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Qué significa vivir en modo piloto automático y cómo desactivarlo

Por Aldara Martitegui. Periodista de Nius Diario.

- 05:09 Para vivir mejor

Uno de los ejemplos cotidianos que mejor ilustra qué es eso de vivir en piloto automático es el de las conversaciones ‘desconectadas’ del interlocutor. Son muy habituales. Ocurre cuando estás en una conversación con otra persona y, de pronto, te das cuenta de que no estás escuchando o que has perdido el hilo de la conversación porque tu interlocutor te sorprende con alguna pregunta tipo: “¿verdad?, ¿tú que piensas de eso?”. En ese momento te cae la ficha. Guauuuu, pero, ¿Dónde estaba mi mente todo este tiempo?, ¿En qué punto exactamente dejé de estar en esta conversación y me fui a otro lugar?, ¿Qué hizo que mi mente se escapara de aquí?

No sé si alguna vez te has preguntado cómo es posible que tu interlocutor no se diera cuenta de que no estabas escuchando y siguiera hablando como si nada. Pues porque, a pesar de que tu mente no estaba presente, tu cuerpo, gracias al fenómeno del piloto automático, estaba funcionando como si sí estuviera escuchando. De hecho, es posible que incluso tu rostro estuviera poniendo gestos de interés o que de tu boca saliera algún que otro “ajá, claro, claro, siiiii” automáticamente mientras tu mente estaba en su propio mundo… planificando, recordando o vete tú a saber dónde.

¿Por qué nos ocurre esto?

Para entender por qué nos ocurre esta desconexión entre mente y cuerpo tan a menudo es necesario saber algunas cosas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. No es que estemos haciendo algo mal, es que la capacidad de funcionar en automático tiene que ver con la naturaleza de nuestro sistema nervioso.

La función principal de nuestro cerebro no es ni pensar, ni reflexionar, ni tomar decisiones: es garantizar nuestra supervivencia. Tu cerebro no quiere que seas ni el más listo ni el más feliz del mundo. Lo que quiere es que sobrevivas. Y es por esto que es tan tacaño y está tan obsesionado con ahorrar energía: porque necesita tener garantías de que va a tener toda la energía disponible en caso de que surgiera una amenaza que pusiera en peligro tu vida.

Tu cuerpo, solo, dirigido por el piloto automático, se acerca a la ducha, abre el grifo y se quita el pijama mientras espera a que el agua esté a la temperatura adecuada

Automatizar ciertos comportamientos rutinarios es una forma de ahorro de energía para nuestro cerebro. Por ejemplo, la rutina de levantarnos por la mañana suele ser siempre la misma. Después de unos días repitiéndola, ya sale sola. No tienes que pensar cada mañana: ¿Qué tocaba después de hacer pis? No, afortunadamente no hace falta. Tu cuerpo, solo, dirigido por el piloto automático, se acerca a la ducha, abre el grifo y se quita el pijama mientras espera a que el agua esté a la temperatura adecuada. Todo esto lo haces sin razonar. De modo que, gracias a esa capacidad de automatizar, el cerebro ha ahorrado mucha energía.

El piloto automático no es malo en sí mismo

En su libro, Subconsciousness. Automatic behavior and the brain (Columbia University Press, 2021) Yves Agid, Investigador en neurobioquímica y fundador del Instituto Internacional sobre el Cerebro de París, señala a los ganglios basales (estructuras primigenias del cerebro) como el nodo fisiológico de la subconsciencia, con un importante papel en el control y la producción del comportamiento automático. Es decir, el inconsciente (donde reside el piloto automático) también tiene una base fisiológica.

Como recalca Bruce Lipton (2005) en su libro La Biología de la Creencia, nuestra mente subconsciente es como nuestro piloto automático y es capaz de captar 20 millones de estímulos medioambientales por segundo vs 40 que puede interpretar la mente consciente. "Nuestra mente inconsciente es por tanto la encargada de captar todos esos patrones y actúa como un adicto buscando esos patrones que le dan seguridad", apunta David Rock (2009) en su libro Your Brain at Work.

Imagina que cada vez que nos subiéramos al coche tuviéramos que reflexionar sobre cada paso del proceso de arrancar el coche y conducir

Lo interesante es comprender que esta tendencia a automatizar comportamientos no es mala en sí misma. De hecho, tiene una función importantísima, que es la de dejar libres (o no usar tanto) otras funciones de nuestro cerebro que requieren un mayor aporte de energía, como el razonamiento lógico o la toma de decisiones. Imagina que cada vez que nos subiéramos al coche tuviéramos que reflexionar y decidir sobre cada paso del proceso de arrancar el coche y conducir: “ahora meto la llave en la ranura, la giro mientras piso el embrague. Meto marcha atrás, miro por el retrovisor, voy soltando el pie del embrague mientras acelero suavemente"…El gasto de energía para el cerebro sería tan enorme que al llegar a la oficina estaríamos tan exhaustos que no daríamos pie con bolo.

Lo malo es que hemos automatizado el uso del piloto automático

Sería estupendo poder elegir cuándo activamos el piloto automático y cuándo nos conviene estar más enfocados y presentes. Pero la realidad es que situaciones como la que explicaba al principio de este artículo (la conversación ‘desconectada’) son demasiado habituales y nos indican que, de tanto usar el piloto automático hemos automatizado su uso. El piloto automático se activa sigiloso, sin aspavientos ni avisos: no nos damos cuenta de que no nos damos cuenta hasta que algo o alguien nos dice “¡oye! ¿dónde está tu atención?” Podemos pasar el día entero en piloto automático. Reconozco que a menudo saco al perro y cuando regreso a casa no sé ni qué recorrido he hecho porque mi conciencia estaba perdida en las profundidades de mi mente y era el piloto automático el que estaba 'usando' mi cuerpo para pasear al perro.

Todo esto se traduce en que nuestro cuerpo hace cosas (demasiadas cosas) guiado por automatismos y no por nuestra conciencia y nuestra libertad. No elegimos; La mayor parte del tiempo vivimos como si fuéramos auténticos peleles. ¿Realmente queremos vivir así? Los expertos aseguran que, aunque en muchas ocasiones creamos que el piloto automático nos facilita la vida y nos hace ser más productivos, la realidad es que vivir así es más una fuente de infelicidad y de sufrimiento que de bienestar.   

“Un cerebro atento al presente, es un cerebro más feliz y más productivo, explicaba el neurocientífico argentino Facundo Manes en una entrevista en NIUS. Y justamente la vida moderna es estar en piloto automático, la multitarea, chequeando las redes, chequeando wasaps…con información que no tenemos ni ganas de escuchar ni de ver en los wasap de grupos…todo eso atenta contra nuestra felicidad”.

Existe otro fenómeno que influye muchísimo y que tiene que ver con la naturaleza de nuestra mente y con su capacidad de seducción.

En este punto surge también la pregunta de si esta tendencia a vivir en modo piloto automático tiene únicamente que ver con que tengamos unas estructuras cerebrales (ganglios basales) que nos lo permiten (para facilitar el ahorro de energía) o si hay otros factores que influyen.

Sí, hay otros factores que influyen y que favorecen muchísimo la activación del piloto automático. Uno de ellos, como apuntaba Facundo Manes, es la enorme cantidad de distracciones externas propias del siglo XXI a las que estamos permanentemente expuestos: léase la tecnología. Pero no es el único; existe otro fenómeno que influye muchísimo y que tiene que ver con la naturaleza de nuestra mente y con su capacidad de seducción.

Cómo la mente te seduce

Al igual que nuestro corazón produce latidos y nuestros riñones producen orina, nuestra mente produce pensamientos todo el tiempo. Los neurocientíficos han identificado la llamada Red Neuronal por Defecto, un conjunto de regiones y conexiones neuronales que, incluso cuando el cerebro está en reposo, siguen mandando impulsos eléctricos de manera masiva. De modo que el cerebro no está diseñado para quedarse en blanco. Está generando pensamientos todo el tiempo independientemente de que seamos conscientes de ellos o no.

¿De dónde saca el cerebro el contenido para crear esos pensamientos? nuestra mente no se basa en recuerdos, experiencias ni vivencias del vecino de enfrente, no. Se basa en las nuestras. ¡Por eso, esos pensamientos nos atrapan y nos seducen tanto! Porque nos hablan de nosotros, de nuestra vida y por eso tienen ese poder de ‘desconectarnos’ de una conversación, atraparnos y llevarnos a otro lugar perdido en lo más recóndito de nuestra mente.

Si trasladamos este modo de estar en el mundo ‘desconectados’ de la experiencia a demasiadas situaciones de nuestra vida, corremos el riesgo de desaprovechar esos momentos y vivencias que sí son esenciales para nuestro bienestar emocional

Uno de los efectos negativos que tiene el hecho de vivir demasiado tiempo en modo piloto automático es que, en vez de vivir la vida, parece que es la vida la que nos vive a nosotros. “Estamos desconectados de nosotros, ese es el gran problema, explicaba la neurocientífica Nazareth Castellanos en una entrevista publicada en NIUS. Estamos completamente separados de nosotros mismos. Estamos acostumbrados a desconectar en cuanto podemos de lo que nos pasa. Estamos desconectados, distraídos constantemente…es eso de lo que siempre la mística ha hablado como el velo. Estar velado. Es estar como distraídos. Y ahora, tenemos muchos más recursos para distraernos, entonces claro, el velo está empoderado. Pero es sobre todo esa sensación de estar desconectado de la vida que vives”.

El piloto automático nos impide conectar de manera consciente con lo que hacemos y con las experiencias que tenemos. Es cierto que habrá momentos en nuestra vida en los que nos resultará útil no estar demasiado presente en la experiencia porque esta no nos aporta demasiado (se me ocurre la consulta del dentista mientras te empasta una muela). Pero si trasladamos este modo de estar en el mundo ‘desconectados’ de la experiencia a demasiadas situaciones de nuestra vida, corremos el riesgo de desaprovechar esos momentos y vivencias que sí son esenciales para nuestro bienestar emocional. Por ejemplo, piensa en esa pausa que haces en mitad de la jornada laboral para tomarte una infusión mientras contemplas los árboles por tu ventana…la idea de es tener una pausa reparadora que te permita disfrutar de tu bebida, contemplar la naturaleza y vaciar tu mente de pensamientos relacionados con el trabajo para desintoxicarte un poco, bajar el nivel de estrés  y recargarte de energía. Claro, si en vez de conectar con la experiencia de la pausa, es tu piloto automático el que prepara la infusión y coloca tu cuerpo junto a la ventana mientras tu mente sigue ensimismada con asuntos estresantes del trabajo, esa pausa no habrá cumplido su función.

El vagabundeo mental nos estresa

Otro de los motivos por los que es perjudicial para nuestro bienestar emocional vivir tanto tiempo en modo piloto automático (desconectados de la experiencia y abandonados al vagabundeo mental o mind-wondering) es que esos pensamientos que tan fácilmente seducen a la mente y sacan nuestra atención del momento presente, son casi siempre negativos. Los expertos coinciden en que tenemos unos 60.000 pensamientos al día de los cuales la mayoría son negativos y repetitivos. Esto significa que nos pasamos la mayor parte del tiempo rumiando: dando vueltas una y otra vez a las mismas preocupaciones e inquietudes, lo cual nos mantiene en un estado de angustia mental constante aunque no seamos conscientes de ello.

De modo que el hecho de vivir durante demasiado tiempo en piloto automático no solo nos impide conectar con el presente gratificador sino que nos facilita que conectemos con lo mental que nos intoxica y nos genera más estrés y ansiedad.

Seguro que has escuchado más de una vez eso de lo importante que es para nuestra salud mental estar más en el presente y vivir en el aquí y el ahora. Apagar el piloto automático y conectar con el presente tiene dos efectos fundamentales para nuestra salud mental porque por un lado nos permite disfrutar de la experiencia y por otro nos permite parar esa rumiación mental que tanto estrés nos genera.

Aprender a desactivar el piloto automático

¿Cómo solucionamos esta tendencia a vivir en piloto automático que tenemos tan automatizada? A muchas personas les resulta extremadamente complicado conectar con el presente y apagar el piloto automático aun conociendo los beneficios que eso tendría para su bienestar emocional. Esto ocurre porque, como decía al principio de este artículo, el piloto automático se enciende sin que nos demos cuenta.

Por eso, en vez de empeñarnos en estar presentes sin saber cómo hacerlo, quizás sea más efectivo empezar entrenando la mente para darnos cuenta de dónde tenemos la atención en cada momento. Una propuesta interesante y muy efectiva es integrar en nuestro día a día el hábito de preguntarnos ¿Dónde está mi conciencia en este momento? Desde la respuesta a esa pregunta es desde donde surgirá la posibilidad de elegir estar en el presente ¿Dónde quiero que esté mi conciencia en este momento?

El 'mindfulness' o atención plena lo que nos enseña precisamente es a no luchar contra estos fenómenos mentales sino a darnos cuenta de ellos, a identificarlos y aceptarlos para desde ahí poder elegir dónde queremos poner nuestra atención

Para integrar el hábito de preguntarte dónde está tu conciencia en cada momento, puedes empezar poniéndote una alarma en el móvil cada hora o cada dos horas, de manera que, cuando suene, te acuerdes de que te toca fijarte en dónde estaba tu conciencia cuando sonó. Si nos hacemos esta pregunta muchas veces al día, en poco tiempo la pregunta surgirá de manera espontánea (el cerebro habrá automatizado la pregunta).

Entrenar la mente para estar presente no tiene que ver con empeñarnos en que el piloto automático no funcione nunca, o en que la mente deje de lanzarnos pensamientos seductores; disciplinas como el mindfulness o atención plena lo que nos enseña precisamente es a no luchar contra estos fenómenos mentales sino a darnos cuenta de ellos, a identificarlos y aceptarlos para desde ahí poder elegir dónde queremos poner nuestra atención de manera intencionada, deliberada. Esa es la única manera de conseguir que el piloto automático no sea el que tome las riendas de nuestra vida.


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