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Por qué muchos padres tienen un hijo favorito pero les cuesta tanto admitirlo

Fuente: Niusdiario.es

- 08:18 Para vivir mejor

Tener un hijo favorito puede que sea uno de los mayores tabúes de la paternidad. ¿Es normal tenerlo?, ¿es habitual? A Mariana, madre de cuatro niños de entre 5 y 13 años, le surgen muchas dudas y reconoce que no se siente cómoda hablando del tema.

“Es que todo depende de lo que uno entienda por favorito: si te refieres a que si hay uno con el que tengo más afinidad y conexión que con los demás, la respuesta es sí. No voy a decir con cuál, ni siquiera he hablado de esto con mi marido. Sería una falta de respeto y de amor hacia mis otros tres hijos", puntualiza. "Pero yo no siento que este hijo sea mi favorito en absoluto. O que le quiera más. Es solo que tengo más afinidad con él. Los quiero a todos exactamente igual.”

Aunque hay investigaciones que demuestran que muchos padres tienen un hijo favorito, lo cierto es que también hay estudios que reflejan que a muy pocos progenitores les gusta admitirlo. Ese es el caso de una investigación llevada a cabo en Reino Unido en la que solo uno de cada diez padres admitía tener un hijo favorito. Mariana es mi ‘un progenitor de cada diez’ en la rudimentaria réplica de esa investigación que he llevado a cabo en la última semana preguntando a familiares, amigos y conocidos. De los diez a los que pregunté, solo Mariana tuvo una respuesta que se parecía un poco a la idea de reconocer que tiene un hijo favorito. Los demás me contestaron un tajante "no, en absoluto".

La pregunta que surge aquí es por qué si otros estudios reflejan que hasta el 74 % de las madres y el 70 % de los padres tienen preferencia por un hijo frente a los otros, cuesta tanto admitirlo. ¿Por qué a muchos padres les resulta tan incómodo hablar del tema?, ¿tal vez porque saben que reconocerlo tendrá un impacto en la autoestima de sus hijos?, ¿tal vez porque se sienten culpables?

Es normal que haya más afinidad con un hijo

Según el educador, escritor y comunicador Fernando Alberca “Sentir más afinidad con un ser humano que con otro es natural y bueno. Depende de cuestiones tan primitivas como la forma de la mandíbula: nos cae mejor alguien cuya mandíbula se parece más a la de quien nos atendió con más afecto durante nuestro primer año de vida. Sentimos también mayor afinidad, comprensión, cercanía, comodidad, seguridad y mejor comunicación con quien tiene una lateralidad predominante de nuestro cerebro: es decir, con quien es, por ejemplo, más emocional, intuitivo, creativo o imaginativo, si nosotros también lo somos. Por todo ello, tener mayor facilidad para relacionarse con un hijo que con otro es una tendencia natural”

Una idea que comparte la psicóloga infantil Úrsula Perona. Para ella “Sí que es normal tener un hijo favorito, sobre todo porque la afinidad es algo que no se puede evitar…igual que sentimos afinidad por unas personas más que por otras, igual que nos puede pasar con familiares, amigos o compañeros de trabajo, nos puede pasar también con nuestros hijos. O que estemos más en sintonía, tengamos una personalidad más similar. También puede ser que compartamos más hobbies y aficiones o simplemente que nos den y nos aporten aquello que necesitamos más como padres”.

Si para expertos como Alberca o Perona es normal sentir esa afinidad -y no podemos evitarla porque no podemos evitar sentir lo que sentimos- cabe preguntarse por qué este tema genera tanta controversia.


“Para mí, añade Perona, lo que realmente es importante es que cada uno de nuestros hijos debe sentirse nuestro hijo favorito. Lo que no veo bien son esos padres o madres que incluso alardean y dicen sin ningún tipo de pudor delante de sus otros hijos ¡ay es que este es mi ojito derecho! o ¡es que la pequeña es mi favorita!…y los demás se quedan sin duda dolidos, porque todo hijo necesita sentirse el favorito de sus padres”.

El amor, por encima de la afinidad

Según Fernando Alberca, a pesar de que exista esta afinidad mayor con un determinado hijo, es el amor de madre o padre el que debe marcar la intensidad, complicidad, comprensión, empatía, esperanza, exigencia y paciencia educativa con nuestro hijo.

“La afinidad es algo muy pequeño comparado con el amor, que es el que nos hace que en realidad todos sean favoritos. A todos los queremos como si fueran especiales. También a los distintos a nosotros, a los menos afines. La afinidad no es el amor. Solo cuando no hay suficiente amor por nuestra parte y nos buscamos más a nosotros mismos que a los propios hijos, es cuando la afinidad pesa más que la paternidad o maternidad y surgen los problemas de hijos favoritos y celos de los menos queridos y apreciados”.

En esa línea, la psicóloga clínica y educativa Isabel del Campo insiste en que una cosa es tener cierta afinidad con un hijo y otra muy distinta el favoritismo: “Yo creo que cuando tú tienes un niño favorito -aparte de que eso tiene muchos efecto negativos sobre la familia y sobre la relación entre hermanos- lo que tienes es que cuestionarte por qué. Porque el problema lo tienes tú, no tus hijos. Tus hijos son como son y tú tienes que aprender a aceptarles y a quererles como son sin necesidad de cambiarles”.

Cuestión de expectativas

Del Campo reflexiona sobre los posibles motivos por los que un hijo puede pasar a ocupar el trono del favorito frente a los demás. Muchas veces, explica, tiene que ver con tus expectativas como padre o madre…“Cuando hay hijos que no cumplen tus expectativas, ahí es cuando empieza a haber esa diferencia. El que las cumple es mi favorito y el que no las cumple no lo es”.

Esto, indudablemente nos habla de una mirada reduccionista y superficial como padres…padres que no aceptan que sus hijos son como son, no como a ellos les gustaría que fueran. “Es que no es justo para tu hijos, porque ellos no han elegido ser el primero o el menor o tener ese temperamento y esa forma de ser. Ellos no tienen la culpa, no han hecho nada mal por ser como son (…) muchos padres, por ejemplo, que son muy aficionados al fútbol, es como que solo se llevan bien con el hijo al que le gusta el futbol…y ¡oye no!, que tu hijo no tiene la culpa de que no le guste el futbol”, puntualiza del Campo.

Otro de los motivos habituales por el que muchos padres muestran preferencia por uno de sus hijos es precisamente por contraposición entre un hijo que no da problemas y otro más complicado. Daniel Bezares es formador de padres y experto en los llamados niños de espíritu libre; niños muy susceptibles de generar este tipo de dinámicas diferenciadoras en casa porque suponen un mayor reto para los progenitores.

"Ese es el riesgo precisamente de tener un hijo de espíritu libre, explica. Si a uno de tus hijos le cuesta mucho hacerlo bien porque es más intenso, más persistente, más sensible y explosivo; y a la vez tiene menos tolerancia a la frustración, menos autocontrol y capacidad de gestión emocional, no es raro que muchos padres acaben cogiéndoles “manía”. Suponen un reto enorme y literalmente drenan la energía física y emocional de sus padres".

En casos como esos es donde, como padres, debemos poner en práctica esa máxima de que el amor debe prevalecer sobre nuestras expectativas y sobre la afinidad que tengamos con ellos. Porque somos nosotros, los adultos, los que tenemos la responsabilidad de buscar cómo generar esa conexión con los hijos con los que nos sea más complicado relacionarnos o con los que tengamos menos afinidad.

“Cuando falta la consciencia necesaria para aceptar que un niño de espíritu libre no lo hace mal porque quiera hacerlo mal, sino porque tiene más difícil hacerlo bien, es cuando aparecen este tipo de dinámicas, añade Bezares. Se le da más caña porque lo hace peor, se entra en un círculo vicioso de confrontación y cada vez más hay pelea y desconexión. Si no hay compasión y acompañamiento para la mejora, sino juicio y culpabilización, la relación con uno de los hijos puede acabar rota, mientras que con su hermano goce de plena salud”.

La idea es, como señala Fernando Alberca, que “Ningún hijo es comparable ni sustituible, aunque sea más trabajoso. Todos deben sentirse favoritos y han de serlo de verdad, aunque no los comprendamos fácilmente o haya aparentemente menos contacto o cercanía. Es el amor el que los hace favoritos, no su forma de ser ni la nuestra. Porque somos padres y madres que queremos a nuestros hijos no por lo que hacen o cómo lo hacen, sino porque somos sus padres o madres, y nadie mejor que nosotros puede hacer del padre y madre que necesitan: amantes, incondicionales por encima de todo, también de la afinidad”.

Conseguir que más allá de esas afinidades cada uno de nuestros hijos se sienta el favorito es, para Úrsula Perona, un verdadero arte: “La clave es hacerles sentir completamente especiales a cada uno a su manera, en su forma. Encontrar maneras de hacérselo saber. Eso es un arte que muchos padres aprenden a desarrollar. Y cada uno de sus hijos crece creyendo que es el favorito de su padre o de su madre o, traducido, que el padre o la madre sabe estar cuando se le necesita, sabe poner toda su energía y su atención en cada momento, porque no todos nos necesitan por igual en todos los momentos de la vida”.

Problemas derivados de tener un hijo favorito

Cuando nada de esto ocurre, cuando los padres no son capaces de poner esas estrategias encima de la mesa para que el amor prevalezca sobre la afinidad y sobre sus expectativas, pueden surgir favoritismo y de ahí muchos otros problemas, como explica la psicóloga Isabel del Campo.

“El problema del favorito es que ese niño, en casa, casi siempre sale ganando frente a sus hermanos, que salen perdiendo…entonces, para mí ese es el problema, que con eso, lo que generas es que los hermanos se mueran de la envidia entre ellos y lo único que consigues es que compitan, porque compiten por tu cariño, compiten porque les hagas caso, por ser igual de importantes (…) Destruyes la relación entre hermanos en lugar de fomentar el ‘vamos a llevarnos bien, vamos a cuidarnos, vamos a querernos, vamos a ser buenos amigos’, en vez  de eso, fomentas la competencia”.

Del Campo va un paso más allá y puntualiza que, de hecho, una muy mala relación entre hermanos, muchas veces es la señal de que estamos favoreciendo a uno sobre otro. Algo de lo que la mayoría de las veces los padres ni siquiera se dan cuenta: “La mayoría de los padres no lo reconocen, no se dan cuenta. Pero la señal puede ser una muy mala relación entre hermanos: que se peleen por tu cariño o que protesten porque siempre le das la razón a fulanito”.


Mirar para otro lado o seguir favoreciendo a uno con la excusa de que tenemos más afinidad con él, es una manera de consolidar esas dinámicas tan destructivas. Como padres debemos preguntarnos qué estamos haciendo mal.

“Ahí, explica del Campo, sí que está bien cuestionarme qué me pasa, qué es lo que está pasando para que yo tenga ese favoritismo (…) Ahí es donde entra tu capacidad de ser autocrítico contigo. Yo creo que los padres, constantemente nos tenemos que estar revisando qué estamos haciendo bien y qué mal. Como padres, tenemos que tener esa autocrítica, sin volvernos locos y sin sentirnos culpables, pero aceptando que como padres hay cosas que hacemos mal, que es inevitable y que nos vamos a equivocar un millón de veces y no pasa nada”.

Buscando al hijo/maestro

A veces, incluso desafiando esos viejos patrones e inercias, echando imaginación o consultando a expertos que nos asesoren, no es fácil encontrar otra forma de hacer las cosas. Pero lo que está claro es que será mucho más difícil si ni siquiera te lo planteas, si nunca te lo cuestionas.

Si usted es uno de esos progenitores que, a pesar de haber intentado cambiar siente que sigue teniendo favoritismo hacia un hijo, siente que no puede evitar ciertas conductas por mucho que se lo proponga, se siente culpable y siente que necesita más recursos para poder cambiar, la psicóloga Úrsula Perona nos propone desarrollar una mirada diferente de la situación que tal vez le ayude: identificar al hijo no favorito y poner deliberadamente la atención en él.

“Porque el menos favorito suele ser el que será nuestro maestro: ese hijo es el que ha venido a enseñarnos más cosas sobre nosotros mismos y como padres…o sea, que el que más ruido nos da, ese es el hijo más importante en la enseñanza como padres. Es el que va a destapar todas esas carencias que tenemos de infancia, temas no resueltos, heridas, huellas… es el que va a poner en evidencia si no nos hemos trabajado el estilo educativo de nuestros padres y tendemos a reproducirlo sin ser conscientes…o sea, que ese es el maestro”.

La propuesta es que desarrollar esta mirada de gratitud hacia el hijo no favorito -gratitud por todo lo que ha venido a enseñarnos y ayudarnos a crecer como padres- tal vez le ayude a identificar esa conexión paternofilial que tanto necesitaba encontrar…puede que ver a su hijo no favorito desde esta perspectiva le ayude a desbloquearse y a conseguir que el amor prevalezca sobre las afinidades y las expectativas.

Fuente: Niusdiario.es


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