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Cuando el sentimiento de culpa por descansar te arruina las vacaciones

Por Aldara Martitegui - Periodista de Nius Diario.

- 20:39 Para vivir mejor

No le pasa solo a una a dos personas; es uno de los males del siglo XXI y uno de los mayores disparadores del estrés de nuestro tiempo: sentirnos culpables por descansar, por irnos de vacaciones y dejar el trabajo aparcado por unas semanas.

Los expertos en salud mental aseguran que prácticamente todos los autónomos han tenido que lidiar con este sentimiento de culpa alguna vez a lo largo de su vida profesional.

“He de reconocer que me voy de vacaciones casi únicamente porque mi mujer ‘me obliga”, explica Francisco, autónomo y cofundador de una consultora de soluciones ambientales estratégicas…si no fuera por eso, estoy seguro de que seguiría y seguiría trabajando porque uno nunca encuentra el momento de poner límites… cuando estoy de vacaciones intento desconectar, pero el sentimiento de culpa está presente todo el tiempo; que si debería haberme ido menos días, que si a la vuelta de la playa todo va a ser un caos, que si la competencia estará aprovechando para quitarme clientes.

Al final termino llevándome el ordenador de vacaciones y tratando de avanzar en pequeñas cosas en momentos en los que no afecta mucho al resto de la familia”. El sentimiento de culpa también surge en personas que trabajan por cuenta ajena. En un estudio llevado a cabo por Enterprise Rent-A-Car en Europa en 2017, un 31% de los encuestados aseguró que sentían la obligación de mantenerse conectados durante las vacaciones porque es lo que se esperaba de ellos en la empresa y porque si no lo hacían se sentían culpables.


Ociofobia en una sociedad que premia la productividad

¿Qué hace que muchas personas sientan esa culpa por no estar aprovechando permanentemente el tiempo? Vivir en una sociedad que nos transmite constantemente la idea de que tenemos que producir y producir, que nuestro valor personal se mide por cuánto producimos, es el principal caldo de cultivo de este sentimiento de culpa tan extendido y que, en muchos casos, degenera en la llamada ociofobia. También la educación recibida en nuestra familia, en sistemas educativos muy exigentes, o el ser excesivamente responsables y cumplidores, hace que muchas personas sean ociofóbicas y tengan la falsa creencia de que tener tiempo libre es algo deplorable, digno de vagos.

Las personas ociofóbicas tienden a sentirse muy culpables: como si no se merecieran esa libertad o ese tiempo para el disfrute, como si estuvieran perdiendo un tiempo que podrían invertir en algo más productivo.


Tener tiempo libre no es “no hacer nada”

Como decía, en la cultura de la hiperproductividad, está muy extendida la creencia de que tener tiempo libre es sinónimo de no hacer nada relevante ¿Pero es que acaso cuidarse a uno mismo, no es hacer algo importante? Desafiar esta creencia de que tomarnos tiempo de descanso, tener tiempo libre, es algo irrelevante, sería la primera estrategia psicológica para gestionar el sentimiento de culpa por tener tiempo libre. Como apunte, solo decir que el sentimiento de culpa es un mecanismo adaptativo que tenemos todos los seres humanos para regular nuestros comportamientos. Tiene mucho que ver con nuestro “manual interno de conductas”: un libro que casi todos empezamos a escribir de manera inconsciente cuando somos niños.

En él vamos anotando lo que “sí debemos hacer” y lo que “no debemos hacer” en función de lo que percibimos en nuestro entorno como correcto o incorrecto. Ese código personal se convierte en nuestro guardián interno y nos avisa cuando nuestras conductas no se ajustan a ese manual con el desagradable sentimiento de culpa. Pero ¡ojo! Ese manual no es infalible. A veces está construido a partir de falsas creencias que hemos ido integrando desde niños de manera inconsciente, como la de que descansar es malo.

Para poder retar esa creencia, debemos modificar o reajustar nuestro manual interno de conductas. Y podemos empezar haciéndonos algunas preguntas: ¿Puede ser que mi manual interno no sea correcto? ¿En qué me baso para decir que necesito ser productivo todo el día? ¿Es esta una creencia mía fruto de la cultura de la hiperproductividad? ¿Realmente es necesario estar haciendo cosas todo el tiempo? ¿Estar haciendo cosas todo el tiempo me hace sentir bien o simplemente lo hago para escapar del sentimiento de culpa? Además, a muchas personas que han pasado por este reajuste de sus manuales de conductas internas, que se han atrevido a desafiar la creencia de que ‘uno no se puede permitir tener tiempo libre’, les ha venido muy bien conocer lo que dicen los expertos en salud y bienestar sobre la importancia del descanso para paliar los efectos negativos del estrés.

En este sentido es interesante conocer cuál es la relación entre ese sentimiento de culpa por descansar y el estrés que es responsable de muchas de nuestras enfermedades.


Por qué el sentimiento de culpa dispara el estrés

De nada sirve que uno se vaya a pasar dos semanas a una idílica playa, que uno traslade su cuerpo a un bonito lugar de la costa en compañía de familiares y/o amigos, si durante ese tiempo, su mente sigue conectada a las preocupaciones del trabajo. El sentimiento de culpa por no estar trabajando, por no estar aprovechando ese tiempo de descanso para avanzar en el negocio o por haber dejado demasiadas cosas pendientes para la vuelta de vacaciones, lo único que genera, en quien lo sufre, es la imposibilidad de desconectar de la rutina laboral, del ‘modo trabajo’. El sentimiento de culpa se manifiesta en pensamientos del tipo:“irme de vacaciones puede que me haga perder clientes, podría estar aprovechando este tiempo para avanzar mucho en mi negocio, hay mucho que hacer, no debería haberme ido, etc…” Como vemos, son todos ellos pensamientos que nos conectan con el trabajo y nos desconectan de las vacaciones.

El cuerpo puede estar “fingiendo” que está descansando, puede estar haciendo como que está en ‘modo vacaciones’… pero a la mente no es fácil engañarla. Si uno tiene la cabeza llena de preocupaciones (generadas por ese sentimiento de culpa) si uno no tiene estrategias mentales para vaciar la mente de contenido tóxico y para centrarse en el aquí y en el ahora mientras está supuestamente de vacaciones, ya puede pasarse el día en un spa y dándose masajes, que su mente interpretará que sigue en ‘modo trabajo’, que nada ha cambiado. Su mente seguirá estresada porque las preocupaciones y cualquier situación que se nos presenta como peligrosa o amenazante genera estrés, independientemente de que estemos en la oficina o tomando el sol.

Cuando la mente está preocupada y angustiada, libera una serie de nuerotransmisores y hormonas -como la adrenalina y el cortisol- que, discretamente, sin que nos demos demasiada cuenta, van dañando nuestro organismo y afectando a nuestra manera de pensar. La adrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, dilata las vías aéreas y contrae los vasos sanguíneos. Junto con el cortisol -también llamada la hormona del estrés- la adrenalina prepara al cuerpo para luchar, para huir o para o enfrentarse a una situación que se asume como peligrosa.

Pensamientos que suelen acompañar al sentimiento de culpa por descansar como “no debería haberme ido de vacaciones, he dejado mucho por hacer en la oficina, no sé qué va a ser de mi negocio a la vuelta, estar descansando puede que me haga perder clientes” son interpretados por el cerebro como una amenaza, como un peligro… y es entonces cuando el encéfalo da la orden de liberar adrenalina y cortisol.


El descanso: única manera de reducir los efectos del estrés

La adrenalina y el cortisol activan el organismo provocando un aumento de lípidos en la sangre y afectando directamente el rendimiento cardíaco. Por eso decimos que el estrés tiene un efecto en el cuerpo, por eso, situaciones de estrés sostenidas en el tiempo nos puede hacer enfermar físicamente. El organismo queda dañado por ese exceso de adrenalina y cortisol.

Las principales enfermedades relacionadas con el estrés son la hipertensión o presión arterial alta, las enfermedades cardiovasculares, problemas en la piel, digestivos, menstruales, migrañas y cefaleas, trastornos psicológicos y sexuales, así como enfermedades causadas por virus como consecuencia de tener un sistema inmune dañado. En resumen, el proceso sería el siguiente: el sentimiento de culpa por estar descansando -que suele ser fruto de esa cultura de la productividadnos conecta mentalmente con las preocupaciones del trabajo, aunque estemos físicamente de vacaciones. Esas preocupaciones ponen nuestro sistema nervioso en modo alerta y nuestro organismo libera un exceso de adrenalina y cortisol que, si se prolonga durante demasiado tiempo, terminará afectando a nuestra salud física. Por eso es tan importante descansar: para que nuestro organismo se libera durante un tiempo largo de los efectos nocivos del estrés y pueda recuperarse. De hecho, el descanso (hablamos de un descanso efectivo que incluya desconectar mentalmente de las preocupaciones) es prácticamente la única herramienta conocida para luchar contra el estrés. Comprender esta relación, comprender la importancia de descansar para recuperar el equilibrio y la energía y así poder retomar el trabajo de la manera más eficiente, puede ser una buena manera de acabar con ese molesto sentimiento de culpa capaz de arruinar las vacaciones a más de uno.

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