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FOTOS Y VIDEOS | El drama de una familia que perdió a ocho miembros por el Covid-19

Todas las víctimas fallecieron sin saber que, a la vez, se fueron apagando las vidas de una madre o de un hermano.

- 08:58 Policiales

Antonio, Griselda, Walter, Oscar, Celia, Ricardo, Noemí y Humberto son víctimas fatales del coronavirus, miembros de la familia Saravia. Ocho vidas arrebatadas por la pandemia en Monte Quemado, Copo. Más allá de las lágrimas, los Saravia conjugan hoy una sola acepción redentora: “No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se sienta”.

Ocho víctimas apagadas en un solo grupo familiar es excepcional en el mapa nacional. Marta y Marcela recibieron a EL LIBERAL en casa de la primera.

“Estoy con psicólogo porque perdí a dos integrantes directos de mi familia”, relata Marcela “Lloro mucho y sé por cierto que ahora mismo hay seres queridos hasta con depresión”.


En un corazón que dejó de latir, el legado de los nueve Saravia quedó en suspenso en las tétricas nueve cruces que recuerdan su paso por la tierra en el cementerio local. “Estamos procesándolo todo. Pasé de las lágrimas a la necesaria fortaleza.

También tuve Covid-19 hace tres meses. Me quedó tos, pero al olfato lo recuperé pronto. Me quedé sin madre y abuela, pero mi esposo, mis hijos y Dios me inspiran a recordar lo bueno por encima de lo malo de sus muertes”, sostiene Martita.

Entre lágrimas, o con alguna sonrisa al evocar ocurrencias de las víctimas cuando la lozanía y la salud eran su mayor patrimonio, Marta y Marcela desgranan caso por caso de los que ya no están.

1- Antonio Amado Saravia, 70 años. Murió el 9 de diciembre del 2020 por Covid-19 en Monte Quemado.


2- Griselda Pache de Saravia, de 68 años. Enfermó la última semana de abril del 2021 y falleció el 8 de mayo. Estuvo internada en un centro privado de Quimilí, Moreno. “Era mi madre y aún la lloro porque no merecía terminar sus días así”, lamenta Marcela.


3- Walter Abraham Saravia, de 47 años. Hijo de Griselda. Padecía retraso madurativo y su mente podría compararse con la madurez de un niño de 8 años. Enfermó a los pocos días que su madre y dejó de existir el 20 de mayo en Tucumán. Nunca supo que murió su mamá. “Fabricaba vasitos, los vendía y con eso se ganaba la vida”, complementa Martita.


4- Oscar Saravia, 67. Propietario de una farmacia y una cochería (funeraria) en Monte Quemado. Enfermó en junio y dejó de existir el 12 de junio en la provincia de Tucumán. Por protocolo, ni siquiera su funeraria pudo tributarle el último adiós. Años atrás, vio morir a su hija en forma trágica y mucho antes, también de modo trágico, a su hermano.

Recuerda su entorno que antes de ser entubado, Oscar contempló a los ojos a su familia y dijo irónico, como una ¿despedida?: “Que se haga agua el helado”.

5- Celia Jiménez de Saravia, 94 años. Abuela-mamá de Marta Saravia. Enfermó el 5 julio y falleció el 12 de julio. Sus últimos días los pasó en su casa del B° Centro Sur.


6- Ricardo Antonio “Pache” Saravia, 51 años. Enfermó el 9 de julio y murió el 18 del mismo mes. Era maestro y carpintero y amante de la vida sana.


7- Noemí Mabel Saravia, 66. Madre de Marta Saravia. Enfermó el 5 de julio y falleció el 5 de agosto. No quería ser hospitalizada, hisopada, menos entubada. Tenía miedo, pero luchó como una tenaz guerrera, con oxígeno que su familia adquiría en Chaco.

Ya con el mal agudizado, la trasladaron a Tucumán con neumonía bilateral. Cuando todo indicaba que le ganaba la pelea al Covid-19, le habría ingresado a sus pulmones una bacteria. Y la muerte le ganó la pulseada.

8- Humberto Saravia, 67. Enfermó a mediados de julio y falleció el 23 de agosto en la vecina provincia de Tucumán, tras más de un mes de internación. A esta lista, la familia agrega a Hugo Nizan Saravia, 72 años. Oriundo de Monte Quemado que viajó a Tucumán y luego, con el país ya aislado por el Covid-19, enfermó de cáncer y falleció el 26 de mayo del 2020. Las primas reconocen que su tragedia “arrastró a la depresión a su entorno directo”. 

Invasivo e imperceptible, pero con efectos devastadores

El Covid-19 se asemeja a un monstruo netamente invasivo, casi difícil de prever sus efectos porque todo pareciese relativo e imperceptible, ni siquiera deducible desde un x patrón.

“Desde que empezó este horror, hemos asistido a muchos familiares enfermos. ¿Sabe?, mi esposo Marcelo siempre me dijo y lo repite: “No me voy a enfermar porque eso está en la cabeza. Bajamos las defensas al llorar y no se puede vivir así. Hoy es tiempo de actuar, no de llorar”, asegura. Añade Mar tita que al agravarse el cuadro de salud de su madre, con su esposo partieron a la vecina provincia. “También ahí se enfermó el hermano de mi madre. Mi marido era el que tenía que llevarlo desde la casa, al hospital. Y no se enfermó, gracias a Dios”.

Hay una corriente de la medicina con su propia teoría. Las muertes quizá tengan una respuesta al desandarse la historia de los Saravia-Slamen y trasladarse a su país de origen. Es decir, adentrándose en lo medular de su genética. “Como sea”, reflexiona Martita, “elijo aferrarme a la vida y seguir de pie”. Visiblemente emocionada, evoca el último día de su madre. “En su lecho ya muy hinchada y mal, asumí que era crudo pedirle a Dios que se quedara en esas condiciones, ya que representaba más y más sufrimiento para ella”.

Profundiza: “Lo que me salió del corazón fue decirle: Gracias por todo madre. Vete en paz, vete con Dios, seguiré el camino que me diste. No sufras más y ve en paz porque voy a estar bien.”, enfatiza. 

El primer Saravia era en realidad Slamen y se vino desde Turquía en barco

Hace más de un siglo, el bisabuelo -“el patriarca”- de la familia Saravia había venido en barco a la Argentina escapándole a un conflicto bélico en Turquía.

El apellido original no fue Saravia, sino Slamen, pero al descender del barco el primer empleado aduanero insertó el apellido Saravia y, con ello, nació de nuevo el inmigrante. “Vamos por la quinta generación. Tenemos parientes en Santiago, en Tucumán y en Jujuy”, señala Martita. “Somos muy unidos. Mis primas me llaman a diario y nos tenemos al tanto de todo. Es más, todos los días rezamos por las nueve noches ante la muerte de nuestro tío Humberto Saravia”.

La tecnología es la preciada aliada. Todos encienden sus celulares, o bien sus computadoras. Y una de las primas de Tucumán reza el rosario, junto a todos los Saravia. “Entre lágrimas y alguna sonrisa recordamos a nuestros seres queridos”.

Sin embargo, también suele sobresaltarlas una inequívoca ambivalencia. La percepción de la familia Saravia no es homogénea. Algunas primas de Tucumán contemplan la pérdida de ocho parientes “como algo anormal. Nos han hecho un mal”, suelen conjeturar. Otros están golpeados por la depresión y un cimbronazo emocional. Martita prefiere aferrarse a Dios y al amor de los que siguen vivos, pero sí reconoce que el proceso a esta última estación, “he derramadomuc has lágrimas. Cuando no podía más, iba a la casa de mi madre y lloraba en soledad”.

E.L - ¿Es triste que se hayan ido?

M.S – “Sí, pero más hermoso aún es que hayan estado...”.


Cuatro puntos que explican la realidad del Covid-19 en la zona de los Saravia


VACUNAS: Noemí, Oscar y Humberto habían recibido solo una dosis, indicó Martita.

POSITIVOS: Los números en Salud permiten sincronizar las medidas preventivas en Monte Quemado. Según fuentes oficiales, del 1 al 7 de julio se registraron 66 casos positivos; del 8 al 14, 82 contagios; del 15 al 21, 90; del 22 al 28, 73 casos; del 29 de julio al 4 de agosto, 57 casos; entre el 5 y 11 de agosto, 73 casos; del 12 al 18, 62 positivos y del 19 al 25, 87 casos de Covid-19.

PREVENCIÓN: Las autoridades continúan vacunando a la población. También, se realizan más hisopados a domicilio. Arribaron numerosos policías para reforzar las medidas de seguridad y los puestos de control. La circulación termina entre las 21:30 y 22. Pero hay un puesto de control estático en los accesos a la ciudad entre las 23 y 6 de la mañana.

TRABAJO: Hay familias reticentes al hisopado y al aislamiento. En especial, trabajadores (hacheros) que subsisten de “changas” diarias. l

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