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Nicolás Trotta sobre Alberto Fernández: “Hubo un momento en el que perdió la mirada de lo que está bien o está mal”

El exministro de Educación participó de una conferencia de prensa organizada por estudiantes de Periodismo de la Escuela de Comunicación del Grupo Perfil, en la que se refirió a las diferencias que mantuvo con Alberto Fernández.

- 14:24 País

participó de una conferencia de prensa organizada por estudiantes de Periodismo de la Escuela de Comunicación del Grupo Perfil, en la que se refirió a las diferencias que mantuvo con Alberto Fernández durante su gestión y cómo se deterioro su relación. "Cuando discutí públicamente, fue porque el Presidente salió a reivindicar de manera absolutamente irracional el comportamiento erróneo de una docente en La Matanza. Y yo no me iba a mantener en silencio frente a un comportamiento, que no solo daña al sistema educativo, sino también a nuestros maestros, ya que no deben ejercer una política de adoctrinamiento. Eso fue lo que terminó de quebrar nuestro vínculo. Lamentablemente, hubo un momento en el que el Presidente perdió la mirada de lo que está bien o está mal", aseguró.
El ex ministro de Educación también mencionó las diferencias que mantuvo con el Gobierno por las clases presenciales en pandemia. “No renuncié en ese momento porque iba a dañar al Presidente, sino a un frente político que nosotros habíamos construido, indicó Trotta en el Ciclo de Entrevistas a cargo de Rodrigo Lloret, director de Perfil Educación.
—Hace un año, usted criticó a Horacio Rodríguez Larreta por la prematura vuelta a la presencialidad de las escuelas. ¿Usted quiso abrir las escuelas antes y no tuvo el apoyo del presidente?
—Siempre quisimos abrir las escuelas, las escuelas nunca se cerraron. Recordemos que al inicio de la pandemia todo era un territorio absolutamente desconocido. Nunca ningún gobierno en la modernidad había vivido una epidemia que se transformó rápidamente en una pandemia. Y era desconcertante para todos los países del mundo el impacto que iba a tener el virus. Desde el gobierno nacional, junto a las 24 jurisdicciones educativas en el marco del Consejo Federal de Educación, tomamos la decisión de suspender la presencialidad el 16 de marzo del 2020. Y eso correspondía a un cambio de la perspectiva no solo de los especialistas en Argentina, que horas antes recomendaban la continuidad de la presencialidad, sino también de la propia Organización Mundial de la Salud que revisó su postura al respecto. Entonces, había que tomar decisiones preventivas para contener el ingreso y la rápida circulación del virus. El tiempo definirá que decisión fue más correcta. En cada momento que nosotros avanzamos con mayor presencialidad en las 24 jurisdicciones educativas, lo hacíamos sobre la evidencia que se construía en Argentina y en el mundo. Siempre fue fundamental que las decisiones se adopten en el territorio de lo epidemiológico, lo sanitario. Más en un momento donde no había vacunas y no solo con la población de riesgo, sino también con nuestras infancias y adolescencias.
—Luego de las diferencias que tuvo en relación a la presencialidad en el AMBA, ¿la no apertura de clases estaba influenciada por los sectores más duros del kirchnerismo de la provincia de Buenos Aires?
—No, era una posición del Presidente. Una posición que no compartí y que era contraria a lo que planteaba su gabinete. Lo conversé con Axel Kicillof y con la entonces Directora de Cultura y Educación, Agustina Vila, y ella apoyó la priorización de la presencialidad en el Consejo Escolar de Educación. Inclusive lo que habíamos conversado con Axel era si iba a haber un confinamiento y si eso incluía a la escuela. No había una posición única, pero ahí el que tomó la decisión fue Alberto Fernández. No compartí la decisión en ese momento y fue un debate que lamentablemente se desarrolló en la fase pública. Y no existió la institucionalización hacia adentro del gobierno para poder permitir la decisión correcta, siempre la decisión final en los sistemas presidencialistas la tiene el presidente. Así funciona nuestro modelo institucional. Si creo que la mejor decisión es la que se construye colectivamente. Si era claro que había casi una mirada unánime de su gabinete de sostener la presencialidad.
—Luego de su salida del gobierno nacional, ¿cómo analiza la gestión de Alberto Fernández?
—Mas allá de que no personalizo nuestras diferencias, ya que no tengo relación con el presidente, tengo una mirada lamentablemente crítica y compleja de nuestra fuerza política en estos dos años y medio. Argentina estaba en una situación de mucha vulnerabilidad social y económica al momento de asumir Alberto Fernández y yo coordiné los equipos técnicos del Frente de Todos a lo largo de la campaña. Construimos el diagnóstico de lo que era la realidad que heredaba el país: si uno ve del 76’ a la fecha, el primer lustro de la era del 90’ fue un lustro de crecimiento y recuperación económica que encontró sus limitantes que derivaron en la crisis del 2001/2002. Después se empezó otro proceso de recuperación con Duhalde y que se maximizó en la gestión de Néstor Kirchner e incluso en la primera gestión de Cristina. Pero si vemos los últimos diez años de nuestro país, el PBI está estancado y con un crecimiento poblacional constante, lo que nos hace mucho más pobres. Y ciertos problemas estructurales que tiene la Argentina, como la inflación, son pelotas que se pasan entre las diferentes fuerzas políticas y que no logramos resolver. Argentina viene hace más de diez años con una inflación que supera en los mejores años el 25% y estamos cerrando este año entre el 57 y 58%. En 2019 Macri deja el país con una inflación arriba del 50% y no hay una respuesta concreta. El escenario era muy complejo y creo que hoy parte del desafío de nuestro país es institucionalizar políticas para salir de la situación de complejidad.
—Hubo una presión muy fuerte por parte del kirchnerismo sobre el gabinete una vez realizadas las PASO. ¿Cristina Kirchner tuvo responsabilidad su salida del Gobierno?
—No, el que toma la decisión es el Presidente. Mi vínculo se había desgastado profundamente con él por las discusiones públicas que mantuvimos. Y cuando las discusiones se dan en los medios de comunicación, es el reflejo de la ausencia de la institucionalización en el esquema de la toma de decisión, en este caso del Frente de Todos. Creo que es imperdonable y la responsabilidad es de la máxima autoridad, que es el presidente. Cuando discutí públicamente, fue porque el Presidente salió a reivindicar de manera absolutamente irracional el comportamiento erróneo de una docente en La Matanza. Y yo no me iba a mantener en silencio frente a un comportamiento, que no solo daña al sistema educativo, sino también a nuestros maestros ya que no deben ejercer una política de adoctrinamiento. Eso fue lo que terminó de quebrar nuestro vínculo. Lamentablemente, hubo un momento en el que el Presidente perdió la mirada de lo que está bien o está mal. Y si nosotros tuvimos una diferencia pública, como fue la suspensión de la presencialidad en AMBA, es porque claramente no se ha institucionalizado un esquema de toma de decisión para una participación conjunta de cada una de las decisiones. Y eso lo vemos constantemente hoy como gobierno: hay muchas discusiones en los medios y hay pocas decisiones que se adoptan. Hoy no podemos dilatar ciertas decisiones, por ejemplo, que hemos tenido 30% de inflación en cuatro meses en los alimentos. Lo que salía $100 el primero de enero, hoy cuesta $130 y no hay salario que se haya recuperado.

Nicolás Trotta participó de una conferencia de prensa organizada por estudiantes de Periodismo de la Escuela de Comunicación del Grupo Perfil, en la que se refirió a las diferencias que mantuvo con Alberto Fernández durante su gestión y cómo se deterioro su relación. "Cuando discutí públicamente, fue porque el Presidente salió a reivindicar de manera absolutamente irracional el comportamiento erróneo de una docente en La Matanza. Y yo no me iba a mantener en silencio frente a un comportamiento, que no solo daña al sistema educativo, sino también a nuestros maestros, ya que no deben ejercer una política de adoctrinamiento. Eso fue lo que terminó de quebrar nuestro vínculo. Lamentablemente, hubo un momento en el que el Presidente perdió la mirada de lo que está bien o está mal", aseguró.

El ex ministro de Educación también mencionó las diferencias que mantuvo con el Gobierno por las clases presenciales en pandemia. “No renuncié en ese momento porque iba a dañar al Presidente, sino a un frente político que nosotros habíamos construido, indicó Trotta en el Ciclo de Entrevistas a cargo de Rodrigo Lloret, director de Perfil Educación.

Hace un año, usted criticó a Horacio Rodríguez Larreta por la prematura vuelta a la presencialidad de las escuelas. ¿Usted quiso abrir las escuelas antes y no tuvo el apoyo del presidente?

— Siempre quisimos abrir las escuelas, las escuelas nunca se cerraron. Recordemos que al inicio de la pandemia todo era un territorio absolutamente desconocido. Nunca ningún gobierno en la modernidad había vivido una epidemia que se transformó rápidamente en una pandemia. Y era desconcertante para todos los países del mundo el impacto que iba a tener el virus. Desde el gobierno nacional, junto a las 24 jurisdicciones educativas en el marco del Consejo Federal de Educación, tomamos la decisión de suspender la presencialidad el 16 de marzo del 2020. Y eso correspondía a un cambio de la perspectiva no solo de los especialistas en Argentina, que horas antes recomendaban la continuidad de la presencialidad, sino también de la propia Organización Mundial de la Salud que revisó su postura al respecto. Entonces, había que tomar decisiones preventivas para contener el ingreso y la rápida circulación del virus. El tiempo definirá que decisión fue más correcta. En cada momento que nosotros avanzamos con mayor presencialidad en las 24 jurisdicciones educativas, lo hacíamos sobre la evidencia que se construía en Argentina y en el mundo. Siempre fue fundamental que las decisiones se adopten en el territorio de lo epidemiológico, lo sanitario. Más en un momento donde no había vacunas y no solo con la población de riesgo, sino también con nuestras infancias y adolescencias.

Luego de las diferencias que tuvo en relación a la presencialidad en el AMBA, ¿la no apertura de clases estaba influenciada por los sectores más duros del kirchnerismo de la provincia de Buenos Aires?

— No, era una posición del Presidente. Una posición que no compartí y que era contraria a lo que planteaba su gabinete. Lo conversé con Axel Kicillof y con la entonces Directora de Cultura y Educación, Agustina Vila, y ella apoyó la priorización de la presencialidad en el Consejo Escolar de Educación. Inclusive lo que habíamos conversado con Axel era si iba a haber un confinamiento y si eso incluía a la escuela. No había una posición única, pero ahí el que tomó la decisión fue Alberto Fernández. No compartí la decisión en ese momento y fue un debate que lamentablemente se desarrolló en la fase pública. Y no existió la institucionalización hacia adentro del gobierno para poder permitir la decisión correcta, siempre la decisión final en los sistemas presidencialistas la tiene el presidente. Así funciona nuestro modelo institucional. Si creo que la mejor decisión es la que se construye colectivamente. Si era claro que había casi una mirada unánime de su gabinete de sostener la presencialidad.

— Luego de su salida del gobierno nacional, ¿cómo analiza la gestión de Alberto Fernández?

— Mas allá de que no personalizo nuestras diferencias, ya que no tengo relación con el presidente, tengo una mirada lamentablemente crítica y compleja de nuestra fuerza política en estos dos años y medio. Argentina estaba en una situación de mucha vulnerabilidad social y económica al momento de asumir Alberto Fernández y yo coordiné los equipos técnicos del Frente de Todos a lo largo de la campaña. Construimos el diagnóstico de lo que era la realidad que heredaba el país: si uno ve del 76’ a la fecha, el primer lustro de la era del 90’ fue un lustro de crecimiento y recuperación económica que encontró sus limitantes que derivaron en la crisis del 2001/2002. Después se empezó otro proceso de recuperación con Duhalde y que se maximizó en la gestión de Néstor Kirchner e incluso en la primera gestión de Cristina. Pero si vemos los últimos diez años de nuestro país, el PBI está estancado y con un crecimiento poblacional constante, lo que nos hace mucho más pobres. Y ciertos problemas estructurales que tiene la Argentina, como la inflación, son pelotas que se pasan entre las diferentes fuerzas políticas y que no logramos resolver. Argentina viene hace más de diez años con una inflación que supera en los mejores años el 25% y estamos cerrando este año entre el 57 y 58%. En 2019 Macri deja el país con una inflación arriba del 50% y no hay una respuesta concreta. El escenario era muy complejo y creo que hoy parte del desafío de nuestro país es institucionalizar políticas para salir de la situación de complejidad.

—Hubo una presión muy fuerte por parte del kirchnerismo sobre el gabinete una vez realizadas las PASO. ¿Cristina Kirchner tuvo responsabilidad su salida del Gobierno?

—No, el que toma la decisión es el Presidente. Mi vínculo se había desgastado profundamente con él por las discusiones públicas que mantuvimos. Y cuando las discusiones se dan en los medios de comunicación, es el reflejo de la ausencia de la institucionalización en el esquema de la toma de decisión, en este caso del Frente de Todos. Creo que es imperdonable y la responsabilidad es de la máxima autoridad, que es el presidente. Cuando discutí públicamente, fue porque el Presidente salió a reivindicar de manera absolutamente irracional el comportamiento erróneo de una docente en La Matanza. Y yo no me iba a mantener en silencio frente a un comportamiento, que no solo daña al sistema educativo, sino también a nuestros maestros ya que no deben ejercer una política de adoctrinamiento. Eso fue lo que terminó de quebrar nuestro vínculo. Lamentablemente, hubo un momento en el que el Presidente perdió la mirada de lo que está bien o está mal. Y si nosotros tuvimos una diferencia pública, como fue la suspensión de la presencialidad en AMBA, es porque claramente no se ha institucionalizado un esquema de toma de decisión para una participación conjunta de cada una de las decisiones. Y eso lo vemos constantemente hoy como gobierno: hay muchas discusiones en los medios y hay pocas decisiones que se adoptan. Hoy no podemos dilatar ciertas decisiones, por ejemplo, que hemos tenido 30% de inflación en cuatro meses en los alimentos. Lo que salía $100 el primero de enero, hoy cuesta $130 y no hay salario que se haya recuperado.

— Si Alberto Fernández lo llama para integrarse nuevamente a su equipo, ¿usted aceptaría?

— La verdad que el lugar donde esta uno es lo menos importante, si estoy convencido que hay que acompañar a este frente que hemos construido con mucho esfuerzo. Yo lo cuento como anécdota: cuando tuve la discusión con el presidente por la presencialidad en el AMBA, nosotros habíamos tenido una reunión donde el presidente estaba aislado y que había participado por teléfono. La mirada de todos era que, frente a la segunda ola, probablemente tendríamos que ir con una política restrictiva pero no absoluta en el AMBA. En ese momento me acuerdo que recibí muchísimas llamadas de diputados, empresarios y periodistas diciendo: “Tenés que renunciar” o “Te tenés que ir del Gobierno”. Y ese día yo tome una decisión y que es lo que sigo sosteniendo hoy: nuestro frente político y nuestro gobierno es mucho más importante que el presidente.  Ahora, no renuncié en ese momento porque iba a dañar al presidente sino a un frente político que nosotros habíamos construido. Yo había construido sus equipos técnicos y durante los cuatro años de Macri, fui rector de una universidad que logramos constituirla como espacio de crítica a la política que se estaba implementando: pérdida del salario, crecimiento de la precarización y desocupación. Entonces lo que está en juego no son los espacios personales o los egos, sino que nosotros tenemos que cumplir el compromiso de mejorar la calidad de vida de los argentinos. La política está para eso, no para otra cosa. Lo importante es lo colectivo y creí en algo que planteaba el presidente en la campaña y que tiene que refrescar: “No importa de dónde venimos sino hacia dónde queremos ir”. Creo que es lo tenemos que volver a lograr es darle nuevamente la certeza a la sociedad que el mañana va a ser mejor que el hoy, pero no desde la palabra sino por el resultado de nuestra gestión. Y vemos que en una Argentina que se heredó con mucha complejidad, con una pandemia que hizo todo más cuesta arriba y un gobierno que no ha consolidado su liderazgo, la adopción de decisiones implica que siempre se llegue tarde a muchos aspectos que hay que resolver. Lo primero que tiene que resolver el gobierno sin soluciones mágicas es lo que carcome la calidad de vida de los argentinos, que es la inflación.  Es imposible darle un horizonte al sector trabajador con una inflación de 6 puntos por mes.

— ¿Está de acuerdo con las políticas educativas que está llevando a cabo el actual ministro de Educación, Jaime Perczyk?

— Me parece que la política educativa en un país federal como es la Argentina demanda un fuerte compromiso por parte del Estado Nacional. Una de las principales responsabilidades que tiene el ministro, y que confió que él para hacerlo, es defender la inversión del presupuesto educativo a nivel nacional. Nosotros vivimos un fuerte recorte presupuestario en los cuatro años de la gestión de Macri: la inversión educativa cayó en las 24 jurisdicciones educativas. Y en un país profundamente desigual, hay que robustecer la inversión por parte del estado nacional para enfrentar esas desigualdades históricas. Ese es el principal problema, ya que tenemos 6 de cada 10 niños y niñas debajo de la línea de la pobreza por ingreso. Es ahí donde la escuela es la institución más importante que debe de tener todas las herramientas para romper la herencia intergeneracional de postergación y pobreza tan presente en América Latina. Entonces frente a ese escenario de fuerte reducción de inversión educativa de la gestión de Macri, incumpliendo la Ley de Financiamiento Educativo, desactivando el plan Conectar Igualdad y con el salario docente cayendo, no podíamos pensar en que nuestros docentes tengan la formación y la dedicación necesaria para poder enfrentar el desafío de crear conocimiento en nuestras aulas. Creo que, en una realidad tan compleja y que incluye la presencia del FMI, la principal responsabilidad que tiene que tener un ministro es que la educación siempre este en la prioridad de la inversión y de la construcción de consensos en nuestros gobiernos.

— Agradecemos su participación en el Ciclo de Entrevistas organizado por estudiantes de Periodismo de Perfil Educación y le damos la posibilidad de cerrar el reportaje con un comentario final.

— El periodismo en democracias tiene un rol fundamental. Es saludable que todos tengamos una mirada sobre el mundo convulsionado que vivimos. Y creo que debe incomodar y salir de los lugares preestablecidos. En Argentina tenemos un periodismo que pretende representar eso, para que sea una herramienta de la democracia y lo más cercano a los hechos. Tiene una responsabilidad fundamental en generar esquemas de mayor dialogo en nuestro país entre fuerzas políticas, económicas y sociales. Siempre digo que no hay nada más estimulante que una hoja en blanco, poder sentarse frente a la computadora y poder empezar ya sea contar una historia. Muchas gracias a ustedes.

Fuente: Perfil

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