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Berto Pena “Todo el mundo puede cambiar, pero no todo el mundo sabe cómo”

Por Aldara Martitegui - Periodista de Nius Diario.

- 22:20 Para vivir mejor

Es curioso que el lema de un experto en productividad personal, de un referente en el ámbito de la gestión del tiempo como Berto Pena, sea precisamente ‘menos’: menos cosas, menos velocidad, menos de todo: “Siempre que he conseguido algo, es cuando me he concentrado en esa palabra”, explica “para mí, ‘menos’ es una de las palabras más mágicas que hay”. Berto Pena no es un idealista de la vida: al contrario, es completamente consciente de que vivimos en una sociedad que nos impone un ritmo de vida frenético, que nos empuja a correr… ¡y que necesitamos correr si queremos adaptarnos a los nuevos tiempos! La cuestión vital para Berto Pena no es si hay que correr o no, es hacia dónde corremos.

Esa es la gran pregunta que nos plantea en Superhábitos (Conecta, 2022) Pena ha transformado en un libro el método que lleva 15 años compartiendo como formador, asesor en empresas y conferenciante con miles de personas deseosas de transformar sus vidas y su forma de trabajar a través de los hábitos.

“Crea una red de hábitos duraderos que trabajen para ti”, dice el prometedor subtítulo de su libro. En Superhábitos, Berto Pena nos acompaña a lo largo de un proceso de reflexión personal y de autoindagación enfocado en mostrarnos la importancia de aprender a establecer prioridades y de conectar con nuestra verdadera motivación, y no tanto en cómo organizar mejor nuestras agendas para poder hacer muchas cosas. Porque si tienes claro el ‘hacia dónde vas’, el ‘cómo’ sale solo. Gestionar bien el tiempo -para Berto Pena- tiene más que ver con saber poner límites que con aprender malabarismos para llegar a más cosas: “Yo he asumido hace años ya que hay mucha más información, actividades y cosas que hacer de las que puedo hacer y que mis límites, que me dan libertad, me los marcan mis prioridades”.


Pregunta: El tema de la productividad, entendida como la capacidad de hacer muchas cosas, está ya un poco en desuso. Muchos gurús de la gestión del tiempo, cuando decís productividad personal, os referís a otra cosa que no tiene tanto que ver con la cantidad sino con la calidad de lo que hacemos…

Respuesta: Son palabras que a veces están tan manidas, que yo veo que van perdiendo el sentido. Al final es el qué quieres, qué objetivos tienes, cuáles son tus gustos, tus preferencias y cuáles son tus hábitos, en definitiva. Si mi objetivo del día es cumplir una lista de tareas, pues tendré que seguir un plan, una metodología, tendré que saber concentrarme. Es decir, mis hábitos, al final, tienen que estar en línea de eso. Si quiero tener tiempo semanal para mis prioridades personales, familiares, mi agenda, mis hábitos y mis rutinas tienen que estar en línea de eso.


P: Lo cierto es que muchos seguimos pensando que ser productivo es hacer muchas cosas ¿tenemos una especie de adicción a la acción?

R: Lo que te puedo decir es que con el tiempo te puedes enganchar fácilmente a eso de querer hacer más y más cosas, es muy habitual pasar por esa fase. Por ejemplo, esa especie de obsesión por leer. Y no lo digo como crítica, sino como algo que me llama la atención: eso de leer no sé cuántos libros en un mes…¿y?, ¿te dan algún premio?, ¿te dan una medalla?, ¿pasas a un nivel superior y consigues vidas extra? Repito: no es crítica ni una burla, en absoluto, pero parece como que ‘más es mejor’.


P: Como experto en hábitos, en tu libro hablas de que es necesario poner nuestros hábitos a nuestro servicio, ¿qué significa eso?

R: Mi productividad debe estar a mi servicio, no al revés. Yo llevo divulgando de productividad y hábitos 15 años y nunca he glorificado los hábitos per se sino lo que yo consigo con ellos. Por eso, el libro, el subtítulo, se refiere a que yo pongo a trabajar a mis hábitos para mí, que están a mi servicio y, si no están a mi servicio, los tiro y los cambio. Y eso es la grandeza de los hábitos y también la pobreza en el sentido de que, si yo no los elijo, no los cuido, no los modelo y moldeo a lo que yo quiero, no me van a acercar a ello. Entonces, el tema de ser productivo o no es qué quieres, cuáles son tus objetivos en el día, si es hacer más, tendrás que buscar técnicas que te ayuden a hacer más, si es hacerlo muy bien, tendrás que buscar técnicas y hábitos que te ayuden a cuidar la calidad, el detalle.


P: Y un objetivo igualmente válido podría ser el de parar a tiempo antes de quemarse…

R: Pues en ese caso tendré que tener hábitos para poder parar a tiempo y decir: “hey, el trabajo es importante, pero no lo más importante, hay una vida después de este horario, hay un tiempo personal, una familia, un gimnasio un lo que sea (…) Esa es una de las cosas que le pregunto a los clientes y que les descolocan: ¿qué quieres? “Quiero más tiempo”, me dicen. Pero eso no es una respuesta. ¿Qué quieres hacer con ese tiempo?, ¿quieres volcarlo para hacer más proyectos?, ¿quieres recuperar o reconquistar tu vida personal o familiar?, ¿quieres empezar a hacer yoga, o leer libros?, ¿qué quieres? Con eso ya podemos empezar a construir los hábitos. Porque está todo inventado ya... esa es mi visión: que tú tengas tu propio sistema operativo…


P: Al final, como dices en tu libro, lo más importante es tener claras las prioridades, porque muchas veces vamos por la vida como pollo sin cabeza, con el piloto automático encendido…

R: En un mundo donde prima lo instantáneo; donde tenemos más prisas que tiempo para pensar; donde queremos ser altos, guapos, ricos y famosos en 5 minutos; donde ¿no hay una atajo para esto? Pues, el hábito -que requiere normalmente cariño y tiempo- es como una planta que hay que regar; requiere motivos de verdad, de fondo. Ese es para mí uno de los grandes temas que apunto en el libro: la falsa motivación.


P: Es lo que en psicología de la motivación llamamos motivación intrínseca o extrínseca… si viene de dentro, bien; si viene de fuera -impuesto desde fuera- es posible que fallemos…

R: Ese es uno de los fallos o los errores en los que más caemos las personas. Yo lo llamo la falsa motivación, que no es no estar motivado, sino no tener motivos de peso suficientes. Por ejemplo, en el caso de una nueva dieta, una nueva manera de comer. No es lo mismo a lo mejor si yo he tenido un problema grave de salud y quiero cambiar mi manera de comer y de relacionarme con la comida, con a lo mejor estar zapeando por Youtube y encontrarme con alguien que me comenta una dieta que me va ‘a cambiar la vida’, y yo digo: “pues voy a probarla a ver”. Es cierto que puedo fallar en los dos casos, pero evidentemente, en el caso de haber tenido una enfermedad, los motivos de salida, de partida, mis prioridades, el qué busco con ello, parece que tiene más fuerza. Es muy importante esto. Y lo primero que hago al lector al empezar el libro es ponerle a pensar, a trabajar. ¿Quieres hábitos?, pues espera. A una clienta mía le propuse este ejercicio y me dijo que quería hacer cambios ya. A ver, para hacer cambios, primero necesitas saber dónde vas, qué quieres y, para eso, hay que saber dónde estás y, para eso, hay que hacerse preguntas.


P: ¿Por qué crees que nos cuesta tanto parar y reflexionar sobre dónde estamos y dónde queremos llegar?

R: El entorno y los hábitos de otras personas siempre tienen una influencia en nosotros, no estamos dentro de una armazón de cemento armado y, evidentemente, a veces me veo a mí mismo que voy corriendo o que no estoy siendo tan paciente como debería. Uno de los pasos más importantes en los que insisto en el libro, es la evaluación: cuando tú pones en marcha un hábito y lo tienes en rodaje, en fase de rodaje, que vayas viendo y tengas un punto de control para parar y acostumbrarte al maravilloso hábito de revivir, rebobinar, ver dónde estoy, cuánto camino he recorrido, qué he hecho y que no he hecho. Y no solo la parte cuantitativa de por ejemplo “no he ido al gimnasio” sino el porqué, la parte también de cómo lo he hecho, por qué lo he dejado de hacer… ese hábito de reflexión, es vital para todo lo demás. Una vez me dijo un amigo “Berto, ¡es que hay que correr en este mundo!”. Sí, pero hay que saber hacia dónde corres. Claro que hay que correr, porque la sociedad o el tipo de trabajo nos demanda eso, pero no es incompatible con parar y ver. Esto es algo que veo no solo en clientes, familia y amigos, sino también en mí, y tiene que ver mucho con ese habernos dejado contagiar del mundo de lo instantáneo, del mensaje del cambio automático de actividades, de la multitarea… y eso no fomenta la introspección, no a priori. No es incompatible, pero no fomenta, no ayuda. No invita a eso.


P: ¿Qué son los superhábitos?, ¿esa palabra que da título a tu libro?

R: Hay hábitos que yo incorporo consciente o inconscientemente y que no sabía que me iban a dar tanto y que terminan transformándome de una manera que no imaginaba: esos son los superhábitos. P: ¿Cuáles son los errores más habituales que cometemos a la hora de introducir nuevos hábitos en nuestra vida? R: Uno de los errores más extendido y en el que yo caí nada más empezar con mi cambio personal, es que tienes tantas ganas de dar un giro a tu trabajo, o a tu vida personal, o tu salud, o lo que sea, que pones en marcha demasiados cambios a la vez. Y como sean de cierto tamaño… se vienen abajo, porque requieren atención, requieren tiempo, no puedo estar atendiendo a varios frentes a la vez.

P: Otra idea fundamental que extraigo de tu libro es que detrás de la implantación de nuevos hábitos, existe una estructura, una metodología: ¿Quizás la gente falla en sus objetivos porque no tiene en cuenta esta estructura?

R: Todo el mundo puede cambiar, pero no todo el mundo sabe hacerlo. Es una de las cosas que yo primero experimenté en un momento de mi vida en el que empecé a introducir hábitos: lo hice de manera apresurada, desordenada y sin metodología. No sabía. Esto es un error de ‘primero de hábitos’, es totalmente comprensible que caigamos en ello. Yo escucho a una persona un hábito y lo implanto en mi vida tal cual lo escucho. Eso es un error enorme. A lo mejor, sí lo puedo implantar tal cual, pero yo tengo que valorar y tener en cuenta muchas cosas, porque mi entorno, mis necesidades, mis condicionantes etc, no serán iguales que los del de al lado. Entonces, una de las primeras cosas que tenemos que hacer es definir. Una de las peores cosas que condena un cambio es la poca claridad, o esos objetivos ambiguos. Recuerdo una clienta que me decía: “Quiero organizarme mejor”… bueno, eso es un deseo, no es un objetivo ni un hábito: ¿Qué significa exactamente eso? Y le dije “detállame”, y le di varias pautas. Y esa es una de las cosas importantes: No caer en generalidades, sé muy concreto o muy preciso a la hora de decir qué buscas y qué quieres.


P: Esto, además de explicar por qué fallamos tanto, nos da esperanza: Esperanza de que se puede aplicar un método y tener éxito…

R: Si nos han enseñado algo los últimos dos años es que tenemos que estar abiertos al cambio, saber hacerlo y tener una metodología que nos ayude en ese proceso. No siempre va a ser fácil, pero al menos decir que hay unos pasos (…) Llámalo metodología, llámalo pasos… da igual, pero saber qué tengo que hacer, por dónde empezar o qué no hacer, que muchas veces es tan importante como saber qué hay que hacer.


P: En una sociedad tan cambiante como la que vivimos es realmente interesante aprender este tipo de cosas…

R: Saber cambiar no es algo que se enseñe en las aulas, pero es algo que se puede aprender fuera de ellas y lo necesitamos, porque desde que somos estudiantes hasta nuestro primer trabajo, la vida nos pide cambio, cambio, cambio… unos más pequeños, otros más profundos, pero para mí no es una soft skill como lo llaman, es un hard skill. Es que si no sabes hacer esto, lo único que vas a hacer es gastar tiempo, energía y decir “no llego, me falta tiempo, ojalá tuviera más”. Yo fui esa persona durante mucho tiempo hasta que decidí, me cansé de ir sin rumbo y empecé ese proceso y todavía estoy en él, por supuesto, porque en algunas cosas… no digo que soy un principiante, pero todavía estoy poco maduro en algunas cosas.


P: En realidad, Berto, lo que enseñas en tu libro es lo que a ti te ha funcionado y eso tiene un gran valor, además de ser un gesto de generosidad por compartir…

R: Yo empecé a compartirlo de manera accidental. Yo tenía un puesto de dirección en una multinacional, teníamos operaciones en veintipico países, yo vivía bien en cuanto a sueldo, pero malvivía por mis malos hábitos y trabajaba mal, no tenía una base de hábitos. Me cansé, me empeñé en aprender hábitos, primero productivos, pero luego los extendí a otras partes de mi vida como salud, orden en casa, etc. Y luego empecé a compartirlos… tenía un blog sin ningún objetivo. Y la gente empezó a decirme: “Berto, qué bueno, cuéntanos más” (…) Así que, de la necesidad hice un descubrimiento y del descubrimiento hice una vocación.

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