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BODA NEGRA (Dark spell) (2021)

Por Heraldo Pastor - De obsesiones y peligrosos amarres-

- 16:08 Opinión

Svyatoslav Podgaevskiy es un joven director ruso que tiene una vasta experiencia en terror. Sus películas son obras más bien pochocleras, por lo general no muy bien recibidas por la crítica. Es curioso, además, ver que en las historias predominan las heroínas sufridas, o bien, las parejas en desgracia: "Queen of spades: the dark rite" (2015, estrenada en nuestro país como “Reflejos siniestros”), "Nevesta" (a.k.a. "La novia”, 2017), "Rusalka: Ozero myortvykh" (aka: "La sirena: La leyenda jamás contada", 2018) y "Baba Yaga: Terror of the Dark Forest" (2019). En el 2021 también presentó una serie, "The Kitchenblock", con la que recién parece haberse aburrido de sus propias "obsesiones" e inclinarse hacia el vampirismo en un campamento adolescente.

Es posible que esas recurrencias en Podgaevskiy estén revelando un interés por la perspectiva de género. Zhenya, la protagonista de "Dark spell", encuentra a Kirill, el padre de su bebé, Polina, engañándola con otra mujer. En un par de secuencias, conocemos que él es un hombre que no está hecho para los compromisos. "Me sofocas. ¿Crees que te pertenezco porque te dejé embarazada?", dice como toda explicación por la infidelidad. Por su parte, ella está dispuesta a humillarse con tal de mantener la pareja: "No quiero que Polina crezca sin padre" es una de las frases con que justifica su insistencia en una relación que no tiene futuro. "Cualquiera se puede equivocar" es otra frase con la que traduce su intención de ignorar dicha infidelidad. Kirill pide libertad, pero en realidad Zhenya es la que está atada.

La directora argentina Tamae Garateguy también estrenó el año pasado una película con un planteamiento similar, “El amarre”, en la que otra joven, Julieta (nombre icónico en el ámbito de sufridas enamoradas), recurre a los hechizos para "atar" a un muchacho por el que se siente atraída y no es correspondida. Igualmente en este caso la desgracia de la protagonista es que ella misma ya estaba atada a una relación tóxica antes de que apelara a recursos oscuros.

El realizador ruso va directamente al grano, premisa básica del espectáculo de consumo fácil. En el minuto ocho, ya la protagonista está entrando en la casa de una especie de bruja, a quien recurre por un "hechizo de amor" para que Kirill esté con ella para siempre. Y ya sabemos que en género de terror los deseos no salen como uno espera (baste recordar como ejemplo el cuento clásico “La pata de mono”, de W. W. Jacobs). Y menos, pedir el auxilio de entes sobrenaturales que no perdonan fallas. Para narrar esto, Podgaevskiy recurre a todo el arsenal de lugares comunes que le ofrecía el género: sustos, música melodramática, elementos macabros, algo de violencia y referencias al ritual y mitología católicas, que tanto seducen a los realizadores de terror; pero todo es muy de manual, de cierta ingenuidad, previsible y, por lo tanto, de escasa efectividad. Para mí, lo más perturbador fue el llanto de la bebé y pensar que hayan podido hacerla llorar (o, peor, dejarla que llore) para darle dramatismo a una escena. Es, en suma, un espectáculo que conformará a quienes se acerquen sin demasiadas pretensiones.

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