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El pensamiento presente de San Martín

Por CLEMENTE DI LULLO

- 10:54 Opinión

Por CLEMENTE
DI LULLO

Por CLEMENTE DI LULLO - PROFESOR - PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL SANMARTINIANA DE SANTIAGO DEL ESTERO - CAPITAL

Hoy se cumplen 172 años del fallecimiento del General José de San Martín, el prócer mayor de la América del Sur, Libertador de Argentina, Chile y Perú. El hombre que de la nada supo organizar, con empeño, sacrificio y sin desmayo, un ejército profesional, disciplinado en el esfuerzo, con el que realizó el cruce de la Cordillera de los Andes, la más alta del mundo para legar a los pueblos americanos la independencia política y, sobre todo, iniciar a sus habitantes en el camino del verdadero sacrificio, que bien ejecutado, hace apreciar mejor la dignidad conseguida.

Seguramente, a las 15 horas, en todas las plazas públicas principales del país se rendirá tributo de honor por parte de autoridades y pueblo; se depositarán ofrendas florales y se escucharán elaborados discursos.

Pero esto es simple protocolo, que se cumple hoy con poca atención y casi con apuro. Por lo tanto, no alcanza, no es suficiente para recordar la trascendencia de la humanidad enorme del gran americano.

La Campaña Libertadora de los pueblos sudamericanos engrandece su prestigio de militar y estratega pero lo que, realmente, sostiene su enorme aureola histórica, es su acción como persona, mejor dicho como ciudadano responsable de sus deberes en defensa de la libertad, la educación, el trabajo y el progreso de los habitantes del suelo patrio.

Desde las Asociaciones Culturales Sanmartinianas hace largo rato que venimos bregando por mantener vivo el pensamiento altruista y el corazón noble que distingue el espíritu del General San Martín.

Buscamos con pasión que se hagan presentes en los ámbitos escolares los valores humanos, éticos y morales que enseñó en su vida. Esta tarea nos resulta importante e imprescindible cuando comprobamos a diario una tendencia a separar los ejemplos morales, cívicos y patriotas del Libertador de América de los ámbitos institucionales y de formación ciudadana. Queremos que nuestros niños tengan en la conducta del prócer un espejo donde mirarse, una escuela de vida sin tacha y sin dobleces.

Lamentablemente, como en otros órdenes de la vida, pareciera ser que la luz brillante de su espíritu puro no interesa mucho a las clases dirigenciales (políticas, educativas y culturales). O es tan clara y transparente su vida que los sobrecoge la imposibilidad de imitarlo. Un mismo escozor pareciera atravesar la mente de dirigentes sindicales, empresariales. Pero estamos convencidos que intentarlo vale la pena y no es tan difícil aplicar su ejemplo. Se trata de vivir para el servicio y en servicio del bien de los demás. Su vida es una invitación que no se puede olvidar si realmente queremos construir un futuro donde la libertad, la educación, la salud, la seguridad, la solidaridad, sean garantizadas a todos los habitantes del país por gobernantes probos, que hagan del servicio el sentido de vida que permita la perfecta relación entre espíritu y conciencia.

San Martín simboliza lo que todo argentino cabal debe hacer durante su permanencia en este mundo. El servicio total y desinteresado fue el sentido de vida. Huía de toda ceremonia de homenaje pues consideraba que había hecho lo que correspondía hacer, nada extraordinario. No le gustaba la exageración de sus acciones y palabras. San Martín no buscaba el poder por el poder mismo. Solo lo aceptó una vez, cuando en Perú, ejerció la Presidencia del país con el título de Protector. En esa circunstancia aclaró, con virtud de estadista que se encargaría del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo preservándose de torcer la independencia del Poder Judicial pues él es la plena garantía de los derechos y libertades de todos los peruanos.

Profundizar en el conocimiento de la personalidad del General San Martín, es introducirse en los pliegues íntimos de un ser con claridad de ideas progresistas que sirvan al bienestar general de los pueblos constituidos como naciones soberanas. Seguro de sus valores y conducta no había causa que le desviara del camino de la búsqueda del proceder correcto, respetuoso y servicial en la consideración del otro. Aún de los realistas que enfrentó en el campo de batalla pues consideraba que finalizado el combate el soldado enemigo diluía su imagen para recuperar la correspondiente a su dignidad humana. Por eso no hacía prisioneros y si los tenía vigilaba con celo que fueran bien tratados.

San Martín recibió condecoraciones, distinciones y recompensas económicas por los valientes servicios prestados a la Patria. Nunca hizo ostentación de nada y en cuanto a los dineros siempre protestó de recibirlos y solo lo hacía a condición de que una parte o la mitad del monto fueran destinados a la construcción de escuelas, bibliotecas u hogares para los huérfanos y más humildes. Siempre el desprendimiento de las cosas materiales a las que consideraba una mochila demasiado pesada que dificultaba el avance sereno y libre en la obra del bien humanitario.

Después de las reuniones con Bolívar en Guayaquil de las que el 26 y 27 de julio se cumplió el Bicentenario, decidió retirarse del campo de batalla, dejándole a Bolívar el honor de terminar exitosamente la campaña de liberación definitiva de los peruanos. Otra vez, San Martín expone un análisis equilibrado, racional, y sin dudar, decide su retiro en aras del cumplimiento del ideal soñado de la libertad americana. En 1848, en carta al Presidente del Perú, Mariscal Ramón Castilla es el documento donde expone con precisión las razones que motivaron su alejamiento del Perú y regreso a Mendoza.

En carta a su amigo Tomás Guido le expresa lo que bien podría considerarse su legado personal; “mis años jóvenes los puse al servicio de España, los días de mi madurez al servicio de mi Patria americana, creo que tengo ganado el derecho a disponer de los años de mi ancianidad de la forma que mejor me plazca” ¡Quién podría negárselo! (el subrayado es nuestro)

Pero desde su retiro, en Francia, siguió más activo que nunca. Recibía consultas de militares, diplomáticos, embajadores como también desplegó una amplia vida social. Y siguió sirviendo: su último acto en este sentido fue las febriles reuniones que mantuvo con los comerciantes ingleses y franceses, en tiempos del bloqueo al puerto de Buenos Aires en tiempo de Rosas. Conocedor del punto que más les dolía le hizo ver que cuanto más tiempo se prolongara el bloqueo más pérdidas económicas sufrirían pues sus mercancías abarrotarían los depósitos. Este punto y solo este punto explica que los comerciantes exigieran a sus gobiernos la inmediata firma de tratados de Paz y Amistad con el jefe de la Confederación Argentina. Y para que no queden dudas de su innata humildad hizo que la victoria se le adjudicara a Juan Manuel de Rosas, a quien le regaló la espada que le acompañara en las campañas libertadoras.

Desde su llegada a Buenos Aires, en 1812, resalta su espíritu infatigable y su capacidad de trabajo. Esa fue su primera enseñanza: que todo sueño, por más imposible que parezca, puede cumplirse entregando esfuerzo, sacrificio, constancia sin medida. El trabajo así encarado, sin más pretensión que ser útil a la Patria, le permitió armar el cuerpo de Granaderos a Caballo, el Ejército de los Andes, cruzar la Cordillera más alta del planeta y liberar definitivamente a sus hermanos americanos de la obediencia servil y la ignorancia pusilánime a la que los sometían las autoridades de la Corona española.

La realidad de nuestro presente argentino es el de una sociedad decadente en todos los niveles pero, lo más peligroso quizás, de las reservas morales. Un pueblo vencido sin antes haber luchado.

Mucha humildad hace falta y la disposición altruista de anteponer al materialismo individualista un sentimiento humanitario que brinde al pueblo todas las fortalezas para trabajar en unión por el bien general de la Patria. Esos son los valores esenciales del patriotismo sanmartiniano. Estamos convencidos que tienen más vigencia que nunca. Abrazarnos a ellos y no a otros es la exigencia actual.

Quizás sean éstas las herramientas más útiles para este presente anárquico que amenaza el futuro de nuestro amado país.

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