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Promover la inclusión de todos los niños en la escuela

- 12:56 Opinión

Por Padre Mario Ramón Tenti

Desde su inicio la Escuela Juan Pablo II, se ha configurado como una institución “educativa inclusiva”, porque ha sido creada para acompañar el proceso de aprendizaje de niños y niñas en situación de vulnerabilidad debido a distintas causas: socio económica, sanitaria y cultural que los excluían del sistema educativo vigente y de la sociedad en general.

La pregunta que nos hacíamos y nos seguimos haciendo hoy, es: “¿para que educar? Es decir, qué tipo de persona queremos educar y para que sociedad y mundo. Las respuestas empezaron a girar alrededor de estos principios: Educar personas libres para vivir en libertad, que se conozcan a sí mismos y adquieran habilidades para desarrollar en equipo sus talentos, capacidades, tipos de inteligencia que poseen, que conozcan la realidad en que viven, que comprendan y promuevan la vida en todas sus dimensiones, que descubran su vocación y la desarrollen con sentido social, que sean empáticos con los hermanos más pobres y con el planeta, que sean capaces de construir, junto a otros, puentes de fraternidad y solidaridad. Por eso, empezamos a construir  un modelo de “escuela democrática” que garantice el acceso a todos los niños, la permanencia, la participación en el aprendizaje según las capacidades de cada uno,   reconociendo la diversidad, en condiciones de buen trato  y en un ambiente educativo que propicie  una vida escolar feliz. La idea es que los chicos vengan y permanezcan felices en la escuela, que no tengan prisa en irse y que cuando finalicen las etapas de escolarización, recuerden con alegría su paso por la escuela.

Para lograr ese objetivo, diseñamos un modelo educativo que propicie:

a)  la participación de las familias en el diseño y seguimiento del modelo educativo, mediante un sistema de “asambleas” escolares de niños y  padres a veces por grado o curso o por niveles.  Las asambleas son verdaderas “usinas educativas” donde se discute y buscan rumbos comunes para toda la escuela. Este proceso, da un sentido de pertenencia institucional extraordinario y enriquece el camino educativo. 

b) clima escolar: promovemos la participación, la libertad de pensamiento y espíritu crítico de los alumnos y sus familias, y el esfuerzo mancomunado. El aprendizaje es prioritariamente colectivo: priorizamos la conformación de equipos de trabajo para investigar, aprender y construir juntos el conocimiento. Tratamos que la escuela sea de “puertas abiertas”, todos pueden ingresar y participar de la jornada escolar sin temores ni prejuicios. Las clases de padres junto a los chicos es algo que realizamos con cierta asiduidad. El modelo pone un acento significativo en lo artístico y deportivo: la música, la danza y el deporte no competitivo ocupan un lugar central en el diseño de las actividades escolares. Estamos convencidos que dichas expresiones potencian lo mejor de cada niño: sanan las heridas de su corazón, les permite expresarse, ser ellos mismos, aceptar a los demás como son y estrechar lazos de amistad que perduran en el tiempo. Verlos bailar, cantar y jugar es un gozo indeleble para el alma que nos hace soñar con una sociedad mejor, dónde los niños y jóvenes, como quiere el Papa Francisco,  tiendan puentes de hermanad entre pueblo y naciones.

c) curricula adaptada e inclusiva: se trata de organizar los procesos de aprendizaje centrado en el alumno teniendo en cuenta sus intereses y capacidades. Esto es fundamental para que los chicos puedan aprender y dicho aprendizaje sea gozoso y fructífero. Se trata de adecuar y aggiornar la currícula escolar a los intereses y capacidades de cada niño. Es decir, el aprendizaje es diferenciado y personalizado (no en calidad) sino teniendo en cuenta los intereses de cada uno y sus capacidades (teoría de las inteligencias múltiples). Para lograr este objetivo es imprescindible rescatar los saberes propios de la vida. Los niños poseen aprendizajes extraescolares que la escuela debe respetar, canalizar e incluir en los procesos educativos.  Igualmente, para que la educación sea integral, incorporamos en los  procesos educativos conocimientos derivados de la inteligencia emocional, social y de la neurociencia. Potenciar y desarrollar en cada niños sus aptitudes emocionales y afectivas para crezcan integralmente de acuerdo a lo que cada uno es y sueña ser. La educación jamás puede “uniformar”, las currículas escolares no pueden ni deben ser enlatadas.

El desafío de transformar el sistema educativo actual, demasiado burocrático y disciplinar es de toda la sociedad. El Estado, principal garante de los derechos de los niños y jóvenes, está llamado a convocar a la ciudadanía en todos sus niveles para iniciar este proceso que no sólo beneficiará a la escuela, sino a toda la sociedad, ya que se irá configurando cada vez más como una sociedad genuinamente democrática.   Una escuela inclusiva es posible. Es hora de comprometernos para alcanzar esa meta.  


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