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Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo, la patología que la sociedad suele premiar

Por Aldana Martitegui. Periodista de NiusDiario.

- 08:05 Para vivir mejor

Existen determinados comportamientos y rasgos de personalidad que la sociedad aprecia y valora. Son rasgos que tienen que ver con el respeto a las normas, con la capacidad de trabajo, el perfeccionismo y la perseverancia. Es innegable que la sociedad premia y honra a las personas responsables, correctas, trabajadoras, respetuosas con la autoridad y productivas. ¿Qué padre o madre no ha dado gracias por tener un hijo con estos rasgos?

Marcelo siempre fue ese tipo de niño dócil y responsable. Sus padres no podían estar más orgullosos de ello. Desde que nació, hasta los 12 años, nunca pasó más de dos cursos escolares en el mismo colegio porque su padre trabajaba en una multinacional que le obligaba a desplazarse constantemente. A pesar de todos esos cambios, Marcelo nunca tuvo un problema de adaptación. Siempre sacaba notas fabulosas y asumía su responsabilidad con una madurez pasmosa.

El caso de Marcelo es real, pero hemos cambiado su nombre y algunos detalles irrelevantes para preservar su identidad. El chico, cuyos atributos personales eran tan premiados y alabados por sus padres y profesores, empezó a tener algunas crisis de ansiedad cuando sus padres se instalaron definitivamente en España. Tenía 12 años, cursaba sexto de primaria y se desbordaba emocionalmente cuando tenía un examen. “Marcelo se ponía muy nervioso, explica su madre, y nosotros le decíamos que tenía que calmarse, que los nervios eran normales, que seguro que el examen le iba a salir bien…no le dábamos demasiada importancia, porque siempre lo asociamos a su perfeccionismo, sus inseguridades y esa falta de confianza en uno mismo tan típica de las personas que se exigen mucho”. Tan poco en serio se tomaban las preocupaciones de su hijo, que los padres de Marcelo incluso hacían bromas: “Anda, anda, que eres un llorón…luego, seguro que sacas un 10 como siempre…ay no…¡que a lo mejor sacas un 9,75, qué horror!... Le decíamos ese tipo de cosas creyendo que contribuíamos a quitar importancia al tema y relajar un poco, explica su madre, no nos podíamos imaginar que lo único que hacíamos era que él se sintiera cada vez peor. No le ayudábamos en absoluto”.

Marcelo estaba tan centrado en sus estudios que, al empezar la ESO, dejó el equipo de fútbol en el que jugaba. No se podía permitir ni una extraescolar. El siguiente paso fue dejar de bajar a la urbanización con sus amigos. Se pasó toda la ESO prácticamente sin levantarse de la silla. “Nos ha salido un ratón de biblioteca, decían sus padres…bueno, no debe ser algo tan malo cuando la mayoría de los padres de lo que quejan es justo de lo contrario: de que sus hijos no estudian. Ya tendrá tiempo de divertirse”.

Cuando Marcelo estaba en segundo de Bachillerato sus crisis de ansiedad pasaron a otro nivel. Un día no podía apenas respirar y sus padres se asustaron y decidieron llevarle al hospital. De ahí fue derivado a la unidad de salud mental donde unas semanas después empezó a ser evaluado por un psicólogo.

El Trastorno de la personalidad obsesivo compulsivo y el TOC no son lo mismo

La madre de Marcelo no entendía ni una palabra de lo que le hablaba el psicólogo de su hijo cuando se reunió con ella para darle el diagnóstico: Todo apunta a que Marcelo está empezando a desarrollar un Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo, le dijo.

“Pero si lo que le pasa a mi hijo es que tiene ansiedad, dijo su madre, que se desborda por los estudios y que se agobia tanto que es capaz de no salir de casa en un mes porque tiene mucho que estudiar. Eso que dice que tiene…¿obsesivo compulsivo?…¿no es un TOC?, Sí, ¡eso que tenía Jack Nicholson en la película Mejor imposible! Me deja usted muy preocupada”.

El psicólogo que hizo la evaluación de Marcelo, como casi todos los profesionales de la salud mental están más que acostumbrados a este tipo de malentendidos: es muy habitual confundir el famoso TOC, Trastorno Obsesivo-Compulsivo, con el Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo (TPOC). Pero son patologías muy distintas. Mientras el TOC pertenece a los llamados trastornos de ansiedad, el TPOC pertenece a los trastornos de la personalidad.

Qué es un trastorno de la personalidad

Un rasgo de personalidad es un patrón de pensamiento, percepción, reacción y relación, que se manifiestan relativamente estable a lo largo del tiempo en una misma persona. Se considera que existe un trastorno de la personalidad cuando estos rasgos son tan prominentes, rígidos e inadaptados que deterioran el funcionamiento normal de la persona.

Según el manual DSM-5 (APA, 2013) los rasgos de personalidad solo constituyen trastornos de la personalidad cuando son inflexibles y desadaptativos y cuando causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo.

Estas inadaptaciones causan un gran malestar en las personas que las sufren, pero también en su entorno. Por lo general, los trastornos de personalidad comienzan a hacerse evidente durante la adolescencia tardía, aunque a veces los signos se aprecian ya desde la infancia.

Qué es el Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo

Según el DSM-5 hay varios tipos de trastorno de la personalidad. El TPOC (Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo) pertenece al grupo C de sujetos ansiosos o temerosos. Como explican Rubén Muiños y Elena Requena en la guía de Psicopatología clínica de la Univesitat Oberta de Catalunya, “en este grupo encontramos a las personas extraordinariamente sensibles a las situaciones que las rodean. Ante situaciones que objetivamente no son amenazantes, responden con intensas reacciones emocionales. Tienen miedo de ir a la escuela, de hacer el ridículo, de fracasar, de los demás...En general, miedo de cualquier incertidumbre o novedad. A lo largo de su vida, no han sido capaces de adquirir la suficiente seguridad emocional y de convicción de control sobre las situaciones que viven”.

El TPOC tiene mucho que ver con esos rasgos tan característicos que tenía Marcelo -el respeto a las normas y la autoridad, responsabilidad y capacidad de trabajo- pero, en este chico, llegaban a un nivel tan exagerado que estaban interfiriendo en su vida normal: dejó de hacer ciertas actividades de ocio, de relacionarse con amigos etc…

Los de Marcelo eran rasgos de personalidad muy premiados y valorados socialmente, pero que en su caso escondían un enorme sufrimiento. El perfeccionismo y los altos niveles de rendimiento que se autoimponen las personas con estos rasgos son causa de un malestar significativo.

El caso concreto del TPOC es especialmente delicado porque, como hemos visto en el caso de Marcelo, al tratarse de comportamientos premiados socialmente (chicos estudiosos, responsables) su entorno no percibe que haya ningún problema hasta demasiado tarde y el trastorno se puede ir intensificando.

De hecho, el TPOC es uno de los trastornos de la personalidad con peor pronóstico. Así como otros tienden a remitir con los años, el TPOC tiende a agravarse si no se aborda a tiempo. ¿Cómo podemos identificar si hay un problema o un posible TPOC detrás de comportamientos socialmente premiados para abordarlo a tiempo?

Comportamientos que pueden indicar que hay un posible TPOC

Estas son algunas de los comportamientos característicos de una persona con TPOC. Identificarlos en nosotros mismos o en una persona cercana puede ayudar a un diagnóstico precoz.

La preocupación excesiva por el orden, el perfeccionismo y el control de sí mismos y de las situaciones, interfiere con la flexibilidad, la eficacia y las relaciones con los demás.

Son rígidos y tenaces en sus actividades: insisten en que todo se haga de una manera específica.

Para mantener un sentido de control, son personas que se centran en las normas, en los detalles, en los procedimientos y los horarios.

Su preocupación por los detalles y por asegurarse de que todo es perfecto puede retrasar indefinidamente la terminación de una tarea.

Cuando se centran en una tarea pueden descuidar los demás aspectos de su vida.

Tienen dificultad para delegar tareas y trabajar en equipo.

Suelen pensar que no tienen tiempo para relajarse o salir con amigos y, cuando lo hacen, tienden a transformarlo en una actividad organizada formalmente

Planifican el futuro con gran detalle y no les gustan los cambios. Su rigidez constante puede frustrar a compañeros de trabajo y amigos.

La expresión de cariño y afecto también está muy controlada y suelen relacionarse con los demás de una manera formal, rígida o seria.

Criterios diagnósticos

Es cierto que esas características nos pueden llevar a sospechar, pero en cualquier caso, para diagnosticar un trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo como tal, los pacientes deben cumplir una serie de criterios diagnósticos. No debemos alarmarnos si detectamos alguna de estas características. Ciertos rasgos de personalidad suelen estar presentes en mayor o menor medida en casi todas las personas. Como decíamos, solo se considera que hay una patalogía cuando causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo.

Según el DSM-5 el primer criterio es la existencia de un patrón persistente de preocupación por el orden, perfeccionismo y control de sí mismo, de los demás y otras situaciones. Además debe haber comenzado en la edad adulta temprana.

Este patrón se manifiesta con la presencia de 4 o más de los siguientes elementos:

Preocupación por los detalles, reglas, horarios, organización y listados

Un esfuerzo por hacer algo a la perfección, que interfiere con la finalización de la tarea

Devoción excesiva al trabajo y productividad (no debido a necesidad financiera), lo que resulta en el abandono de las actividades recreativas y los amigos

Inescrupulosidad excesiva, meticulosidad e inflexibilidad con respecto a las cuestiones y los valores éticos y morales

Falta de voluntad para tirar objetos desgastados o inútiles, incluso los que no tienen valor sentimental

Renuencia a delegar o trabajar con otras personas a menos que esas personas estén de acuerdo en hacer las cosas exactamente como los pacientes quieren

Un planteamiento mezquino al tener que gastar dinero para ellos mismos y otros porque ven el dinero como algo que debe guardarse para futuros desastres

Rigidez y obstinación

Según el DSM-5 (APA, 2013), el trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo es uno de los trastornos de personalidad que tiene una mayor prevalencia en la población general, con una estimación que oscila entre el 2,1 y el 7,9%, lo que lo convierte en una de las psicopatologías más comunes.

Como decimos, el TPOC es un trastorno muy delicado, una suerte de 'lobo con piel de cordero'. Esto se debe a que se manifiesta en comportamientos socialmente alabados y premiados (en una cultura que valora mucho la productividad, la eficacia y la capacidad de trabajo) y esto es precisamente lo que puede llevar a no detectar el problema a tiempo y que este termine por agravarse.


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