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Claves del pensamiento corporal

- 12:52 Opinión

Por Susana Kesselman. Psicóloga social.

1- Introducción


Inspirada en "El Goce Estético en Arte de Curar", libro en el que el doctor Hernán Kesselman considera que las personas, para sobrevivir, han desarrollado sus propias defensas, saberes a fin de adaptarse activamente a la realidad además de crear una cintura psicológica que las ayuda a hacer circular la vida para oponerse al deterioro cotidiano, generando sus anticuerpos.

Por mi parte he llevado estos conceptos a mi trabajo con las variadas terapias corporales. Es en estas disciplinas donde investigo las conductas de las personas a través de sus movimientos, de sus expresiones, de sus variados modos de sentir, de afectarse, de sensibilizarse, de comportarse corporalmente.

2- Ponerle nombre a algunos estados corporales



Si registrás lo que acontece en el cotidiano vivir de tu cuerpo advertís que a veces no encontrás las palabras que le pongan nombre a tus estados, en especial si querés abarcar la multiplicidad de sensaciones, de micropercepciones que albergan. Aquí algunos conceptos:

Sensoriar - Sentir

Sentir se usa tanto referido a sensaciones como a emociones. Si utilizáramos sensoriar para las sensaciones, podríamos dejar libre sentir para las emociones, de modo tal que si alguien nos preguntara "¿Qué sentís?" sabríamos que está aludiendo a nuestras emociones y no responderíamos "Calor", por ejemplo.

Y si nos preguntaran "¿Qué sensoriás?" bucearíamos en nuestro mundo sensorial. El verbo percibir es poco sensible para indagar las sensaciones, pero también vale y está en el diccionario.

Corporizar - Somatizar

En mi libro "El Pensamiento Corporal", donde profundizo estos conceptos, distingo corporizar de somatizar. Allí digo que la sensación que no se registra, que no se corporiza, se somatiza. Si una/o no registra el frío, no se abrigará y probablemente tendrá un catarro; si no se da cuenta del cansancio, no descansará y correrá el riesgo de enfermarse.

Con estos ejemplos sencillos de la vida diaria quiero afirmar lo imperiosa que es la sensación para conducirnos a pensamientos y a acciones adecuadas, cuando no sólo se la registra, sino también se la valora como fuente de información y, por consiguiente, de acción.

Inteligencia Sensorial - Inteligencia Emocional

La emoción ha sido desde siempre “lo que hay que dejar de lado para que la cosa funcione”, cualquiera sea la cosa de la cual se trate. La emoción y sus sucedáneos -afectos, sentimientos, pasiones- siempre han "embarrado la cancha" para las pretensiones de lograr que la conclusión del observador sea objetiva, neutral, científica.

Por tal razón, el concepto de inteligencia emocional ha tenido tanto éxito en el ámbito educacional, empresarial, artístico, terapéutico, convirtiéndose en la reivindicación de un tipo de inteligencia que el racionalismo salvaje había devaluado.

La inteligencia sensorial, a veces menospreciada, revela los variados estados que experimentamos, ya sean desapacibles o placenteros. Es una inteligencia alimentada por sensaciones, por un saber sensible que posibilita conexiones entre modos de hacer, de sentir, de pensar.

3- Daño en el Tono Vital



Sensibilidad Delegada - Sensibilidad Relegada

Vos y yo crecimos confiando en la existencia de un Estado protector, en mecanismos sociales que protegerían nuestro derecho a una vida digna, a la salud, a la educación, a la vivienda, a un medioambiente sin riesgos, a una justicia igualitaria.

Aprendimos que era bueno encomendarnos a las instituciones sociales y no ejercer la ley de la selva, el ojo por ojo, la venganza por mano propia, el gatillo fácil. Nuestra sensibilidad podía descansar del propio cuidado. Michel Foucault nos decía que durante siglos el cuidado de sí mismo significó para el gobernante el cuidado de los otros, ¿por qué dudar? Alguna autoridad reaccionará, algún organismo nos defenderá.

Fuimos cediendo encarnadura, delegando la sensibilidad en instituciones que ignorábamos cuán deshumanizadas estaban. Se generó así en nosotros, poco a poco, una máquina de inmovilización y desmovilización. ¿Para qué movernos si no obtendríamos respuestas a nuestras necesidades? ¿Para qué registrar las necesidades? ¿Para qué nos sirve ser sensibles? Los mortíferos para qué.

La cosa comienza a rodar cuando experimentás a la sensibilidad más como molestia que como fuente de vida, cuando reaccionás ante algo que te parece injusto y te juzgan susceptible, paranoico. Las distonías son efectos de una cultura que produce una manera de sensoriar y después la juzga como patológica. Y así te llegan nuevos "para qué" y empezás a filtrar lo que te incomoda en lugar de utilizar la incomodidad como disparador de una conducta para un cambio.

Chau inteligencia sensorial. Los filtros se te instalan (o te los instalás) y te muestran un camino distorsionado. Quedás filtrado, porque los filtros no sólo cuelan sensaciones insoportables, producen desgano sensorial para nuevas experiencias.

Esta máquina se construye en la complejidad de un fenómeno de insensibilización progresiva -y que está en la raíz del Daño en el Tono Vital- forma el Daño Psicológico. No vibrás. Nuestro sistema nervioso está herido. ¿Cómo reaccionar ante un daño que no percibís como tal?

El Daño en el Tono Vital es una herida en la sensibilidad, en la capacidad de ser afectados y de despertar conductas acordes. Del mismo modo que los receptores auditivos no registran los ruidos que los exceden y se van ensordeciendo, así las situaciones que deberían escandalizar y mover a acciones solidarias, se naturalizan.

Lo normal: Un médico o un paciente nos deja colgados; por un accidente laboral perdemos un contrato de trabajo y nos quitan el seguro médico; los trenes desvencijados ponen la vida en peligro; la gente revuelve en la basura para encontrar alimento; los chicos se fuman la vida con el paco; los jóvenes mueren por portación de cara. Nos vemos vivir así.

Tal vez estos no sean buenos ejemplos para enunciar lo imperceptible, aunque sí lo que se ha naturalizado y, en ese sentido ha silenciado el clic de la sensibilidad.

El Estrés del Tono

Denomino Estrés del Tono a la dificultad para registrar y reaccionar a los pequeños maltratos en la sensibilidad. Los grandes maltratos son más fáciles de detectar, los pequeños suelen pasar inadvertidos y por eso son peligrosos, enferman. Los ejemplos que di más arriba los vivimos quizá como maltratos a los que lo sufren, pobres ellos, pero no es fácil sentirlos en carne propia cuando no te pasan a vos.

El cuidado por uno mismo que no tiene en cuenta el cuidado del otro termina convirtiéndose en una salvación individualista opuesta a la salvación solidaria. Sálvese quien pueda, en contraposición a Nos salvamos todos o no se salva nadie.

Todos somos Portadores

Los efectos del Daño en el Tono Vital se manifiestan como estados de desvigor, de impotencia, de tristeza existencial, de soledad, donde se experimenta que la vida no circula, pero también en estados de agresividad, de irritación, de bronca, que no encuentran canales para expresarse.

Pequeñas y constantes renuncias al ejercicio de la confianza, de la dignidad. Conductas que se adjudican al carácter, a la suerte, a la genética, al estrés. Nadie está exento de infectarse. Todos somos portadores del silencio, de la contaminación en las maneras de sentir y sensoriar: lo que hay que sentir, lo que no hay que sentir.

Cada persona puede contribuir al Daño del Tono Vital con acciones diversas: conductas con ánimo de cuidado y en nombre de valores altruistas pero que enmalezan la vida; chantajes afectivos que nos hacen o que hacemos; la protección, los cuidados excesivos que inmovilizan a otras personas, que producen miedo; el callar una respuesta; la desconsideración del tiempo de las personas; el ejercicio de poder en la vida familiar, entre amigos, en la vida profesional.

La energía necesaria para producir una respuesta vital es orientada -las técnicas corporales adaptadas a los modelos culturales vigentes contribuyen a ello- más a la descarga muscular que a la elaboración creativa, más a la sedación, a la relajación, que a la multiplicación de recursos para el entusiasmo.

Del Tono Personal a la Tonicidad Grupal

Con el incremento de la indefensión social las heridas en la sensibilidad se hicieron más visibles, más audibles. Observamos que los muros que aislaban el dolor individual se van levantando y se generan movimientos grupales en defensa de la vida. Nos habían vendido que la tonicidad era un tema del músculo pero descubrimos que existe una tonicidad grupal, un contagio positivo del tono, que produce un nuevo umbral perceptivo a través de agrupamientos, redes solidarias, responsabilidades colectivas. Por lógica, el agruparse, el compartir, ayuda a que la vida se torne vida. La inteligencia sensorial nos exige mantener en actividad a nuestros receptores, a nuestro potencial sensible, suministro de la Biopotencia.

gentes de salud y nos deslizamos junto a otros trabajadores sociales que aportan a la Biopolítica, al Biopoder, a la Biopotencia. Es cuestión de surfear en esas aguas.


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