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SUBMARINOS EN LA HISTORIA ARGENTINA

- 13:43 Opinión

Por Eduardo Lazzari Historiador

El Mar Argentino es la extensión en las aguas oceánicas de la soberanía nacional que duplica prácticamente al continente. Sus más de cinco millones de kilómetros cuadrados representan un patrimonio extraordinario para nuestro país. Pero desde la perspectiva histórica, el hecho de que la guerra de la Independencia tuviera como escenario principal las distintas campañas militares protagonizadas por los ejércitos del Paraguay, de la Banda Oriental, del Norte y de los Andes, sumado a que el dominio costero del estado naciente llegaba sólo a la bahía de Samborombón y tenía un asentamiento patagónico de Carmen de Patagones, hizo que se postergara la mirada sobre el mar.

Las campañas navales de la Independencia hasta 1814 y de la guerra contra el Brasil entre 1826 y 27 se desarrollaron en el río de la Plata y el río Negro, por lo que la conciencia acerca del potencial marítimo recién comienza en los tiempos de la Campaña del Desierto y de la ocupación de la Patagonia entre 1879 y 1884. La primera flota de guerra adquirida por el Estado Nacional fue durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento en 1874 y su conversión de flota fluvial a flota de mar se produce a fines del siglo XIX con la adquisición de varios buques que incrementaron el poder de fuego de la escuadra. La potencia económica argentina, sumada a su progreso social, político y educativo, hizo necesario un aumento del poder militar argentino, que iba a comenzar en los años de 1920.

La modernización de la Armada en la década de 1920

La presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear se caracterizó por la modernización del equipamiento de las fuerzas armadas. Construcción de cuarteles y bases, adquisición de armamento y compra de equipamiento pesado fueron las marcas de ese tiempo, encabezado por los ministros de Guerra Agustín P. Justo y de Marina Manuel Domecq García. Éste último es un personaje legendario nacido en el Paraguay, cadete de las primeras promociones de la Escuela Naval, comisionado para las adquisición de buques de guerra en Europa a fines del siglo XIX y observador naval en el Japón, adonde llegó al mando de una flotilla de dos acorazados italianos que la Argentina le vendió a los nipones y que fueron usados durante la guerra ruso-japonesa de 1905.

A la compra de buques de combate, la ley nacional 11.378 le sumó la construcción de una base naval destinada a ser el apostadero de submarinos en las cercanías de Mar del Plata. Una empresa francesa llamada Travaux Publics tiene a su cargo la construcción al norte del puerto comercial de la “Perla del Atlántico”. El 12 de febrero de 1928 se efectuó la inauguración oficial de la dársena para submarinos con la presencia del presidente Alvear y el ministro Domecq García, colocándose una piedra tallada para recordar el evento en el filo del muelle sur.

La incorporación de submarinos era un gigantesco avance, ya que la escuadra argentina estaba atrasada tecnológicamente respecto de los países de la región, situación que se revertiría con la adquisición de nuevo equipamiento con capacidad de inmersión.

Los sumergibles “Tarantinos”

Si bien la ley había autorizado la compra de dos grupos de tres sumergibles, sólo se concretó la adquisición de tres buques fabricados por el astillero “Franco Tosti” de Tarento en Italia, siguiendo el diseño de la clase “Cavallini” de la marina de ese país. Se firmó el contrato en 1927 y el costo total fue de 624.000 libras esterlinas. El comando naval decidió llamar a la nueva clase de buques con nombres de provincias argentinas cuyo nombre comenzara con S, siendo así que se eligió a Santa Fe, Salta y Santiago del Estero. El código naval les asignó la letra “S”, aún vigente y les correspondió el número 1 al 3 respectivamente.

Fueron botados entre 1931 y 1932, incorporándose los tres a la Flota de Mar el 7 de abril de 1933, cuando fueron recibidos con una parada naval efectuada frente a Buenos Aires. El comandante del “Santa Fe” era el capitán Alberto Teisaire, quien llegaría a la vicepresidencia en 1953 en la única elección de sólo ese cargo en la historia argentina. El viaje inaugural desde Europa tardó 40 días. Llegaron a su apostadero habitual en Mar del Plata a fines de 1933 y les fue asignado como buque de apoyo el viejo acorazado “General Belgrano”, veterano de la flota que llevó al presidente Julio Argentino Roca a Punta Arenas en 1899 para entrevistar al presidente chileno Federico Errázuriz. Durante quince años el “Belgrano” actuó como sede de la base naval y de la escuela de submarinistas.

Vale aclarar la diferencia entre sumergible y submarino, palabras que los legos solemos utilizar en forma indistinta, incluso en este artículo. El sumergible es un buque de superficie que ejecuta su ataque sobre las aguas, y tiene la capacidad de sumergirse por cortos períodos de tiempo y a muy baja velocidad. En cambio, el submarino es un buque diseñado para navegar y combatir bajo las aguas, de ahí su capacidad de permanecer sumergido mucho tiempo y poder desplazarse a gran velocidad bajo las aguas. Por eso los “Tarantinos”, llamados así por el gentilicio del puerto donde fueron construidos, deben ser considerados sumergibles. Recién en la década de 1970 tuvo la Argentina submarinos.

Estos fieles buques hechos en Italia sirvieron a la Flota de Mar durante unos 27 años, hasta su radiación a fines de la década de 1950: el “Santa Fe” (S1) fue desguazado y el “Santiago del Estero” (S3) y el “Salta” (S2) fueron convertidos en cisternas flotantes para combustible, cumpliendo esa función hasta llegar al siglo XXI en el río Paraná. Los “Tarantinos” fueron reemplazados por dos sumergibles estadounidenses veteranos de la 2° Guerra Mundial, pertenecientes a la clase Balao, que llegaron al país en 1960 con sus antiguos nombres de “Macabi” y “Lamprey”, siendo bautizados aquí como “Santa Fe” (S11) y “Santiago del Estero” (S12).

El S1 “Santiago del Estero”

Este buque fue la primera unidad naval en llevar el nombre de la “madre de ciudades” en la historia de la marina argentina. Más adelante serían tres submarinos más con ese nombre a lo largo del siglo XX. Como curiosidad, el “Santiago del Estero” tiene por madrina en su botadura a Irene Watson de Bianchi y al recibir su pabellón de guerra en el puerto de Santa Fe el 15 de octubre de 1933 la madrina es Mercedes Cordero de Castro. Poco tiempo después de su incorporación al servicio activo la tripulación recibe la imagen de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, obsequio de la Asociación de Damas Santiagueñas, siendo esa advocación de la Virgen María la pionera en realizar una inmersión en el mar argentino.

El “Santiago del Estero” tuvo el honor de ser el primer sumergible que realizó una inmersión con un presidente argentino a bordo: el 29 de marzo de 1937 el general paracaidista Agustín P. Justo participó de ejercicios submarinos permaneciendo bajo las aguas varias horas. Durante décadas el S1 tuvo el record de profundidad en el Atlántico Sur llegando a los 114 metros y a lo largo de su vida marinera llegó a superar las 1000 inmersiones. Como dato relevante, durante los eventos de septiembre de 1955, que llevaron al derrocamiento del presidente Juan Perón, el “Santiago del Estero”, cuya tripulación se plegó al levantamiento armado, fue el primer submarino en combatir cuando fue atacado por aviones de la Fuerza Aérea Argentina en el río de la Plata.

Los “U-Boote Alemanes” en Mar del Plata

El 8 de mayo de 1945 Alemania se rinde ante los aliados, y en los días posteriores 150 sumergibles teutones se entregan ante los vencedores, aunque algunos capitanes prefieren hundir sus buques a pesar de la orden en contrario recibida. A las 7 de la mañana del 10 de julio, dos meses después de la rendición alemana, se divisa la silueta de un submarino frente a Mar del Plata, a sólo 2 kilómetros de la costa. Algunas horas antes la tripulación había arrojado al mar el armamento principal de cubierta, los torpedos, el equipamiento electrónico, las claves y el libro de bitácora.

El Capitán de Corbeta Ramón Soyuz, comandante del "Salta" y jefe de la Base Naval de Mar del Plata autoriza el atraque de la nave alemana, que a marcha muy lenta amarra en el muelle de submarinos. Era el U 530 al mando del teniente de navío Otto Vermuth, de sólo 25 años, quien hizo formar en cubierta a sus 54 tripulantes. Barbudos y demacrados, su aspecto coincidía con el aspecto exterior de la sufrida nave. Se identificó a todos los marinos alemanes, que fueron interrogados por un conscripto naval de apellido Ecker, que hablaba alemán. Las preguntas buscaban conocer si habían llegado con jerarcas nazis a bordo y si habían hundido el crucero brasileño "Bahía". Se descartó que hayan participado en esas acciones ilegales.

Entre los meses de junio y agosto hubo varios avistamientos de submarinos frente a las costas argentinas que no pudieron ser confirmados. Pero el 17 de agosto, a ocho millas de la costa emergió en medio de una flotilla de guerra argentina el U 977 al mando del capitán de fragata Heinz Schaffer, quien acepta ser abordado por los marinos argentinos. Las tripulaciones de los dos buques alemanes fueron llevadas en avión a la isla Martín García, donde permanecieron internados hasta su traslado a los Estados Unidos. Curiosamente, al ser liberado Schaffer volvió a la Argentina, se casó con una descendiente de alemanes y vivió varias décadas en el país, aunque decidió regresar a su país natal para morir allí.

El próximo domingo desde estas páginas de “El Liberal”, si Dios quiere, seguiremos recorriendo la historia del segundo submarino alemán en Mar del Plata y de los submarinos argentinos desde 1960, relatos que nos enfrentarán a dos tragedias navales cuyo recuerdo merece ser perpetuo.


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