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“Es más fácil que tus hijos sean felices si tú estás tranquilo”

- 23:32 Para vivir mejor

Los alumnos de Miguel López, el maestro de educación infantil y escritor conocido en redes sociales como El Hematocrítico, están acostumbrados a hablar con él de sus ‘movidas’ de escritor: “Mis hijas y mis alumnos están muy metidos en mi carrera de autor de libros infantiles y les hablo de ilustradores, de editoriales y de proyectos… y ellos los disfrutan mucho”, explica.

 

Miguel López es como una caja de herramientas de la crianza: tiene soluciones o propuestas originales para casi todo. Una de ellas es esta que les acabo de compartir: hacer a nuestros hijos partícipes de nuestra vida, contarles nuestras cosas, lo que nos preocupa y lo que nos hace disfrutar. Muchas de estas propuestas, tips, consejos, o como quiera llamarlas, las puede encontrar -implícita o explícitamente- en su último libro -el primero que escribe Miguel López para padres y educadores- ¡Escúchalos! (Paidós 2022).

 

Pero, ¿cómo escucharlos cuando ellos no te cuentan nada? Tuve la suerte de poder compartir con Miguel López en persona esa inquietud de una madre que, recientemente, me comentó que no había manera de que su hija de 12 años le contara sus cosas. “Sé que le pasan cosas en el instituto, me dijo, porque hay días que viene a casa supercontenta y otros que está de bajón total…Pero por más que le pregunto, ella jamás me cuenta nada”.

 

“Es que la comunicación es un diálogo de dos, responde El Hematocrítico. Y, si ellos, en casa, son unos niños a los que los coges, les das la tablet, juegan y no compartes tus inquietudes con ellos…pues ellos, evidentemente, no van a compartir las suyas contigo (…) Tú también les puedes contar: pues tuve una reunión que fue un desastre, hoy tuve un problema y además tenemos que llamar al de las persianas, porque se rompió la persiana del salón… que sientan que forman parte de un equipo, porque realmente una familia es un equipo” explica.

 

En ¡Escúchalos! , Miguel López, hace algo muy necesario e importante a la hora de educar: nos confronta, a los padres y maestros, con la manera en que estamos educando…nos hace preguntas sobre temas que son realmente serios y que pueden ser un poco molestas, sí…pero las hace siempre desde el humor.

 

Pregunta: ¿Cómo consigues que uno, como progenitor, no se siente regañado en absoluto?

 

Respuesta: Es que yo tengo una carrera además de como profesor, como humorista. Empecé con El Hematocrítico de arte y comentando los programas de televisión…Y luego empecé una carrera como autor de literatura infantil y siempre hago textos humorísticos; Es un poco mi manera de ver el mundo…Los humoristas, incluso en el Titanic, cuando están viendo hundirse el barco, encuentran cosas divertidas para comentar y hacer chistes. Bueno, no estoy diciendo que la crianza y la educación sean como el Titanic, pero sí que hay cosas evidentemente muy mejorables y que se puede hablar de ellas; se puede hablar sobre cosas serias con humor y con tranquilidad.

 

P: Hay personas a las que el mismo mensaje de “Hey, a lo mejor hay cosas que, como padre o madre, tienes que revisar porque tal vez no estás tratando a tus hijos con respeto” les llega mejor con este formato humorístico, más liviano y ligero. Los sermones, a muchos, ¿les hacen desconectar?

 

R: Al final yo digo lo mismo, pero sin reñir. Mi creencia es que no existe una manera correcta de criar, que la única manera de criar es en la que tú estás a gusto porque así estás más tranquilo y así hay un clima de más calma en casa. Y es más fácil que tus hijos sean felices si tú estás tranquilo y estás feliz; y si tú crees que debes practicar el colecho, o el baby lift, o lo que sea…dar el pecho todo el tiempo…si esa es tu manera, esa es la manera que es correcta para ti. Y yo no creo que haya una manera que si no lo haces así te vayan a salir los hijos mal, o te van a quitar el carnet de madre o te van a poner en estigma o te van a castigar en el club de madres…o sea no: cada uno es como es e, igual que vivimos la vida cada uno como quiere, tenemos que criar cada uno como sienta que tiene que criar.

 

P: Es como criar desde la coherencia con uno mismo: escuchando tu voz interior en lugar del mensaje que viene de la sociedad sobre cómo tenemos que educar a nuestros hijos…

 

R: Es que, además, ese mensaje que te manda la sociedad, si consultas otro blog, te dirá lo contrario… y en otro te dirán que estás haciéndolo horriblemente mal y en otro te dirán que estás haciendo exactamente lo que tienes que hacer. Efectivamente, tienes que hacer una reflexión y pensar qué es lo que crees que tienes que hacer y hacer eso; porque la vida no es un puzle con una solución, es un menú, en el que puedes elegir lo que quieras y todo está bien. Si el resultado es que tú vas a estar más tranquilo y que tus hijos van a estar más felices, pues eso es lo que tienes que hacer.

 

P: En tu libro hay una idea muy transversal: el adultocentrismo que hay en nuestra sociedad...esa manera tan dañina de tratar a los niños desde nuestra perspectiva de adultos, sin respetar lo que ellos son...

 

R: Parece que los niños y las niñas pertenecen a una especie diferente a nosotros, que son de otra categoría, que son como las orugas y nosotros somos ya las mariposas y, desde nuestra tarima, les estamos como diciendo lo que tienen que hacer, lo que es la vida, y que están a punto de convertirse en la versión final del ser humano que es el adulto. Creo que eso es una falacia, porque ¿Cuándo está una persona completa?, ¿Con 40 años?, ¿Con 20, 60 años? Todos los seres humanos somos completos en el momento en el que estemos. Un bebé de 3 meses es un ser humano completo y un señor de 80 años es un humano completo y hay que aprovechar todo lo que la vida nos permite en cada etapa evolutiva. No le puedes exigir lo mismo a un niño de 4 que a un niño de 12 y no puedes pensar en la crianza de un niño de 4 años pensando que dentro de 2 años va a empezar Primaria y entonces tienen que empezar a leer cuanto antes mejor…porque esa es una carrera que no se acaba nunca.

 

P: Se habla mucho de que los niños de ahora tienen poca tolerancia a la frustración…¿tal vez los que tenemos poca tolerancia a la frustración somos más bien los adultos? porque muchas veces nos empeñamos en que nuestros niños hagan razonamientos de adulto ¡con 4 años!…

 

R: El cerebro de una persona no está completo hasta que tiene más de 20 años y, hay momentos como la adolescencia, en que todo te viene supergrande y todos los sentimientos son a tope, el amor a tope, las crisis a tope, los enfados... El cerebro de los niños es parecido. Cuando tienen una rabieta, los niños no se pueden controlar y tú les estás pidiendo que sean sensatos, cuando su cerebro no tiene esa capacidad de ser sensato, porque está llena de hormonas y de cosas que le están pidiendo que grite para liberarse. Entonces, al juzgarlos con ese prisma volvemos al adultocentrismo. Tú como adulto te preguntas: “¿Pero cómo es posible que esté tirado en el suelo porque quiere un Kinder Sorpresa este niño?” Pues porque no sabe expresarlo de otra manera. Y tú tienes que esperar, acompañarle y enseñarle que ese no es el camino… y ya llegará el momento en que sepa controlarse.

 

P: Otro tema muy transversal en tu libro son las expectativas que los padres tenemos con respecto a nuestros hijos…

 

R: En mi libro intento explicar que hay que pisar un poco menos el acelerador, que hay que ser menos exigentes y más sosegados con la crianza y que no se nos vaya tanto la olla. Criar un niño no es criar un pura sangre, no es formar a un ejecutivo de Inditex del futuro. Al criar un niño, lo que debes intentar es que tus hijos sean felices, que estén tranquilos y que pasen un día feliz y el siguiente también sea feliz. Como nosotros vivimos atrapados en la rueda del estrés, es como que tú [el niño o niña] también tienes que entender la rueda del estrés para poder adaptarte a la vida… y no debería ser así.

 

P: Este estrés que tenemos los padres ¿nos lleva a elegir el camino fácil y cómodo a la hora de educar? Por ejemplo, castigar como manera de cortar rápidamente un mal comportamiento…

 

R: La crianza es una tarea muy exigente y que exige mucho y no vale buscar atajos. El trabajo es ponerte de rodillas, mirarlo a los ojos, tratarlo como un igual, sabiendo que todavía no tiene el cerebro desarrollado y que tiene esas carencias emocionales y afectivas. Yo siempre digo que la principal herramienta para la educación es el respeto. El respeto en un aula… es importantísimo que haya respeto del maestro a los niños y de los niños entre ellos y, si no los tratas con respeto, pues no te van a respetar a ti. Una educación respetuosa viene del trato, de la empatía, del cariño…y te aseguro que tiene mejores resultados que el castigo.

 

P: El título de tu libro: ¡Escúchalos! Es también una invitación a escucharnos a nosotros…

 

R: En el libro también hablo de que tienes que escuchar a la niña que eras tú…a esa niña y pensar: “hombre, ¿a mí me gustaba que me hicieran esto?, ¿a mí me hubiera gustado que en vez de esas horas que yo pasaba en casa jugando con las construcciones o leyendo, que me hubieran metido en clase de guitarra y luego de ajedrez y que luego el fin de semana tuviera la agenda así o asá?, ¿o creo que me hubiera gustado tener más libertad?” Esas son las actividades que yo propongo al final de cada capítulo para establecer un debate.

 

P: Otro tema que tenía que estar en tu libro es el de la tecnología…queremos que nuestros hijos gestionen su relación con las tecnologías de manera saludable, pero nosotros somos los primeros que no sabemos hacerlo…

 

R: Es que es un objeto superinteresante…el móvil, la tablet, los videojuegos, la música, las aplicaciones… y ellos ven a los adultos que están todo el rato con la pantalla…¡es un objeto divertidísimo, maravilloso! Pero en nuestras manos está hacer un uso saludable, también con nosotros mismos, porque ahí está el ejemplo que les damos. Pero tampoco sentirte mal porque lo usen: tú puedes dedicarte a revisar unos correos y que ellos jueguen un poco con la tablet, o que jueguen un rato a la Nintendo Switch o que ven un ratito de series de tele…no pasa nada, no te van a poner una multa ni la letra escarlata.

 

P: No podemos dar la espalda a la tecnología, pero ¿cómo encontrar el equilibrio?

 

R: Desde luego que prohibir las tecnologías las convierten en un objeto de deseo todavía mayor. Los niños a los que sus padres no les dejan las pantallas ni un minuto, cuando van a casa de un amigo, es como una fiesta. Es como si entran en una pastelería y se dan un atracón porque tienen ese deseo… quizás malsano al final (…) Y muchas veces es una herramienta que te echa una mano. Yo no sé por qué tú te vas a comer con tus amigo ¿y en qué cabeza cabe que un niño pequeño tiene que soportar una sobremesa de dos horas? una sobremesa española de charlas sobre política y tal…¿en que cabeza cabe que un niño no va a necesitar algo de entretenimiento? Y puedes llevarle unos libros de pegatinas, puedes llevarle unos libros de pasatiempos, pero eso dura lo que dura. No le puedes tener tres horas haciendo eso… y ahí pues mira, sacas el móvil, le pones el juego que le guste o un capítulo de una serie, y te ha solucionado. Él está contento, a ti te ha echado una mano y punto, no hay nada de malo.

 

P: Muchas veces se nos va de las manos y caemos en la trampa de sacar el móvil para todo porque es un recurso fácil, un “calla niños” estupendo…

 

R: Sí…muchas veces coges la rutina de decir “¡ay fíjate qué fácil! así no me protesta” y, en realidad, estás perjudicándote a ti mismo porque le enseñas que esa es la única manera de estar. Y luego incluso quitas ese rato de comer en familia que es un rato de vínculo y de convivencia muy importante.

 

P: Te voy a pedir un comentario sobre una frase de tu libro que me ha encantado “Que no entendamos lo que está pasando ante nuestros ojos lo único que quiere decir es que nos hemos hecho viejos”

 

R: Es que mi libro es también un manifiesto a favor de ir con los tiempos, de no espantarte porque tu hijo adolescente se pasa en fin de semana quedando con los colegas en el Fornite porque, realmente, ¡está quedando con sus amigos! Tú podías quedar para jugar al escondite, pero ellos están cada uno en su casa, pero están hablando: con los auriculares se están organizando para tomar una base en una isla en el Fornite y no te tienes que espantar, tienes que decir: “pues esto es lo que hay ahora; ahora se juega a esto”.

 

P: ¿Tenemos mucho los padres esto de "en mis tiempos todo era mejor que ahora"?

 

R: Yo estoy muy en contra de la gente que casualmente en su infancia se emitían las mejores series de dibujos, que cuando era adolescente estaban los mejores grupos de música…y ahora crecen y el resto es un desastre ¡y no me vas a comparar a Bob Esponja con la Abeja Maya que realmente era buena!…¿y la música de ahora?, ¡Si es todo ruido, por favor!, donde esté Modestia Aparte…¡eso sí que era un grupo! Esto pasa muchísimo, sí. Y yo creo que hay que abrir los ojos y hay que ir con los tiempos y, las series que se emiten ahora para niños, son increíbles, los videojuegos son maravillosos y tienes mucha suerte de poder disfrutarlos con ellos…El rato que puedes pasar con tus hijos jugando al Animal Crossing, por ejemplo, es una pasada y es divertido y es educativo y puedes hacer un vínculo ahí bonito; hay que saber verlo.

 

P: Si en vez de decir eso de que “nuestros tiempos eran otros y mejores”, nos identificáramos con este tiempo de ahora…¿sería más sencillo conectar con nuestros hijos?

 

R: Completamente y por lo menos no quedarte atrás y ser el energúmeno que está en contra de todo y decirles a tus hijos adolescentes que dónde van con el Bad Bunny ese y que lo bueno es Héroes del Silencio…

 

 


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