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Siento que no puedo perdonar

Por Bernardo Stamateas.

- 03:23 Opinión

M ucha gente que ha sido lastimada comenta que no puede perdonar a quien los ofendió. Pero comencemos por determinar qué es el perdón…

Perdonar no es sinónimo de olvidar ni minimizar la ofensa. Tampoco es una actitud propia de una persona débil, como algunos creen. Todos, en mayor o menor medida, somos heridos en algún momento de diversas maneras, incluso por quienes ni siquiera son conscientes de lo que nos han causado.

Pero, sea cual fuera la herida, el perdón siempre es igual. Podríamos comparar a aquel que nos lastimó con alguien que irrumpe en nuestro hogar sin nuestro permiso y se instala en una habitación. El rencor que uno siente por lo ocurrido es lo que mantiene allí a nuestro ofensor. Esto significa que la persona que nos causó una herida ayer nos sigue lastimando hoy.

¿Sabías que el término perdonar en griego quiere decir “soltar”? De algún modo, cuando uno decide perdonar está soltando a un prisionero. Y, de pronto, nos damos cuenta de que también nos liberamos a nosotros mismos.

En resumen, perdonar es anunciarle al otro: “Me lastimaste una vez; no voy a dejar que continúes haciéndolo”. Ahora, ¿por qué muchas veces quedamos atados en el rencor? Esto suele suceder en situaciones muy dolorosas que nos anclan a esta emoción. En realidad, la ira contra uno mismo y contra el ofensor es una forma de no enfrentar el dolor. Entonces, inconscientemente, nos quedamos a vivir en una actitud de impotencia por no animarnos a transitar eso que seguimos sintiendo. Por eso, lo que debemos tener presente es que el perdón no es una emoción, sino una decisión. Uno “decide” perdonar, aunque no lo sienta, y esta acción posee efectos psicológicos altamente positivos, ya que nos libera del pasado y nos permite disfrutar de un presente y un futuro en paz.

Así, podemos definir perdonar como: renunciar al derecho de venganza por lo que me hicieron y soltar no solo a la persona, sino además el hecho y el dolor que este nos produjo. Pero la realidad es que, aun cuando haya perdón, no siempre hay reconciliación.

¿Por qué hacemos hincapié en el hecho de ser libres del rencor? Porque esta emoción tóxica es como un veneno en nuestra sangre que nos provoca mucho estrés, dado que uno vuelve a recordar lo sucedido y, a la vez, pisa el freno para no expresar lo que siente.

Ser capaz de perdonar es tanto un acto como un proceso. Es un acto voluntario que, de ninguna manera, invalida las emociones negativas que se van gastando con el tiempo. A veces, perdonamos por lo que le han hecho a un ser querido; y, en ocasiones, necesitamos perdonar no a una persona, sino a una institución, un grupo o un país.

Por todo lo expuesto, podemos concluir que, sin duda, vale la pena tomar la decisión de perdonar. Pero debemos ser conscientes de que, algunas veces esto surgirá naturalmente y, otras veces, nos resultará más difícil.

Lo cierto es que, cuando el perdón se produce, le damos un cierre al vínculo tóxico y podemos construir hacia adelante. l


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