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“Hay que aprender a ser investigador de uno mismo”

- 23:59 Para vivir mejor

Los niños deberían aprender desde muy pequeños en el colegio y en casa a pensar bien, a comprender cómo funciona la mente; cómo los pensamientos, muchas veces, nos llevan de acá para allá como si estuviéramos cabalgando un caballo desbocado; a darse cuenta de que los humanos tendemos a creernos casi todo lo que pensamos sin cuestionarnos nuestros propios pensamientos y que, por ello, cometemos innumerables errores cognitivos que afectan de manera directa a nuestro bienestar y a nuestra manera de vivir. Estoy segura de que si me hubieran enseñado a pensar de manera inteligente en el cole, mi vida hubiera sido muy diferente…pero ¿quién me lo iba a enseñar, si hace 35 años se sabía muy poco de esto y lo que se sabía quedaba muy restringido al ámbito de la psicología?

“Es que la gente enseña lo que sabe, no puede enseñar lo que no sabe” explica la psicoterapeuta María Ibáñez, coautora -junto al psicólogo Jesús Jiménez- del libro Ordena tu mente para ordenar tu vida (La Esfera de los libros, 2021). “El ser humano está evolucionando, ¿quién te iba a enseñar todo eso si la gente no lo sabía?...si tus padres no lo saben ¿quién te lo iba a enseñar si a ellos no se lo enseñaron?” puntualiza Jesús Jiménez.


Tomo nota de este sesgo de negatividad que tengo y, desde este momento, me comprometo a dejar de lamentarme y de culpar al sistema educativo de haberme empujado a acumular contenidos en mi memoria como si fuera un disco duro, en vez de enseñarme a pensar con inteligencia. Si no lo hicieron, probablemente fue… ¡porque no sabían cómo!

La clave es que ahora sí sabemos cómo hacerlo. De hecho, María Ibáñez y Jesús Jiménez dan buena cuenta de ello en su último libro. Ahora sí ha llegado el momento; ahora sí estamos preparados para aprender a pensar correctamente: porque hay personas que nos pueden enseñar y porque hay personas con interés por aprender. La pandemia, por ejemplo -explica Jesús Jiménez- ha despertado mucho interés por la introspección, porque hay una necesidad muy grande de entenderse a uno mismo. Esta tendencia “se va a acabar imponiendo, porque la gente lo necesita, la gente necesita dejar de sufrir”, asegura.


Pregunta: Vuestro libro, Ordena tu mente para ordenar tu vida es un enfoque un poco diferente de búsqueda del bienestar, estamos más acostumbrados a que nos digan que tenemos que aprender a gestionar las emociones para ser más felices, pero vosotros decís: tenemos que aprender a pensar correctamente…

María Ibáñez: Fíjate que todo el mundo piensa, pero muy poca gente sabe reflexionar, darse cuenta de los errores del pensamiento…y sobre la inteligencia emocional pues decir que una persona cuando es inteligente, es inteligente en todos los campos, no solo emocionalmente.


Jesús Jiménez: En este libro lo hablamos poco, pero en el anterior lo hablábamos más: que lo que llaman inteligencia emocional, es muy racional. O sea, no se explica adecuadamente cómo se afronta una emoción (…) las soluciones para las emociones suelen ser racionales: Haz deporte, cuenta hasta diez, piensa en otra cosa…en realidad, la inteligencia emocional y la racional van juntas, no hay dos…solo hay una y, para ser realmente inteligente emocionalmente, hay que comprender la causa de la emoción, no vale solo con gestionarla, que es lo que se está diciendo mucho ahora.

P: En el libro habláis mucho de lo necesaria que es la introspección -parar y mirar para adentro- para uno poder darse cuenta de cómo piensa, de sus errores y, desde ese darse cuenta, poder cambiar la manera de pensar. ¿No os parece que la sociedad actual a lo que nos empuja es a hacer todo lo contrario? Me refiero a no dejar nunca de hacer cosas, a ser muy productivos…

 

María Ibáñez: Es verdad que el sistema empuja a hacer; a hacer siempre hacia fuera, desde uno mismo hacia fuera. Pero el sistema lo componemos cada ser humano, luego no podemos cambiar el sistema si no cambiamos como seres humanos, si no entendemos la importancia de investigarse a uno mismo, de pararse a observar lo que uno piensa, cómo piensa, lo que siente, por qué…tiene que haber curiosidad, tiene que haber que uno se dé cuenta de que la felicidad no viene de fuera (…) el ser humano tiene que darse cuenta de que lo de fuera es muy importante, pero lo de dentro es vital y, por lo tanto, tiene que parar a observarse, a observar qué tipo de pensamientos tiene, cuáles son los correctos, los incorrectos, los que le perjudican, los que no. Eso es muy importante (…) Hay que aprender a ser investigador de uno mismo, tener curiosidad por conocerte, por saber dónde sientes una emoción, de dónde nace un pensamiento, tener curiosidad por indagar, por ahondar en el conocimiento de uno mismo.

 

Jesús Jiménez: En el libro, aclaramos que uno no puede parar de vivir hasta estar bien y luego empezar otra vez, sino que tienes que incorporarlo a tu vida diaria sin mucha exigencia, sin querer hacerlo todo en un día, sino ir incorporando la atención al día a día, para ir dándote cuenta de cosas…es como si tuvieras que hacer un puzle a la vez que trabajas…pues de vez en cuando te acercas, pones una pieza, luego sigues…otro rato te acercas y pones otra pieza (…) En el libro vamos dando pistas para ir incorporando esto a la vida cotidiana, por ejemplo, hacemos mucho hincapié en no caer en la exigencia, sino en ir apoyándote para ir aprendiendo, cada uno desde donde está, a tratar de ir incorporando esto, pero sin exigirte, sino más bien como si fuera un viaje o un paseo…

 

P: ¿Es necesaria siempre la ayuda de un psicoterapeuta para hacer este trabajo de introspección?

 

Jesús Jiménez: Nosotros tratamos de dar herramientas, porque no todo el mundo puede ir a terapia o no todo el mundo tiene acceso, o no todo el mundo tiene un trastorno tan grave como para sentirse en peligro e ir a terapia. Pero sí hay pautas que le pueden ayudar a entender qué es lo que le pasa. Ese es nuestro objetivo con este libro (…) hacemos el libro lo más accesible posible y ponemos casos de la vida cotidiana, reales, pero a pesar de la dificultad, no nos resignamos a que cada persona pueda intentarlo por su cuenta a pesar de que el camino es arduo, es largo. Desde luego que alguien que te pueda ayudar, que entienda bien de eso, pues desde luego que es una ayuda. Pero no queremos banalizarlo: decir que se puede ser feliz en tres días y tampoco transmitir la idea de que es muy difícil o es imposible o que sin ayuda no puedes conseguirlo.

 

María Ibáñez: De lo que se trata es de cambiar la dirección. En la vida, el ser humano, tiene una dirección y es la de conseguir, lograr, la autoexigencia, ser mejor que los demás, conseguir lo que uno se propone, las metas…con los libros que escribimos, lo que intentamos es que la gente cambie de dirección, porque ese rumbo que le ha dado a su vida es una vida de sufrimiento, de competitividad, de lucha contra uno mismo y contra los demás y nosotros proponemos dejar de luchar, empezar a vivir aprendiendo, con afecto hacia uno mismo, sin exigencia. Y eso es como un cambio de rumbo que no es muy difícil y que poco a poco la gente lo puede hacer…y ¿cómo lo puedes hacer?, dándote cuenta de los errores que cometes…

P: Y la cantidad de errores de pensamiento que cometemos es una barbaridad, como contáis en el libro…en los casos reales que compartís, vemos que son errores como fáciles de detectar desde fuera en los demás. Pero los nuestros…no es tan sencillo verlos.

 

Jesús Jiménez: Pero fíjate es que están tan extendidos [los errores] que mucha gente nos dices: ¡es que parece que el libro está escrito para mí! Eso es porque se sienten identificados, porque son errores comunes de la mayoría de la gente. Con más o menos gravedad o intensidad, pero son errores muy comunes.

 

María Ibáñez: Por ejemplo, hay mucha gente que tiene mucho miedo a no saber, gente que dice; “yo, en la carrera, nunca hice una pregunta en público porque me daba terror hacer el ridículo”. Son personas a las que les cuesta mucho mostrar que no saben algo. Ese miedo a mostrar que no saben algo, les va a hacer exigirse, disimular…y eso es sufrimiento. Eso no es un defecto, sino es un problema en su propia mente que les lleva a sufrir. Por lo tanto, a esa persona le interesa darse cuenta y decir ¿cómo resuelvo esto?, ¿cuál es la causa? y esta causa ¿de dónde viene? Y por ahí, ir resolviéndolo.

 

P: Uno de los problemas más extendidos es que nos identificamos con lo que pensamos, ¿creemos que somos lo que pensamos?

 

María Ibáñez: Digamos que el pensamiento es un instrumento: uno no es el pensamiento, pero ni siquiera la gente es consciente de su propio pensamiento. Si tú revisas a lo largo de tu día y dices: "¿qué he pensado de 11 a 12?" Igual ni te acuerdas, no sabes, porque el pensamiento no es solo el pensamiento consciente, sino que hay una gran parte del pensamiento que pasa de manera inconsciente y que sigue afectándote, porque el pensamiento produce emociones y además el pensamiento tiene su propia causa, luego está en un proceso de retroalimentación positiva que a la gente le hace sufrir y que no consigue parar ese tipo de pensamiento porque cuando intenta pararlo el pensamiento se activa, no puede parar. Lo que hay que hacer es entender la causa, entonces sí, el pensamiento se detiene. Pero el problema es que la gente no es consciente de su propio pensamiento. Es como si fueran sentados encima de un caballo salvaje, no saben dónde les lleva el pensamiento. A ratos cortos es consciente de lo que piensa, pero hay mucha gente que dice: "me paso el día pensando en qué voy a hacer mañana: esto y lo otro…pero ¡si ya me lo sé! ¿porque lo tengo que pensar?” Pues porque es una huida hacia delante, porque el pensamiento está siendo utilizado para escapar de la parte interna, de las emociones y, lo que hay que hacer, es ser consciente de esa causa. No reprimirla, sino entenderla.

 

Jesús Jiménez: Una de las dificultades más grandes, es identificarse con el pensamiento y no ser consciente de él. Pero todos estos errores en realidad son aprendidos, son aprendidos porque son comunes y se transmiten incluso sin proponérselo. Por ejemplo, cuando eres pequeño y te dicen: “no te enfades”…pues el niño dice “¿y cómo hago?” Pues va aprendiendo y se pregunta “¿cómo hacen los demás? Pues mi padre, cuando se enfada, aprieta los dientes y piensa en otra cosa...pues yo voy a hacer lo mismo”. O sea, se va imitando sin ser conscientes y se van asumiendo los errores comunes y eso se retroalimenta. Pero si uno se va dando cuenta de esos errores, el simple hecho de darse cuenta, hace que pierdan fuerza. Y luego puede ir cambiando eso, porque uno no es eso, sino que uno ha aprendido a reaccionar así.

P: ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos las personas?

 

Jesús Jiménez: La mayoría comete errores de interpretación; los sesgos cognitivos son muy conocidos, lo de criticarse, desear el mal al otro cuando te enfadas, reaccionar con ira, querer resolver las cosas a la fuerza…todos esos son errores muy comunes y que, además, hace unos años se han difundido hasta la saciedad : “persigue tus sueños, lucha, no desfallezcas,” en vez de “entiende qué pasa, mira a ver si eso te va bien o mal”…o sea, esta idea de la fuerza como solución, se ha difundido mucho y la gente lo adopta. Son errores compartidos.

 

María Ibáñez: Es por ejemplo como el metaverso que está ahora tan de moda, eso ya es el colmo de la fantasía: vive mal, que luego ya te metes en tu casa, te pones a fantasear y ya lo solucionas...¡eso es un desastre para la mente! porque la fantasía es un gasto energético y es muy adictiva, es muy perjudicial, gastas la energía en una cosa ficticia en vez de resolver tu vida y ponerla en orden.

 

P: ¿Creéis que cualquier método de introspección es bueno?, ¿o necesitamos filtrar? Porque ahí fuera, en el ‘mercado de felicidad’ vemos que hay ofertas de todo tipo y gente que dice que a ellos les funcionan...

 

Jesús Jiménez: No, nosotros hemos investigado de todo, además de estudiar una carrera, verás que esto no es así (…) en realidad es como si fueran niveles de profundidad. No es que valga todo para todo, es como si alguien dice: "es que a mí, cuando se me estropea el coche le doy una patada y arranca otra vez". Bueno, pero claro eso no es una solución, de momento sí funciona: debe haber una pieza suelta y cuando le das una patada se coloca en su sitio, pero eso no puede ser la solución. Entonces, las diferentes técnicas tocan hasta un punto determinadas cosas…unas con más acierto, otras con menos y otras, en realidad, no sirven para nada. Pero aunque suene un poco fuerte decirlo así, en realidad, solo hay una manera de resolver los problemas, que es comprendiéndolos. Todo lo que te acerca a comprender el problema racional y emocionalmente sí va a servir. Si lo entiendes bien, no necesitas tantas técnicas y tantos abordajes. Es que comprender y resolver van juntos. Cuanto más comprendes en profundidad, más resuelves, porque es así…-llevamos 25 años haciendo terapia y vemos que es así: cuando la gente comprende, cambia. Cuando la gente se convence de algo, no cambia.

(*NiusDiario.es)


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