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Rafa Guerrero, psicólogo: “El sobrediagnóstico del TDAH es una realidad muy preocupante”

Por Aldana Martitegui - Periodista de Nius Diario

- 00:04 Para vivir mejor

Un trastorno del neurodesarrollo que afecta a alrededor del 5 por ciento de la población infantil es comprensible que esté en boca de todos. ¿Quién no conoce a alguien con un hijo, sobrino o vecino con un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)? Que esté en boca de todos es precisamente la causa de uno de los daños colaterales de este trastorno: la cantidad de especulaciones, mitos y prejuicios que se generan en torno al TDAH… o peor aún, en torno a los niños y adolescentes con TDAH.

Porque muchos opinamos sobre TDAH, pero pocos sabemos lo que significa realmente este trastorno. Ni siquiera los expertos lo conocen en profundidad, ya que el TDAH no tiene un marcador biológico, no existe una prueba concreta que determine si hay o no TDAH. No es observable. Sólo vemos sus síntomas (problemas para mantener la atención, movimiento excesivo, impulsividad…) que, para mayor confusión, no son exclusivos del TDAH.

El psicólogo Rafa Guerrero es uno de los mayores referentes nacionales en el ámbito del desarrollo cerebral infantil y adolescente.

El tratamiento del TDAH es una de las especialidades del centro Darwin Psicólogos que dirige en Madrid. Guerrero es además autor del libro Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (Libros Cúpula 2022), cuya primera edición de 2016 acaba de ser reeditada y revisada.

“La esencia del TADH está ahí, sigue siendo lo mismo, pero la manera de explicarlo queda mucho mejor ahora”, asegura. En la edición anterior, explica con toda la humildad del mundo “hay aspectos de la intervención con niños TDAH que no es lo que yo defiendo hoy en día”. El psicólogo hace honor al dicho de que ‘rectificar es de sabios’, cuando reconoce abiertamente que en la edición anterior “incluso desarrollaba los criterios para aplicar de manera eficaz un castigo o el refuerzo positivo; algo que está muy metido en el modelo cognitivo conductual. Eso lo sustituyo por una mirada limpia, incondicional, más potente que la que había entonces, en la primera edición. Creo que es un libro bastante más respetuoso con el niño de lo que era entonces”. Uno de los propósitos de Rafa Guerrero con este libro es derrumbar todos los mitos y leyendas que se han ido generado en los últimos 30 años sobre el TDAH.


Pregunta: Se dice por ahí que el TDAH está sobrediagnosticado, que en realidad no hay tantos niños con TDAH. ¿Es esta idea del sobrediagnóstico uno de esos mitos sobre el este trastorno?

Respuesta: Es cierto que existe mucha mitología en relación a este trastorno. Desde ideas que son erróneas, hasta incluso nos encontrarnos con el mito de que el TDAH no existe -que hace un daño muy grande a los afectados y familiares-. Para mí, el hecho de que digamos que el TDAH está sobrediagnosticado no es ningún mito. Es, desgraciadamente, una realidad muy preocupante. Es una realidad que nos encontramos con una gran cantidad de niños y de adolescentes que están diagnosticados de TDAH y que cuando les dedicas un poquito de tiempo y un poquito de cariño, te das cuenta de que aparentemente puede ser un TDAH, pero que no lo es. Y esto nos ocurre todos los días en consulta: recibimos familias de niños y adolescentes que vienen ya con la etiqueta o con la sospecha de TDAH porque en cuanto un niño es más movido de lo normal, o en cuanto es movido -porque los niños movidos-, pues inmediatamente se le pone la etiqueta.


P: ¿Crees que utilizamos muy alegremente frases como “este niño es hiperactivo”?

R: Eso de “mi hijo es hiperactivo” lo decimos así muy alegremente, sí. Entonces claro, hiperactividad, impulsividad, dificultades para concentrarse, no ser capaz de regular tus emociones… todo esto, que son características de la infancia, se corresponden con síntomas de TDAH. Por eso ya hace 7 años que puse al libro el subtítulo de “Entre la patología y la enfermedad”, porque es muy difícil decir dónde está la línea (…) Es muy difícil, por eso tenemos que ser conscientes de que el TDAH es un trastorno que se diagnostica de una manera clínica, no es un conjunto de síntomas en los que yo voy poniendo como un cuestionario una serie de tics y si tengo más de 5 tics esto es equivalente a TDAH (…) Tú tienes que interpretar primero si estos síntomas son normales para la edad que tiene el niño y, en segundo lugar, cómo estos síntomas -que a lo mejor no son síntomas, sino manifestaciones normales del niño- afectan, impactan o no en su día a día… pero esto es un juicio clínico. El profesional se tiene que decantar…


P: Al final es la opinión de un profesional en función de unos síntomas que interpreta. ¿Por eso es habitual que haya diferencias de criterio?

R: Los propios profesionales tenemos, a veces, criterios diferentes. Yo me encuentro con muchos colegas que a lo mejor diagnostican a este niño de TDAH, o a este adolescente de TDAH, y yo no veo el TDAH por ningún sitio. O, cuando yo me sumerjo en lo que es la parte del iceberg que no se ve, encuentro algo que justifica por qué este profesional le ha diagnosticado de TDAH, y es que este profesional lo ha diagnosticado porque ha visto unos síntomas en la punta del iceberg, pero no ha dedicado ni el tiempo ni el cariño que se merece para sumergirse y ver exactamente que estos síntomas -que están ahí- no se deben a un TDAH, se deben a un apego inseguro, se deben a que la situación en casa es insostenible o que hay una carencia importante afectiva, o ausencia de límites… por eso luego hay tanta mitología: “es que son niños maleducados” No, los TDAH no son niños maleducados, al contrario, los padres suelen estar muy implicados con sus hijos con TDAH, lo que pasa es que hay niños maleducados que tienen los mismos síntomas que los niños con TDAH, y estamos confundiendo las cosas.


P: Me pregunto hasta qué punto eso de poner demasiado alegremente la etiqueta de niño con TDAH puede generar en algunos padres una actitud de quitarse responsabilidad: que crean que como el niño tiene TDAH no hay nada que ellos puedan hacer…

R: Lo que tú dices, a mí me parece preocupante: el “él es así”, o el “yo soy así”, a mí me preocupa, porque siempre se pueden hacer cosas, siempre -hablemos del TDAH o hablemos de lo que sea- siempre se pueden hacer cosas. Otra cosa es que consigamos mucho o que no consigamos, pero siempre se puede hacer algo. Si yo me escudo en el “es que él es así”, pues ahí está toda la teoría de la profecía autocumplida que lo único que hacemos ahí es perpetuar ese rol que le hemos asignado al niño.


P: Uno de los problemas asociados al TDAH es que los niños con este trastorno no encajan con las expectativas de los progenitores ¿Qué podemos hacer los padres en este punto?

R: Si la manera de ser del niño, el comportamiento del niño, no encaja con tu modelo, el problema no lo tiene el niño: el problema lo tienes tú (…) Pues tendrás que informarte a lo mejor de cómo es el desarrollo evolutivo, tendrás que entender que por mucho que a ti te gustaría estar en un restaurante con el niño tranquilito y quietito, pues eso lo puedes hacer tú porque tienes 30, 40 o 60 años, pero un niño de 3 años, no puede estarse quieto porque su cerebro no se lo permite. No es que no quiera, no es que sea un maleducado. Lo digo siempre: si somos capaces de entender cómo es el cerebro del niño, el del TDAH y el del no TDAH, vas a poder ajustar tus expectativas.


P: Para contribuir desde NIUS a acabar con todos esos mitos en torno del TDAH ¿nos podrías dar una explicación sencilla de este trastorno que nos permita entender qué es el TDAH más allá de los síntomas que casi todos conocemos?

R: Hay dos aspectos que hay que tener en cuenta: la causa y la consecuencia. El TDAH tiene una causa muy concreta, que es que el desarrollo del cerebro es más lento en comparación con otros niños de la misma edad que no tienen ese trastorno; el desarrollo y la madurez cerebral es mucho más lenta, significativamente más lenta. La consecuencia que tiene que mi cerebro se desarrolle más lento que el de mis amiguitos de clase de segundo de primaria, es lo que conocemos como síntomas, y lo que hay que ver es cuánto afectan estos síntomas en tu día a día.


P: Entiendo que pueden afectar de diferente manera a cada niño…

R: Puede resultar que esa inmadurez cerebral que tú tienes implica una dificultad para que tú te puedas concentrar, o para que tú controles tus impulsos, y cada vez que alguien te haga así un golpe en la espalda tú sueltes un codazo porque eres un niño impulsivo o una niña impulsiva… pues eso afecta en tu día a día: resulta que tu amigo dice que “qué agresivo que es Rafa y yo ya no quiero jamás volver a jugar con él”. Y eso tiene un efecto dominó, porque la profe me pone nota en la agenda y, cuando llego a casa, mis padres ven en la agenda que he soltado un codazo a un compañero, entonces me castigan sin ir el fin de semana al cumpleaños de abuelo… y seguimos y seguimos, y llega un momento en que el TDAH se resigna y llega a la conclusión de que “soy malo”, llega a la conclusión de que “no soy digno de ser querido porque mis compañeros no me quieren, mis profesores no me entienden y mis padres me están castigando todo el día”. Pero la raíz del TDAH no es otra que una inmadurez o enlentecimiento en el desarrollo del cerebro.


P: Y eso puede tener unas consecuencias catastróficas para el niño si los padres no sabemos gestionarlo…

R: Por eso siempre digo que la clave en el TDAH está en el adulto, siempre. El adulto es mamá, papá, los profesores, los profesionales. Si nosotros le damos a este niño con TDAH lo que necesita, muy probablemente tenga una vida adaptada, satisfactoria y sea una persona completamente feliz y tremendamente eficaz en el trabajo, y una persona que pueda tener su familia y tener una regulación emocional en el día a día mucho mejor de lo que puedo tener yo, sin lugar a dudas. Pero la clave está en que tú le des lo que necesita. Y por eso, a los niños con TDAH hay que trabajarlos tanto, no se trabajan ellos solos, no es cuestión de actitud, no es que no echen ganas y que yo le pegue la bronca y el puñetazo en la mesa para que reaccione… no: él no tiene que reaccionar, tienes que informarte tú y enterarte de qué pasa en su cerebro.


P: Volviendo al tema del sobrediagnóstico: que se sobrediagnostique el TDAH ¿puede tener que ver con que se hagan evaluaciones muy superficiales del niño por falta de tiempo?

R: Es que el niño no es un ser aislado; vive en una familia y a mí esto me parece fundamental. Así es como trabajamos en Darwin: con la familia. Por es también hay que evaluar a la familia. Pero para poder entender la situación, necesito conocerte a ti, necesito conocer la familia y si la familia la forman mamá, papá y este chiquitín, os tengo que conocer a todos; tengo que conocer el iceberg entero de cada uno de vosotros, el iceberg entero, no solo la punta, y luego conocer el iceberg familiar, que es una interacción y una mezcla supercompleja entre los tres icebergs individuales (…) Cuando escucho de algunos colegas que son capaces de hacer una devolución en la primera sesión, digo: me parece legítimo, pero ¡qué prodigios de la naturaleza, ser capaces de poder evaluar y diagnosticar en una misma sesión y con tanta precisión!… porque lo importante no es que diagnostiques, sino que diagnostiques con eficacia. En una sesión, a mí me parece muy arriesgado, porque hay muchas cosas en juego, no solamente que hay dinero, sino que hay ilusiones, tiempo, mucho sufrimiento por parte de la familia y creo que esto requiere que te lo tomes muy en serio (…) Estamos hablando de un trastorno muy complejo, que lleva muchas horas y no podemos hacer -como se está haciendo desde distintos serviciosdiagnósticos exprés. En sesiones de 10-15 minutos están diagnosticando niños de TDAH y esto es una aberración, porque el TDAH es un trastorno crónico que implica una intervención y que, en muchos casos, esa intervención implica una medicación…


P: Hay también mucha desinformación sobre el uso de la medicación en el TDAH, ¿es siempre necesaria?

R: La medicación es un elemento más, o una posibilidad más de la intervención que yo no voy a ejecutar porque yo no soy médico, lo tendrán que ejecutar los médicos, los neurólogos, los psiquiatras o los pediatras, pero hay que ser consciente de las consecuencias, tanto positivas como negativas, que tiene la medicación en un niño de 6 años, claro (…) Lo que sí es cierto es que es una solución estándar porque tendemos a centrarnos más en el humo que en el fuego y no sabemos muy bien qué es lo que ha provocado este fuego. Como yo veo humo, lo que hago es activar los ventiladores para disipar este humo, es decir, pongo en marcha una intervención que sea lo más rápida posible y que haga como si aquí no ocurriera nada. Entonces, aquí, la solución fácil está en la medicación. Yo no critico la medicación, critico la medicación como uso exclusivo de la intervención en niños con TDAH (…) Pero lo cierto es que desgraciadamente es así, que en muchas ocasiones los profesionales, lo que hacemos, es dar respuestas digamos estándar ante problemáticas que son muy diferentes entre ellas.


P: Por último, hablemos de otro mito sobre el TDAH que circula por ahí, porque se oye mucho eso de “de pequeño tenía TDAH”: ¿este trastorno se cura con el tiempo?

R: Es un trastorno crónico, no se cura. Ningún trastorno del neurodesarrollo se cura, el TDAH no se cura, el TEA no se cura, los trastornos específicos del aprendizaje como la dislexia, disgrafía no se curan, la discapacidad intelectual no se cura. Pero ¿podemos amortiguar? Claro, pero eso no es curar (…) El TDAH no se cura, pero si tú tienes las herramientas necesarias, puedes tener una vida normalizada, esto es como el clásico ejemplo que hacemos muchas veces en las formaciones que decimos: “A ver, los que necesitáis gafas, quitáoslas ahora mismo y voy a poner unas palabras en la pizarra, ¿las leéis? No, ¿sois personas incapacitadas? No: lo que pasa es que necesitas el recurso de las gafas, o necesitas el recurso de ponerte en primera fila para que no te descentres... porque todos tenemos nuestras dificultades y puntos a mejorar (…) Esto se nota mucho con niños con síndrome de Down -que también es un trastorno del neurodesarrollo-, o con discapacidad. Se nota un montonazo las familias implicadas, que los han trabajado un montón, que les han dado recursos, y los que no han hecho todo eso… y dices, ¡guau! ¡qué diferencia! ¿Y estos niños tienen sus limitaciones? ¡Claro! Pero como las tengo yo, es que yo también tengo mis limitaciones y tú también las tienes… Lo que hay que hacer es dar recursos y trabajar a nuestros niños.

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