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Notas sobre la indecencia

Por Francisco Viola. Médico y doctor en Psicología

- 06:59 Opinión

La palabra decencia es muy buena. Implica la decisión personal de ser como uno es (honestidad), utilizar lo que le queda mejor y es más adecuado a lo que considera (recato) y ser cauto con sus manifestaciones en pos de expresar inteligencia (modestia). Hasta aquí, es algo excelente, necesario y responsable. El problema, como la mayoría de las veces, es cuando queremos imponer nuestra idea de decencia a los demás y pretendemos que haya una sola forma de medirla. Allí, definitivamente caemos en la imbecilidad, de mínima, y en las tiranías como máximo. Todo con consecuencias nefastas para algunos (sobre todo algunas) o para todos, sobre todo, todas. Pero lo sabemos, la discriminación no reconoce límites cuando el poder quiere.

Dado a trazar una línea que separe lo que la “in” debería incluir me atrevo a trazarla del lado donde pasan los delitos contra las personas y contra la población y nunca jamás en lo que incluya el baile, la piel, la vestimenta y los comportamientos libres y consentidos. Es decir, creo que antes de preocuparnos sobre un baile sensual, un vestido corto, una piel mostrada, un gesto que yo uno considera “provocativo” o cualquier movimiento o comportamiento púbico que pretenda cautivar a su interlocutor o interlocutora, antes que un gesto de cariño de quien sea con alguien que lo acepte, hay un listado más grande de problemas reales y que, por lejos, son completamente indecentes. De esos nos deberíamos ocuparnos antes de “tontear” con las otras cosas.

Así, la violencia contra la mujer, los abusos sexuales, las violaciones, los acosos, las mentiras de los poderosos, el avasallamiento de los derechos de cualquiera, la falta de educación sexual, el machismo permitido, el lujo innecesario de los políticos y la aceptación que es adecuada, el nombre de “honorable” por decreto y no por construcción, la ironía de los incapaces que son jefes, la tragedia de las negligencias, las filas de cualquier tipo donde los ancianos deben suplicar sus propios derechos, la corrupción (causa número uno de la violación de los DD.HH. en democracia), el sexismo hostil y el benevolente, el ultraje a la diversidad, el menosprecio de lo que es diferente, el negar las posibilidades de construir futuro, al hipotecar el presente por desidia política y, un largo etcétera. Todo eso son las in-decencias que deben ocupar nuestra atención y orientar nuestras elecciones, quizás.

Definitivamente no puedo aceptar que la indecencia tenga algo que ver con la decisión personal y convencida de hacer algo, mientras no sea el uso de la violencia o que niegue el consentimiento de nadie.

O sea, nunca jamás tiene que ver con la humana posibilidad de deleitarnos, compartir, intimar o disfrutar. Jamás de los jamases puedo aceptar que el baile sea indecente, aunque alguno pueda no gustarme. Sugiero, enfáticamente, que debemos aceptar que la indecencia sea algo que justifique de cualquier modo al machismo, porque este es donde crece la violencia que más inhumano nos hace, la que ejercemos contra el que es diferente por serlo. Seamos todo lo decente que nos debemos para seguir siendo más humanos cada día, que es el verdadero camino hacia el desarrollo que nos merecemos. l


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