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Las ‘últimas palabras’ de una Cristina Kirchner cada vez más dispersa y confundida

Lo más llamativo de las recientes intervenciones públicas de la vicepresidenta, tanto de su discurso en La Plata como de su descargo final en la causa Vialidad, es que desentonan con el esmero que siempre puso en transmitir un mensaje claro. La confusión refleja el declive de sus estrategias políticas y judiciales.

- 11:50 Opinión

En un esfuerzo por tener la ‘última palabra’ y no dejársela a los jueces, lo que ya de por sí es un intento vano, porque de eso se trata ser juez, es tener la última palabra, Cristina Kirchner habló una vez más en la causa Vialidad, y se dedicó a repetir sus argumentos ya conocidos, que se está pretendiendo aplicar espuriamente la figura de asociación ilícita a sus gestiones de gobierno, como si toda una administración pudiera convertirse en una banda delictiva, que no hay ninguna prueba que la vincule directamente con la gestión de los fondos de vialidad, que Lázaro Báez no fue el empresario más favorecido en la obra pública de Santa Cruz ni de ningún otro distrito del país, que los verdaderos estafadores son Macri y sus amigos empresarios, que sí serían una asociación ilícita, y que el tribunal está sesgado en su contra y actúa como un ‘pelotón de fusilamiento’.
Todo esto ya lo escuchamos de ella y de sus voceros, así que no se entiende para qué repetirlo. Menos todavía si la repetición es encima confusa, deshilvanada y poco contundente.

Por Marcos Novaro

En un esfuerzo por tener la ‘última palabra’ y no dejársela a los jueces, lo que ya de por sí es un intento vano, porque de eso se trata ser juez, es tener la última palabra, Cristina Kirchner habló una vez más en la causa Vialidad, y se dedicó a repetir sus argumentos ya conocidos, que se está pretendiendo aplicar espuriamente la figura de asociación ilícita a sus gestiones de gobierno, como si toda una administración pudiera convertirse en una banda delictiva, que no hay ninguna prueba que la vincule directamente con la gestión de los fondos de vialidad, que Lázaro Báez no fue el empresario más favorecido en la obra pública de Santa Cruz ni de ningún otro distrito del país, que los verdaderos estafadores son Macri y sus amigos empresarios, que sí serían una asociación ilícita, y que el tribunal está sesgado en su contra y actúa como un ‘pelotón de fusilamiento’.

Todo esto ya lo escuchamos de ella y de sus voceros, así que no se entiende para qué repetirlo. Menos todavía si la repetición es encima confusa, deshilvanada y poco contundente.

Tal vez a Cristina Kirchner le resultó atractiva la posibilidad de mostrarse peleándola hasta el final, de dar a entender que nada de lo que se ha dicho o mostrado en el juicio en su contra le hizo mella, y que es firme como una roca. Pero entonces hubiera sido conveniente que se mostrara más firme y sólida, que trasmitiera convencimiento, control de sí misma, claridad. Y no lo hizo.

Si su plan es ignorar el fallo de los jueces, así como está ignorando los de la Corte Suprema, para indicar que sigue teniendo la sartén por el mango y va a sostenerla contra viento y marea, aunque se le pongan en contra todos los tribunales del país, le convendría cuidarse de no transmitir en sus gestos, su tono y en el encadenamiento de las frases la sensación contraria, que se está deshilachando.

La cuestión más importante a considerar es por qué, justamente en este momento crítico para su suerte y la de su espacio, una líder que siempre se destacó por sus dotes como comunicadora, comunica tan mal. Y es oportuno preguntárselo, porque no fue esta única vez, viene fallando en este registro desde hace tiempo.

Un repaso de las últimas intervenciones de Cristina Kirchner

Se podrá ver que hay una suerte de tendencia al deterioro, cada vez que habla es un poco más deshilvanada y confusa que la anterior. Mezcla temas sin ton ni son, y parece haber perdido el toque mágico de antaño, en que saltaba de un asunto a otro pero terminaba diciendo algo del estilo de ‘todo tiene que ver con todo’, y quienes la escuchaban podían creer que era realmente así, que ella lo estaba demostrando.

Ahora lo que suele pasarle es que enreda entreveros de afirmaciones inconexas, de los que trata de salir como puede, saltando a otra cosa. En sus ‘últimas palabras’ esto fue particularmente ostensible cuando trató de argumentar que ella no podría ser acusada de defraudación al Estado’ porque su gobierno fue lo contrario a un fraude, dejó un país maravilloso, y para demostrarlo afirmó, muy suelta de cuerpo, que ‘la gente estaba entonces mucho mejor que ahora’, lanzándose a enumerar datos que supuestamente lo probaban, y que además de viejos y discutibles, debió advertir que la incriminaban en otro asunto que no se dirime en la causa Vialidad, se va a dirimir en las urnas, y es que la gestión en curso está terminando en una catástrofe social y económica de proporciones.

Así que saltó de eso a repetir la idea de que lo que no le perdonan los poderosos es haber sido tan buena con el pueblo y que como conversó con su abogado, la letra de la ley la disculpa pero la maldad de esos hombres es la que desde el principio tuvo ya decidida la sentencia en su contra, mientras Mauricio Macri está en Qatar viendo el Mundial. Todo tiene que ver con todo, como en botica.

Fuente: Todo Noticias

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