la ESI en todo el país. El programa, que se ha enfrentado a muchos contratiempos generados por incomprensibles argumentaciones, sesgados ejemplos y otras cuestiones generales, no ha disminuido su esfuerzo sostenido para su objetivo. Para ello, muchas personas han trabajo para generar propuestas educativas concretas, materiales de gran calidad, una divulgación con los recursos posibles y canales y compromisos para intentar que la ESI sea una realidad. Si, al mismo tiempo, pueden existir errores, como la vida misma, por culpa de personas que, con diferentes intenciones, han propiciado actividades que no siempre han sido las adecuadas. Sobre todo, paradójicamente, por no seguir con más decisión las políticas e indicaciones formuladas por el programa en cuestión.

Mientras esto ha pasado, la salud sexual se ha enfrentado a diferentes problemas. Cito tres que tienen un cierto apremio: el aumento de algunos indicadores relacionados con el aumento de las ITS (infecciones de trasmisión sexual), el, siempre lamentable, embarazo adolescente y la violencia de género, particularmente en las relaciones que surgen entre los jóvenes escolarizados. Frente a ello, actuar es una obligación definida por una ideología clara: la salud es un derecho que no se puede obviar intencionalmente.

Frente a eso se toman las medidas que se consideran necesarias. En esta ocasión lo que llama la atención a ciertas personas fue por una licitación para compra de material dentro del contexto del programa y de sus proyectos. Nuevamente se utiliza un detalle sin pensar en el todo. Es decir, criticar o alarmarse sin querer tomar conciencia del hecho educativo completo. Detenerse en aquello que nos alarma y obviar lo que necesitamos. Negar el conocimiento que motiva medidas y restringirse a chistes básicos o a opiniones altamente emocionales. La educación, lo sabemos no es eso

En la vida aprendemos que cuando se piensa sin considerar ni contexto, ni realidad, ni lo específico, es porque estamos haciendo un razonamiento que obvia la complejidad en el sentido que Edgar Morin la define con su famosa teoría de la complejidad. Justamente, el autor centenario francés, hace unos días, hablaba de las tres lecciones que surgen de la complejidad: 1- resistir a toda dominación, 2- tomar consciencia de la complejidad humana y 3- vivir poéticamente, pues con amor. No hay forma de lograr esto sin una educación sexual integral como la que viene promocionando, a partir de esta ley que, insisto, es necesario leerla antes de oponerse y usarla para proponer. Porque proponer es lo que nos hará ser mejores.


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