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Adictos a protestar y a los pleitos: qué es la personalidad querulante

Por Aldara Martitegui - Periodista de Nius Diario.

- 22:34 Para vivir mejor

Personalidad querulante suena a chino en nuestro idioma. “Me suena a persona con altibajos emocionales”, comentó una compañera en la redacción… lo cual no hizo más que reforzar mi interés por escribir sobre este tema. El término “querulante” proviene del latín “querulus” que significa “que se queja”.

La persona querulante se queja porque siente agraviado con facilidad, lo cual se manifiesta, en el plano de la conducta, en una tendencia exagerada a protestar y pleitear. Una persona querulante es a la Justicia y a los derechos lo mismo que una persona hipocondríaca a las enfermedades. Si un hipocondríaco ve enfermedades donde no las hay, un querulante ve injusticias y violaciones de sus derechos donde no los hay. Una personalidad muy conocida en el ámbito del derecho Por tanto, tiene sentido que el querulante es un tipo de persona bastante conocida en el ámbito del derecho.

Según José María Torras Coll, profesor asociado de Derecho Procesal de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona la personalidad querulante nos habla de “sujetos de que creen que están siendo objeto de una conspiración, engaño, que son espiados, seguidos, envenenados, calumniados maliciosamente, perseguidos u obstruidos en la consecución de sus metas a largo plazo”. Por tanto, la personalidad querulante inducirá y provocará, de forma compulsiva “litigios judiciales, innecesarios en cuanto carentes de base real”. Torras Coll expone en su artículo este ejemplo ilustrativo: “Un individuo interpone una querella; el Juzgado de Instrucción inadmite a trámite la querella; el querellante formula dos recursos sucesivos frente a dicho Auto que son desestimados los recursos de reforma y de apelación; plantea incidente de nulidad de actuaciones que es, a su vez, desestimado y formula recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional que es inadmitido.

Inasequible al desaliento, a renglón seguido, reclama indemnización por daños y perjuicios al Ministerio de Justicia alegando que el Auto inicial de inadmisión de su querella aludía a la personalidad del recurrente como «querulante», expresión que estima ignominiosa al dañar su honor y dignidad, cifrando el daño nada menos que en 380.000 euros; frente a la desestimación de tamaña peculiar reclamación recurre ante la Sala de lo Contencioso- Administrativo de la Audiencia Nacional que lo desestima y finalmente recurre ante el Tribunal Supremo, que pone fin a ese intrépido periplo judicial con la sentencia de 13 de abril de 2011 (rec.5829/2006) que lo desestima.

El Alto Tribunal responde que el instructor en su resolución se limitó a “hacer mención a un informe de médico forense en el que se afirma que la querellante «tiene una personalidad con leve tendencia a la paranoia dentro de los límites normales, pero que determina una personalidad ‘querulante’.

Es decir, el juez no calificó al recurrente de «querulante » arbitrariamente, por desdén o por capricho” (En Torras Coll, 2021).



La personalidad querula nte desde la psicología

Pero más allá de la Justicia y del derecho -ámbito en el que el término es más conocido- la personalidad querulante tiene un abordaje desde la psicología y la salud mental ya que este tipo de personalidad suele generar malestar, conflictos y consecuencias negativas para todo el entorno de la persona querulente.

Es decir, no solo se trata de una afección psíquica relacionada con las actuaciones procesales. Esta tendencia a pleitear sería en realidad un síntoma más de la personalidad querulante.

La psicóloga Elena Sanz explica en este artículo cuáles son las manifestaciones más habituales de una personalidad querulante.

Se trata de personas que a nivel emocional y cognitivo: Sienten que son víctimas de conspiraciones o engaños, que son perseguidas o espiadas o que alguien obstruye la consecución de sus metas

Tienen un ánimo irritable generalmente acompañado de rabia y descontento. Son hostiles y reivindicativas.

Se siente incomprendidas, calumniadas y perjudicados en diferentes situaciones incluso sin indicios reales de que esto sea así.

Son poco tolerantes a la frustración, incapaces de perdonar agravios y son rencorosas. Sienten deseos de venganza hacia otros. Creen que tienen siempre la razón Todo esto se manifiesta en estas conductas: Suelen mostrar actitudes de sospecha, suspicacia, recelo y desconfianza. Presentan un comportamiento negativista y desafiante.

Litigan y buscan que se imparta justicia para ellos y ser resarcidos de los supuestos daños causados, por lo que acuden a los tribunales con frecuencia. No están disponibles para replantear su postura ni escuchar otras opiniones. Por esto, como ilustraba el ejemplo de Torras Coll, no cesarán hasta que se les dé la razón.

La querulancia como parte de un trastorno de la personalidad paranoide Desde el punto de vista de la psicología, la querulancia puede ser un rasgo patológico que puede darse en el contexto de un trastorno de la personalidad, o incluso en diversos trastornos mentales. Es decir, no se trata de un trastorno mental en sí mismo, sino de uno de sus efectos.

De hecho, estos rasgos pueden estar presentes en diferentes grados sin constituir necesariamente una patología. Sin embargo, si se presentan de forma excesiva y persistente, si este rasgo hace a la persona disfuncional, es decir la persona deja de atender sus obligaciones familiares, laborales o de su propia salud, es probable que se trate de algo más grave: un trastorno paranoide de la personalidad.

De modo que la personalidad querulante o trastorno paranoide querulante, como se conoce en psicología es una dificultad psiquiátrica y psicológica que puede estar dentro de los trastornos paranoides de la personalidad. Sin embargo, no por tener este rasgo de personalidad querulante uno tiene que sufrir un trastorno paranoide de la personalidad.



Qué es el trastorno paranoide de la personalidad

Las personalidades paranoides, como explica J. Vallejo Ruiloba en su libro Introducción a la psicopatología y la psiquiatría (Barcelona, 2011) se caracterizan por la desconfianza, la hipersensibilidad.

“Son rectos, justicieros, racionales y normativos, es decir, rígidos, y propenden a moralizar y a ser muy radicales en cuestiones de orden. Por otra parte, sus relaciones personales suelen basarse en la subordinación, ubican a las personas por encima o por debajo de ellos, y suelen ser desconsiderados y despóticos con los que consideran inferiores y dóciles y obedientes con la autoridad.

Estas personas carecen de flexibilidad y de sintonía afectiva para relativizar los conflictos y acuden a los tribunales a las primeras de cambio, dispuestos a hacer valer su razón formal con tozudez y beligerancia.

Acaban viviendo solos, sin más apoyo social que el que obtienen del medio laboral, aunque lo frecuente es que también litiguen contra la empresa y se enemisten con todos los compañeros de trabajo”.

Los individuos con este trastorno de la personalidad basan sus relaciones y su vida en las sospechas de que los demás le traicionarán, no solo los desconocidos, también las personas más cercanas, como la pareja, familiares o amigos.

Es por ellos que son hipervigilantes y suspicaces con las personas de su entorno, a las que ponen a prueba constantemente, lo cual dificulta mucho las relaciones. Según la National Comorbidity Survey Replication se estima que un 2,3% de la población sufre este trastorno de la personalidad, aunque otras fuentes, como la National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions (APA, 2013) señalan que se trata de un 4,4% de la población.


Tratamiento de la personalidad querulante

La psicoterapia es el tratamiento más efectivo para ambos casos; tanto si estamos hablando de un trastorno paranoide de la personalidad, como de un rasgo de personalidad querulante que es incómodo para el entorno del afectado y poco adaptativo para sí mismo pero que no es patológico.

En cualquier caso, para un profesional de la salud mental será complejo de tratar ya que la persona no tiene conciencia de su trastorno y suelen recibir las sugerencias terapéuticas como amenazantes, lo cual tiende a despertar más suspicacias aún. Esto es más exagerado en el caso de un trastorno de la personalidad paranoide que en el caso de personalidad querulante. Los psicofármacos, a pesar de ser efectivos desde el punto de vista psiquiátrico, están desaconsejados en este tipo de casos porque pueden generar sospechas y recelos por parte del paciente, y esto suele llevar al abandono del proceso terapéutico.

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