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Ismael Cala, experto en desarrollo humano: “El estrés está de moda porque la gente necesita validarse como importante”

Por ALDANA MARTITEGUI (www.niusdiario.es)

- 23:02 Para vivir mejor

¿Es la vida una lucha o simplemente es? Con esta pregunta, no apta para cualquiera, arranca Ismael Cala su último libro, Fluir para no sufrir (Diana 2022). Hay que reconocer que la pregunta es valiente.

Cala se la juega a todo o nada. Habrá quienes se sientan inspirados ante esa invitación a reflexionar sobre el sentido de la vida y decidan continuar. Habrá quienes queden indiferentes y prefieran seguir en su inercia. Todo está bien. Como dice Cala; la pandemia ya nos dejó claro que solo despiertan aquellos que están listos para despertar.

Este periodista de origen cubano “despertó” cuando estaba en la cima de su carrera televisiva presentando el exitoso Show de Cala en CNN en Español. Por fuera todo era perfecto, pero la realidad es que él se iba a cada noche a la cama con un gran desasosiego: “Me iba con una sensación de no saber si al final estuve contribuyendo o aportando algo, o siendo un recitador de panfletos, titulares ya gastados durante todo el día”.


Hace ya casi 50 años que Mihaly Csikszentmihalyi formuló la teoría del flow. Muchas cosas han cambiado desde entonces. ¿Cómo aterrizamos esta teoría en el siglo XXI para sufrir menos?

Fluir para no sufrir viene de un concepto de cómo manejo mi energía y cómo gestiono mis situaciones de vida. Es muy práctico y pragmático. Fluir no es aceptar tácitamente sin posibilidad de cambio algo que me sucede dentro o fuera. Fluir no es tirar la toalla, fluir no es abandonar. A mí me gusta decir: “si te cansas descansa, no abandones”. Pero para no abandonar no te puedes desgastar. ¿Y qué pasa con los seres humanos? Está demostrado que el cerebro no es multitarea, simplemente puede cambiar rápidamente un punto de enfoque, o puede simultanear dos tareas cuando una ya está totalmente subconsciente, en automático y la otra se está haciendo con presencia. Por lo tanto, si yo tengo una energía, que es indivisible, si yo la uso para no fluir, que es lo mismo que resistir, estoy usando mi energía como fuerza bruta ofreciendo oposición a esa fuerza… y eso crea desgaste. Ahí no hay cambio porque me desgasto en el intento. Si yo me relajo y digo: “esta situación es la que es en este momento, pero no me gusta, la quiero cambiar”. Me relajo, uso mi energía vital para activar mi máquina pensante y la imaginación y diseñar una estrategia de cambio.


Esto significa que si vivimos en modo resistencia es imposible sacar todo el potencial que tenemos…

Cuando estamos tensos, la sangre no irriga al cerebro pensante, solo va a la base del cerebelo que es el cerebro primitivo, instintivo, reptiliano. Entonces, estamos en supervivencia y nos quedan tres opciones: pelear, huir o congelarnos ante la amenaza o el peligro. Ahí no estamos fluyendo, ahí estamos resistiendo y no va a haber progreso. Va a haber desgaste. Por eso yo le digo a las personas: el fluir no es quedarme con la mediocridad y vivir en lo que no me gusta; no. El fluir es usar mis inteligencias y la fuerza serena para diseñar el cambio estratégico que quiero logar en mi vida. costará un día, una semana, tres años, diez, pero lo vas a lograr. Serénate para que seas más creativo.


El estrés está a la orden del día…es fácil llenarnos de razones para no encontrar el tiempo que necesitamos para cultivar nuestro interior.

Está hoy muy de moda hablar del estrés: estoy estresada, estoy estresado…yo siento que el estrés se ha puesto de moda porque la gente necesita validarse como importante. Y claro, cuando tú dices: “estoy ocupado” suena que eres muy importante, imprescindible. Pero yo digo a las personas: si tú quieres saber cuán importante eres, muérete hoy. Si te mueres hoy, verás que tu duelo tiene fecha de caducidad y que tu silla, en el lugar que te parece que eres casi imprescindible, va a estar ocupada en muy poco tiempo. Entonces, lo más importante de la vida no es lo que haces afuera, sino el tiempo que dedicas a -como decía el oráculo de Delfos, Sócrates o Shakespeare- conocerte a ti mismo. Esa es la verdadera asignación pendiente que tenemos.


¿Qué beneficio tiene conocerse bien a uno mismo o una misma?

Si yo me conozco, cada vez me acepto mejor, porque nadie puede amar realmente lo que no llega a conocer. Por eso hay tanto vacío existencial en muchas personas que están muy bien vestidas, maquilladas, de marca, tiene autos de lujo, mansiones y yates, pero adentro son indigentes espirituales porque la verdadera paz, la verdadera felicidad está aquí, en el corazón ni siquiera está aquí, en la mente. Esto la mente es una construcción lingüística, subjetiva del mundo, pero aquí, en el corazón, no hay engaños, aquí, cada uno sabe -cuando hace silencio y cuando cierra sus ojos- si hay paz o hay un torbellino de desasosiego. Eso es lo que uno tiene que cultivar: este órgano el corazón que se expande cuando tú estás en paz. La paz no te la da nada ni nadie, es un reclamo y una disciplina que todos los días tenemos que priorizar.


Uno de los 11 principios del modelo de liderazgo que propones en tu libro es precisamente la espiritualidad, que tú defines como la necesidad del ser humano de estar conectado con algo más grande que él mismo, con lo divino, con una nobleza excepcional…

Sí, espiritualidad práctica y cotidiana, no demasiado mística y esotérica. La espiritualidad para científicos, ¿ves? Porque los científicos viven como un paradigma que es bastante limitante. “Yo hago ciencia” dicen, pero yo entiendo que la ciencia está limitada hasta donde podemos llevar instrumentos y tubos de ensayo que puedan probar lo que ya existe, pero que todavía no puede ser tangiblemente probable. Yo amo la ciencia, pero no vivo con su paradigma, porque el paradigma de la ciencia es ver para creer y el paradigma de los visionarios es creer para ver. La espiritualidad une la ciencia y lo mágico y lo místico que existe, pero yo no lo puedo tocar o percibir. ¿Qué cosa es espiritualidad en el ser humano y por qué todos somos seres espirituales? Porque este cuerpo, que es materia orgánica, tiene un ente que lo rige que no es materia, que es energía. Y lo dijo Albert Einstein: “la energía es la entidad gobernante sobre la partícula, entiéndase la materia”.


¿Qué es entonces el espíritu?

El espíritu es esa energía que nosotros recibimos. La ciencia todavía no ha podido explicar el soplo divino, que es el momento en que el feto de un bebé y su corazoncito incipiente recibe ese primer latido que le da vida propia a ese bebé en formación. Ningún científico que te va a poder decir o decirle a la mamá: usted espere que a la semana tal, día tal, hora tal, segundo tal, el corazoncito de ese bebé empieza a latir: nadie. Porque hay cosas que todavía la ciencia no puede explicar y que entran en el terreno de lo divino, de lo sagrado, de lo inexplicable. El que no reconozca que dentro de sí hay ese regalo de una espiritualidad profunda, pues está viviendo bajo la densidad de la ley de la gravedad… y créeme que esa no es la dimensión a la que nosotros nacimos para explorar. Hay otra mucho más elevada: es el espíritu…


El éxito de libros como los tuyos, en los que hablas sobre la posibilidad de transformación que hay dentro de cada ser humano, ¿Crees que es señal de que estamos en un momento de despertar de conciencias?, ¿piensas que la pandemia ha podido tener algo que ver en esto?

Siento que la pandemia ha sido una pausa forzada para darnos esa posibilidad de mirarnos hacia dentro. Sin embargo, lo que pasa es que el despertar ha sido en algunos, no en todos. Porque fíjate que la pandemia fue un experimento social: sacó la esencia y el néctar del que cada cual estaba hecho hasta el momento en el que nos sorprendió la pandemia. Nadie puede dar algo que no tiene dentro. Tú no puedes exprimir una naranja y esperar que salga el zumo de piña, porque no va a ocurrir. Los seres humanos, en el momento en que el mundo se paraliza y nos contrasta con la realidad de estar en cuarentena, enfrentándonos parejas que vivían adormecidas y se veían pocas horas, y ahora se tiene que ver y convivir con los hijos y decir: ahora sí, no hay escape, ahora me toca confronta lo que no me gusta del otro y lo que no me gusta de mí en relación con el otro porque somos espejos que no pueden voltearse. Eso hizo que cada quien se permitiera sacar el néctar que llevaba dentro.


¿La pandemia sacó lo mejor y lo peor de cada uno?

Yo digo que es como que la pandemia nos exprimió y, si tu jugo interior era agrio y ácido, eso fue lo que el mundo vio. Y si tu jugo interior viene de un cultivo de amor, compasión y generosidad, eso fue lo que el mundo vio: las mieles que llevas dentro. Entonces, en la pandemia despertaron los que ya venían a despertar. Otros resintieron la situación en la que estaban cuando llegó la pandemia y lanzaron más de su mala vibra al mundo. Fíjate si es así, que en muchos de nuestros países hay gente que abucheó a los médicos y enfermeras que no querían que regresaran a sus edificios a contagiarles con el virus, cuando ellos estaban exponiendo sus vidas salvando a los otros…¿cómo tú puedes imaginar eso? pero sucedió, por eso te digo: fue un despertar solo para los que estaban listos para despertar.


Por una cosa o por otra, a todos nos afectó de alguna manera…

R: Lo que yo sí pienso es que a nadie dejó indiferente la pandemia. A todos nos hizo poner un espejo al frente y decir: ¿quién soy?, ¿cómo veo el mundo?, ¿dónde están mis prioridades?, ¿qué me tocaría hacer mejor a partir de ahora? Algunos aprendieron la lección, otros se anestesiaron, evadieron la realidad y no evolucionaron… ¡Y están ahí! Pero la verdad es que yo creo que a todos nos dejó secuelas, a todos nos está dejando aprendizajes y algún tipo de molestia de a ver qué hay que seguir procesando y qué se movió ahí dentro durante estos dos años.

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