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David Bueno: “A los adolescentes debemos exigirles cosas de adolescentes”

Experto en neuroeducación, en su libro, Bueno nos ofrece una guía para poder entender y acompañar mejor a los adolescentes en esa etapa de la vida.

- 22:35 Para vivir mejor

Por Aldara Martitegui - Periodista de Nius Diario.


Existe un gran estigma en nuestra sociedad en torno a la adolescencia; conductas irreverentes, de riesgo o malas contestaciones que, según el neurocientífico y divulgador David Bueno, tienen que ver con el funcionamiento de su cerebro: estos chicos y chicas no tienen nada personal contra sus progenitores ni contra los adultos en general, lo que les ocurre es que tienen un nivel de estrés muy elevado y no saben cómo gestionarlo.

David Bueno está convencido de que comprender el funcionamiento del cerebro de los adolescentes podría ayudar a generar dinámicas más saludables en la relación padres-hijos.

Esa es al menos la intención de su último libro, El cerebro del adolescente (Grijalbo 2022) en el que este doctor en Biología y experto en neuroeducación nos descubre qué ocurre en el cerebro de los adolescentes y nos guía para poder acompañarlos en esta época tan importante de la vida. La finalidad del libro es que, como adultos, podamos abordar las situaciones difíciles, que suelen emerger cuando hay un adolescente por medio, siempre desde la confianza y desde el apoyo emocional y jamás poniendo una barrera entre nosotros y ellos porque “seguro, se nos va a girar en contra, tanto a nosotros como a nuestros hijos e hijas”, asegura Bueno.


Pregunta: En tu libro dejas claro que todo lo que la neurociencia aporta sobre el funcionamiento del cerebro y sobre su desarrollo puede contribuir a generar dinámicas de interacción entre adultos y adolescentes más armónicas ¿Crees que esto podría contribuir a acabar con el estigma que existe en torno a la adolescencia?

Respuesta: Mi idea cuando hago estos trabajos es favorecer precisamente esas interacciones más armónicas, en este caso entre adolescentes y adultos. Primero, que los adultos entendamos que nosotros también fuimos adolescentes, que hicimos las mismas tonterías que hacen nuestros hijos adolescentes, aunque en un contexto diferente: en un contexto social, histórico, cultural y tecnológico diferentes, lo que significa que van a manifestarlas de una forma diferente a la que la manifestamos nosotros. Pero el estilo es el mismo; tienen las mismas dudas que teníamos nosotros, aplicadas a situaciones diferentes porque el contexto es diferente. Pero la duda está sembrada en el cerebro de un adolescente de forma permanente y entender esto, yo creo que lo que permite a los padres es no hacer barreras con sus hijos. Entender que, si hoy me ha contestado mal, no es porque me odie…incluso a lo mejor ella misma o él mismo se cree que me está odiando: pero no es que te odie, es que tiene la amígdala híper-reactiva y no puede evitar contestarte de esta manera. Así que, mejor que yo no conteste enseguida porque, en este momento, estoy en un nivel de estrés muy alto y todavía agravaré más la situación…


P: ¿Qué deberíamos hacer en ese momento para no agravar más la situación?

R: Mejor hago ver que no he oído nada. No es tolerarlo, pero hago ver como si no lo hubiera oído y, después, cuando esté tranquilo o tranquila ya le sacaré el tema. Pero después, cuando toque, no ahora, no en caliente, porque en caliente tenemos las de perder todos, ellos y nosotros.


P: ¿También la neurociencia les puede ayudar a ellos?

R: La neurociencia sirve también para que los adolescentes se entiendan mejor a sí mismos…claro, por ejemplo, el sentimiento de soledad en la adolescencia puede llegar a ser intensísimo: pensar que eso solo te pasa a ti…pero saber que eso les pasa a todos los adolescentes de una forma u otra, aunque sea el dicho de ‘mal de muchos, consuelo de tontos’, pero consuela; consuela ese no estoy solo, ese les está pasando a todos…


P: ¿Por qué crees que la adolescencia es una etapa tan complicada y por qué tantos padres se enfrentan a ella desde el prejuicio?

R: Porque es una etapa que genera muchos choques entre adultos e hijos e hijas adolescentes y por eso tenemos esta predisposición. Lo hemos visto en nuestro entorno, lo vivimos en nosotros mismos cuando éramos adolescentes y ya lo tenemos antes incluso de que llegue esa etapa… A ver, tenemos un problema con ellos y es que por un lado los tratamos como si todavía fuesen niñas y niños, y ya no lo son, pero les exigimos respuestas de adultos, y tampoco lo son. Les tratamos como lo que no son y les exigimos lo que no son, y así, no nos pueden satisfacer nunca, no, no pueden, porque ni son niños ni son adultos. Entonces debemos exigirles cosas de adolescente. Es decir, ¿que tomen decisiones? ¡por supuesto!, ¿que tomen una decisión que les va a afectar los próximos 4 o 5 años de su vida diciéndoles que eso va a ser fundamental, como cuando tienen que elegir estudios?, pues no…porque el cerebro adolescente no puede percibir lo que significan 5 años de su vida. ¡No puede! Tiene que tomar la decisión, claro que tienen que tomarla; pero debemos relativizarla diciéndoles que cualquier decisión es reconducible.


P: Otra de las cosas negativas que se oyen últimamente sobre los adolescentes de ahora es que son menos inteligentes que nosotros….¿Qué piensas de esto?, ¿crees que la tecnología tiene algo que ver con esta pérdida de inteligencia, como dicen autores como Michel Desmurget en su libro La fábrica de cretinos digitales?

R: Creo que es todo parte del estigma y que contribuye a mantener, no te digo a aumentar, pero contribuye a mantener el estigma…Pero es que no es cierto: no son menos inteligentes que los adultos, simplemente aplican su inteligencia de forma diferente. Se publicó un trabajo hace unos pocos años que decía que haciendo los test de coeficiente de inteligencia clásicos entre los años 40 y 70 del siglo pasado -o los años 80, no recuerdo exactamente las fechas- el coeficiente de inteligencia había ido aumentando unos 5 puntos cada década en el promedio de la población. Y lo que sugerían los autores es que esto era debido a una mejor alimentación -que nutrimos mejor las neuronas- y a una mejora en el sistema educativo. Bien: lo suscribo. En un trabajo que se publicó hace 5 años, analizaron desde el año 80 hasta el 2015 y su conclusión fue que el cociente de inteligencia había disminuido 7 puntos cada década y lo atribuían a la comida basura -que es menos nutritiva- y a lo que ellos llamaban una degeneración o degradación del sistema educativo. Claro, es en esto en lo que se apoya un libro como ese La fábrica de cretinos digitales pero cuando tú analizas el trabajo, resulta que los test de inteligencia que habían pasado a los alumnos, a los chicos y chicas, era el mismo que se pasó en los años 80 y es el mismo que se pasaba dos décadas antes…entonces claro, tú te preguntas y dices: si el sistema educativo ha cambiado, si ahora trabajamos más por competencias que por memoria pura y dura, si ahora tenemos muy claro que la inteligencia no es solo lógica y matemática o lingüística, sino que hay muchas más facetas (…) como la faceta de gestión emocional… si tú pasas el mismo test ahora que hace 40 años, cuando el sistema educativo ha cambiado, ¿qué estás valorando? No estás valorando que sean menos inteligentes, estás valorando que el test no se ajusta a la realidad….


P: Entonces, los jóvenes de ahora no son menos inteligentes que los de antes…

R: Por ejemplo, se ha visto a nivel neuronal que la generación digital, los nativos digitales, tienen menos conexiones en el hipocampo, zona que gestiona la memoria, que los que somos inmigrantes digitales. Claro, porque han externalizado parte de la memoria en la tecnología digital, cosa que nosotros, como no existía, no hicimos. Pero en cambio, ellos tienen más conexiones en la zona que permite integrar más informaciones entrantes, porque la tecnología digital permite gestionar, tener a tu alcance muchas más informaciones simultáneamente… claro, el cerebro se ha adaptado al entorno, esa es su función: la función del cerebro es adaptarte al entorno donde tú vives. En un entorno cien por cien memorístico, pues hará más conexiones en una zona, si es un entorno donde lo importante es la gestión de la información, tendrá más conexiones en otra…pero eso no significa que sean ni mejores ni peores, porque el contexto es diferente. 


P: La adolescencia, que los chicos y chicas sean de esa manera tan irreverente, contestatarios, que tengan esas conductas de riesgo…¿crees que puede tener que ver con nuestra supervivencia y desarrollo como especie? Por ejemplo, los adolescentes son los que se atreven a hacer cosas aparentemente imposibles…si como especie no tuviéramos ese arrojo, ¿tal vez no habríamos llegado hasta donde hemos llegado?

R: Sí, si…es que es al adolescente al que se le ocurre salir de la sabana africana para irse a otro sitio cruzando montes que jamás había cruzado nadie, o simplemente el que se atreve a subirse al primer avión (…) precisamente, la adolescencia nos capacita para esto. A mí me gusta mucho decir que la adolescencia es lo que nos hace humanos. No es que antes nos seamos humanos: somos humanos desde el nacimiento y desde antes, pero sí como humanos, como una especie creativa, una especie innovadora, capaz de asumir riesgos a veces sin necesidad de asumirlos, por el simple placer de experimentar…Eso, como especie biológica, somos la única que lo poseemos, y es lo que hace de nosotros una especie única. El resto no: el lenguaje, los chimpancés también tienen un lenguaje, menos elaborado que el nuestro y menos complejo que el nuestro, pero el lenguaje no nos hace únicos. ¿Las emociones? Todos los mamíferos tienen un sistema emocional. Las emociones no nos hacen únicos. ¿La reflexividad? hay experimentos que demuestran que delfines y algunos primates tienen pequeños procesos de reflexibilidad. No nos hace únicos. ¿Qué nos hace únicos? Que tenemos una adolescencia que nos permite continuar siendo creativos, tenido motivaciones, siendo exploradores e innovadores después de la edad adulta, es decir: que jamás olvidamos del todo nuestra adolescencia.


P: Todo esto que cuentas en tu libro sobre el cerebro del adolescente es un ejemplo más de cómo la neurociencia está empezando a impactar en nuestra vida en general, no solo en el terreno de la educación. ¿Cuánto de camino nos queda por recorrer?

R: Creo que uno de los campos con más futuro en este momento es el de la neuro, neurociencia en general, porque hasta hace poco no podíamos profundizar en el estudio del cerebro de forma directa y no invasiva. Abrir un cráneo y poner electrodos, ya hace mucho tiempo que se hace, pero no se puede hacer según en quién, por supuesto. Conocer cómo funciona, cómo crece, cómo cambia nuestro cerebro con la edad y con los aprendizajes, es una forma de incluso tomar más conciencia de quiénes somos…esas preguntas típicas de la adolescencia, ¿quién soy, de dónde vengo y a dónde voy?…pues un poco, como individuos, para entender nuestras propias reacciones, ¿porque soy más impulsivo de lo que debería ser o demasiado poco?...yo creo que es un campo con muchísimo futuro…


P: ¿La neurociencia está demostrando empíricamente en un nivel fisiológico cosas que ya había demostrado la psicología por ejemplo?

R: Sí, esto es algo que de hecho me encanta, que la neurociencia está demostrando por otra vía diferentes lo que ya hace no décadas, sino siglos y milenios, cosas que ya se conocían. Pero lo que aporta es una explicación más mecanística. Y yo creo que eso es importante, primero porque nos permite consolidar lo que ya hacíamos ver a lo mejor cosas de las que se dudaba, por lo tanto, discriminar entre qué es real y qué no es real. Y después también tiene mucho impacto porque la ciencia no es opinable. Lo que es opinable es que aplicación hacemos de la ciencia. Pero si la ciencia te dice que la amígdala genera las emociones y no es el corazón, pues es la amígdala, no es el corazón, no puedes opinar sobre eso. Otra cosa es qué emociones son más satisfactorias para una persona y eso sí que lo podemos opinar. Pero solo cosas de este tipo.


P: En el terreno de la educación, ¿también ocurre esto?, ¿qué la neurociencia está demostrando cosas que ya se sabían?

R: Sí. Por ejemplo, una de las cosas que se han visto en el campo de la neuroeducación, que es donde me muevo yo, es que las actividades que promueven más plasticidad y flexibilidad neuronal durante la infancia son la música, el arte y la psicomotricidad, el deporte; son las que potencian más plasticidad y flexibilidad…¡pero es que eso ya lo decía Aristóteles! El plan de estudios de Aristóteles era que hasta los 8-9 años, solo se hacía música, arte y ejercicios físico. Y las letras, la ciencia, la lógica y la matemática, empezaba después… eso no significa que no podamos hacer mates antes, claro que podemos hacer mates antes, pero el bloque central debería ser este otro. (niusdiario.es).

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