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Impacto ambiental de la menstruación: el tabú que alcanza a los residuos que menstruar produce

Por Lic. Mariana Romano y Lic. Daniela Guberman.

- 17:25 Opinión

En los últimos años la demanda por la cuestión ambiental se volvió central en la agenda de la juventud al mismo tiempo que romper el tabú sobre la menstruación se tornó en una demanda a visibilizar por parte de la agenda de los feminismos en nuestro país. Es en este eje que ambas luchas coinciden: romper con los tabúes y poner en palabras aquello que antes no había sido tenido en cuenta.

La menstruación además de un costo económico tiene un costo ambiental y, si bien en un determinado tiempo histórico el poder acceder a productos de gestión menstrual descartables realizados a base de plásticos fue un beneficio para las personas menstruantes ya que aportaba mayor versatilidad y comodidad, hoy en día las cifras sobre el impacto que producen estos tipos de desechos no reutilizables nos convoca a pensar en clave de sostenibilidad y de mitigación ambiental como factor deseable y necesario a la hora de gestionar la menstruación.

Es muy poco lo que nos han enseñado y educado sobre menstruación debido a la imposición del tabú dónde menstruar es algo "vergonzoso" y se nos exigió por décadas cargar con el mandato de hacer todos los esfuerzos posibles en ocultarla.

Bajo este paradigma era totalmente impensado reflexionar informadamente acerca del impacto que estos productos (toallas sanitarias y tampones) tienen en los ecosistemas y en el ambiente en general.

¿A dónde van a parar las toallitas descartables o tampones que utilizamos por un periodo no mayor a 4 hs/8 hs? Algunas estimaciones nos dicen que en el transcurso de la vida, una persona que menstrúa usará entre 5 y 15 mil toallitas o tampones, los cuales terminarán en la basura como residuos plásticos que no tienen tratamiento y que permanecerán en el ambiente por más de 500 años. Según la encuesta anual de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires sólo el 25% de las personas encuestadas reconocieron usar métodos reutilizables, y del 75% que se inclina por los descartables y manifestaron desechar entre 4 o 5 productos al día, lo que equivale a unos 22 productos en los cinco días que dura aproximadamente el sangrado, y unos 286 productos por año (en un total de 13 ciclos).

Estas preocupaciones son un claro ejemplo del nexo entre ambientalismo y feminismo, dos corrientes que han ocupado un lugar secundario históricamente y que ahora emergen con total prioridad en la agenda política y, en especial, de la juventud.

Estos planteos nos llevan a considerar nuestras prácticas cotidianas de manera multiescalar. El impacto ambiental de hábitos que consideramos a escala micro, como el uso sistemático de toallitas, tampones descartables conlleva consecuencias ambientales que se visibilizan a mayor escala.

Es importante comprender que la menstruación en sí no representa una causa de contaminación, sino los productos que se utilizan para su gestión y, puntualmente, el proceso de producción y la forma de desecharlos.

Los productos descartables conllevan una doble problemática: están compuestos de plásticos y compuestos químicos tóxicos para el ambiente y, por otro lado, su degradación puede tardar hasta cinco siglos.

La elección de un producto sanitario adecuado es una decisión que involucra múltiples factores que contemplan disponibilidad y acceso a los productos y a agua potable, acceso a información confiable y segura, variables climáticas y culturales, además de preferencias personales.

En este sentido observamos que actualmente es una preocupación de las nuevas generaciones no solo la capacidad que tenga el producto de absorber la sangre menstrual sino con qué componentes está hecho y si es amigable con el ambiente por lo cual aquellos elementos reutilizables como las copas menstruales y las toallitas y bombachas absorbentes van ganando espacio sobre aquellos que producen deshechos no tratables.

En esta línea, la incorporación de estas cuestiones en los debates escolares, en el marco de la enseñanza de problemáticas ambientales y de promoción de hábitos de consumo sustentables resulta un desafío clave.

Asimismo, nos lleva a cuestionarnos: ¿existen diferenciales regionales en el uso de los elementos de gestión menstrual? ¿Cómo varía según el contexto que habitamos? ¿Cuáles son las prácticas en otros entornos que no sean el urbano? ¿Cómo es el acceso a los productos de gestión menstrual? ¿Varía según la edad de la persona menstruante?

Pensar el vínculo en como accedemos a estos productos ya sea por la importancia de contar con información adecuada y los recursos económicos ya que la menstruación es un factor de desigualdad porque tiene un costo que no podemos evitar refuerza la necesidad de profundizar las políticas públicas que promuevan el acceso, promoción y distribución de productos sostenibles a lo largo y ancho del país.


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