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Valores compartidos y diálogo amplio, las claves para fortalecer la alianza entre familia y escuela

La relación entre ambos ha atravesado los mismos vaivenes que la sociedad en su conjunto y también recibió el impacto de los nuevos paradigmas sociológicos y tecnológicos de las últimas décadas.

- 15:48 Opinión

Hasta antes de la pandemia, la norma general daba cuenta de una relación marcada por la dificultad de encontrar un espacio de diálogo, consecuencia de diversos factores: los mutuos reproches, vinculados a las demandas invasivas de las familias o, por el contrario, la desidia cristalizada en la imagen de la escuela depósito de chicos. El rol de los docentes y los días de paro, eran parte del folclore que cada año resurgía ante el inicio de clases o el primer conflicto. Parecía que habíamos perdido el norte de una relación ciertamente estratégica.

La tragedia que vivimos nos devolvió la brújula, cuando comprobamos las virtudes de ambos y lo crucial que resultaba tener una relación armónica y cooperativa. Las familias revalorizaron el rol docente, cuando constataron que enseñar no es una tarea sencilla y que hace falta estar preparado para ello. Los docentes también constataron los beneficios que tenían los niños cuyas familias pudieron darles apoyos, especialmente en lo emocional.

Por un momento, familia y escuela volvieron a enamorarse

De ese amor, surgió un movimiento que logró abrir las aulas, contra toda la maquinaria estatal. Y como en la vida, pasado ese momento mágico, necesitamos fortalecer la relación para darle solidez y un proyecto de vida común. Y en el centro de ese proyecto, están los chicos, lo más preciado que tiene una familia; y la razón de ser de la escuela, con una misión complementaria, pero central para el desarrollo de cada uno de ellos.

En esta nueva oportunidad que se nos presenta, es bueno recordar aquellos aspectos que nos unen y sobre los que podemos fortalecer los vínculos.

 

Los valores que necesariamente deben ser compartidos y sostenidos por ambas instituciones. De ahí la importancia que reviste la elección de la escuela. Y el derecho que nos asiste como padres de elegirla a conciencia, entre el abanico de propuestas que el sistema ofrece. Por eso es tan importante recordar que nuestra legislación consagra ese derecho, y, por ende, las propuestas confesionales y filosóficas de todo tipo están dentro del marco de elección que debemos sostener y defender, porque constituyen la oferta pública, anclada en el derecho constitucional. La falsa dicotomía entre privada y pública, asociado al mandato de considerar a la escuela como institución exclusivamente social, sólo es funcional a quienes pretenden imponer un pensamiento único, pues atribuye al Estado un derecho que es privativo de la familia, como primera educadora. La universalidad de acceso a la educación no es opuesta a la libertad de conciencia, y a la necesidad de garantizar que ese derecho se cumpla especialmente entre las familias de menores recursos.

La cooperación de ambos permitió iniciar un diálogo más amplio y profundo, como hemos visto dentro del espacio de Familias por la Educación; respetuoso del ámbito de actuación de cada uno; pero que, sin duda, contribuye a poner en agenda temas que cuestionan algunas decisiones de política educativa que impactan grave y negativamente en el presente y futuro de nuestros chicos. El Encuentro Nacional de Familias por la Educación, que este año se concretará en Rosario entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre, es un paso adelante para seguir creciendo juntos, positivamente en la certeza de que la alianza entre Familia y Escuela es el pilar de la recuperación de los valores que hicieron grande a nuestro país, y el mejor capital ético que podemos legarle a nuestros hijos.


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