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Análisis del discurso presidencial: Opinan Morales Solá, Berensztein, Marangoni, Fornoni y Burdman

- 02:41 Política

Sergio Berensztein: “El Presidente continúa eludiendo los temas que preocupan a la sociedad”

El analista político Sergio Berensztein realizó un estudio sobre el discurso del presidente Alberto Fernández en la apertura del 139º período de sesiones ordinarias del Congreso, en el cual “el mandatario cargó contra la oposición, criticó con dureza a la Justicia”, pero también “sigue eludiendo los problemas que más preocupan a los argentinos, como la inflación y la inseguridad”. En un estudio realizado desde su consultora se identificó los términos más utilizados por el Presidente.

Destacó que “en esta oportunidad, apareció la palabra ‘pandemia’ entre las más utilizadas (mencionada 25 veces por el presidente Fernández). Evocó la cuestión de la pandemia por coronavirus para remarcar los desafíos a los que el Frente de Todos debió enfrentarse. No eludió la cuestión de los vacunados VIP, pero lo hizo sin mencionar a Ginés González García o a cualquiera de los privilegiados que recibieron la Sputnik saltándose la fila”. Apuntó que “términos como ‘producción’ (16), ‘desarrollo’ (24), ‘recuperación’ (11) y ‘trabajo’ (19) aparecieron de forma reiterativa.

“Todas estas ideas y conceptos se engloban en una motivación única: el gobierno necesita mostrar un camino de optimismo y recuperación económica en el marco de las elecciones legislativas y luego del duro golpe que implicó el 2020”.

Señaló Berensztein que “otro de los términos más utilizados fue el de ‘justicia’ (18 veces mencionado). El presidente Fernández utilizó un largo apartado de su discurso para criticar a la Justicia en duros términos”. No obstante agregó que “a pesar de que representa la mayor preocupación de los argentinos, el Presidente tocó el tema de la inflación de forma vaga y sesgada (la mencionó en 4 oportunidades)”.

Por otro lado, “el segundo tema que más preocupa a los argentinos es la inseguridad, de todas formas, tampoco fue un tema de relevancia durante su discurso. Así, el gobierno sigue eludiendo los temas que más preocupan a los argentinos: inflación y seguridad”.

Dra. Mariel Fornoni: “En todo el discurso de dos horas no aludió a la corrupción”

La directora de la consultora Management&Fit, Dra. Mariel Fornoni analizó para EL LIBERAL el discurso del presidente Alberto Fernández y señaló que el mandatario pasó de la moderación a la radicalización e incluso al enojo en su discurso, sin realizar ninguna alusión a la corrupción.

“Si bien al comienzo y al final trató de hacer un discurso un poco más moderado, la sustancia tanto en sus gestos como en lo que expresó fue bastante radicalizado, a punto tal que Cristina lo tenía que parar con la mano para que no se enojara”, indicó la analista.

Señaló que “alguno de los puntos que abordó tienen que ver fundamentalmente con volver hacia atrás con el FMI, con la denuncia penal a quienes intervinieron en el tema de la deuda, cosas que tal vez se hubieran tenido que plantear el año pasado cuando asumió y no un año después cuando negocian la nueva deuda”.

Puntualizó que “una cosa para resaltar es que en casi todo el discurso de casi dos horas no mencionó en ningún momento la palabra ‘corrupción’ y la verdad es que hoy la primera preocupación que sale en todas las encuestas de la gente espontáneamente, es la corrupción”.

Destacó que “si uno mira cuál es el factor común de todas las marchas que hizo la oposición a este Gobierno, ya sea por las vacunas, sea por Báez, sea por lo que fuera el factor común es la corrupción y no hizo ninguna mención al tema, me parece que ése es un punto importante a tener en cuenta”. Sostuvo que si bien “trató de hacer un mea culpa, sonó a poco, pero por otro lado también estaba Cristina sentada al lado y todos sabemos que el tema de Lázaro Báez la toca directamente. A veces es muy difícil ser equilibrista entre un Fernández que fue elegido y era un poco más moderado y la interna que tiene dentro del propio Frente. Me parece que así como Cristina fue adelante sin el barbijo y él con el barbijo atrás, es un poco lo que muestra cómo se da la relación”.

Para Marangoni, Fernández le “marcó la cancha” a la oposición

El reconocido politólogo Lic. Gustavo Marangoni sostuvo que el mensaje del Presidente generó expectativas por tratarse de un año electoral y que por eso se esperaba que el mandatario “marcara la cancha” a nivel político.

“Y no hay acto más político que elegir el adversario y desde hace años hay dos coaliciones que se vienen eligiendo como adversarios, Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Hoy el Presidente al mencionar más de una vez al expresidente Mauricio Macri y al hacer referencia a los sectores más fuertes de la oposición, más antagonistas, de alguna manera recoge el guante y también plantea que del lado del Frente de Todos, habrá un mensaje enérgico en áreas que definió como fundamentales: deuda, Justicia, y todo lo que tiene que ver con distribución de riquezas”, analizó en diálogo con Radio Panorama.

Sobre la denuncia que interpondrá contra Mauricio Macri por la toma de deuda en su gobierno, Marangoni utilizó términos futbolísticos para graficar lo que será este año electoral: “Ahí le anticipó que el partido será áspero y de cancha embarrada”. “Creo que esto, por supuesto a lo mejor hay ciudadanos que les genera estrés o cierta ansiedad esta situación, pero hay otros que ya se manejan con mucha comodidad en este terreno y porque les resulta conocido y porque garantiza algo adicional en lo que también están de acuerdo, en que no quieren terceros. No creen en el poliamor, acá hay una pareja que no admite más que dos. Juntos por el Cambio de mano de sus halcones, Patricia Bullrich, Iglesias, Cornejo, no quieren que se les vaya nadie por derecha”, expuso.

“Ahora -advirtió-, toda estrategia tiene un riesgo. Si te corres mucho a la derecha para que no se te vayan por ese lado, puede que los del centro digan que ‘es mucho para mi gusto’”.

En tal sentido, destacó que Horacio Rodríguez Larreta no dio un mensaje de tanta confrontación, y que por eso algunos en Juntos por el Cambio, “lo tildan de tibio; y que es algo que le recriminan también al Presidente, quienes están muy identificados con el kirchnerismo”.

Julio Burdman: “El Gobierno asumió que éste no será el año de la recuperación”

El analista político Julio Burdman, se refirió al discurso del presidente Alberto Fernández al Congreso de la Nación en la apertura de sesiones e indicó a EL LIBERAL que “lo más destacable es que fue un discurso de crisis. Alberto Fernández lidera el ‘gobierno de la pandemia’, y su discurso realizó un balance de doce meses de emergencia sanitaria y socioeconómica, con todas las medidas que se tomaron para mitigarla”.

No obstante, advirtió que “el segundo punto fue la recentralización de la gestión de Macri como responsable de la situación económica nacional”. En este punto, detalló que “da la impresión de que el gobierno asumió que éste no va a ser el año de la recuperación; más bien, será el año del impacto de la crisis. Y es por eso que puso al endeudamiento en el centro de la explicación”.

Agregó que “esto implica, obviamente, una mayor confrontación con la oposición, y el comienzo de una campaña electoral en la que no se van a discutir logros, sino culpas. Todo ello no impidió que Alberto Fernández ennumerase las medidas y proyectos de su gobierno para facilitar la reactivación, pero no fueron el núcleo conceptual de su discurso”.

Puntualizó además que “otro párrafo merece la reforma judicial, tema preferido de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Pese a que no es un tema prioritario de la opinión pública en un contexto de inflación y depreciación de los ingresos. El ausente del discurso fue un horizonte de mejora económica: la parálisis de la economía y sus impactos en los bolsillos es el tema principal de la agenda pública argentina”.

Sabsay: “El Presidente avanza en el plan de impunidad para su jefa”

“El discurso del Presidente en relación con la Justicia es un verdadero agravio a la República, no entiende definitivamente que él no se puede inmiscuir en cuestiones judiciales, porque el artículo 109 de la Constitución se lo prohíbe expresamente”, sostuvo el constitucionalista Daniel Sabsay en diálogo con EL LIBERAL, al referirse a la embestida de Alberto Fernández al Poder Judicial, durante su mensaje.

“Además, pretende que el Poder Legislativo revise la actuación de la Justicia, es algo absolutamente imposible, inconstitucional. El Poder Legislativo interviene en el control de la Justicia cuando dicta las normas de organización del Poder Judicial, pero no después controlando sus fallos, estamos todos locos”, cuestionó.

“También agravia a la República -sostuvo-, cuando se le ocurre nuevamente plantear un tribunal intermedio, que el único sentido que tiene es degradar a la Corte suprema y permitir que aquellos juicios que sean por recursos extraordinarios, por precisamente, gravedad institucional, derivada de decisiones que sean contrarias a derecho, sean revisadas las decisiones de la Corte por tribunales inferiores. Eso es una locura”.

“Es decir, el Presidente, avanza en el plan de impunidad, porque en todas esas cuestiones, lo que se quiere es asegurar la impunidad de la vicepresidente y de sus secuaces. No por casualidad la tenía al lado controlándolo y mirando qué es lo que decía, tuvo que hacer buena letra para que la presidenta no lo reprenda. Muy grave, extremadamente grave, está en riesgo la república”, lamentó.

Y también aludió al tema del Vacunatorio VIP y un pedido de perdón del mandatario que no llegó. “Pinocho no se disculpó, dejó clara su voluntad de dinamitar a la república para asegurar la impunidad a su jefa”, disparó.

Joaquín Morales Solá: Adiós a la promesa de abandonar la grieta

Los estilos y los detalles son lo de menos. El trazo grueso del discurso de Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa fue un boceto perfecto de las posiciones de Cristina Kirchner. El Presidente la sigue reconociendo como su jefa. Es una anomalía del sistema presidencial argentino que nadie sabe cómo ni cuándo se resolverá, si es que algún día se resuelve. La obsesión con la Justicia y con los medios periodísticos no era la obsesión de Alberto Fernández. Ahora lo es. Más previsible para cualquier observador atento de la política fue la elección de Mauricio Macri como el adversario. El poder político tiene también la facultad oculta de designar a su adversario. Ya lo hicieron Cristina Kirchner con el propio Macri, y Macri con la propia Cristina. Cristina lo ninguneó a Daniel Scioli para colocarlo a Macri en el centro del escenario. Macri siempre quiso confrontar con ella en la suposición vana de que la expresidenta resultaría perdidosa. Frenó, así, el proceso de renovación del peronismo, aunque no haya sido ese su propósito. A los dos les salió mal esa treta repetida. Al final, terminaron encumbrando al adversario que más detestaban.

Desde el primero hasta el último párrafo de su interminable discurso, el Presidente se encargó de flagelar al gobierno de Macri. Cada mención al presente tuvo su consecuente referencia al pasado macrista. Cada anuncio fue confrontado con lo que supuestamente hacía o dejaba de hacer Macri. Habló de Macri hasta cuando tomaba agua. Muchos datos fueron manipulados. En algunos casos se olvidó de la historia completa, como los zafarranchos de la economía que dejó Cristina en 2015. En otros, hacía comparaciones con la economía del año 2019, que fue la del déficit cero al que lo obligó al expresidente su acuerdo con el Fondo Monetario. En algunos, pocos, tuvo razón, como cuando Alberto Fernández recordó con precisión el plan de pagos que Macri pactó con el Fondo Monetario. Impagable. 44.000 millones de dólares en apenas 3 años. Siempre ese crédito estuvo hecho, aunque nadie lo aceptó nunca, para ser refinanciado, aún en el caso de que Macri haya sido reelegido en 2019.

Alberto Fernández no es un neófito en política, y menos en política electoral. Sabía lo que estaba haciendo. Estaba mostrándole al público antikirchnerista quién es el referente de ese sector de la sociedad. Nunca se refirió ni aludió a Horacio Rodríguez Larreta o a María Eugenia Vidal, que tuvieron importantes funciones durante el gobierno del viejo Cambiemos. Es una decisión política y electoral. Aún así, sus palabras chocaron de frente con su promesa de abandonar la grieta. Profundizó todavía más lo que ya es un abismo que separa a cerca del 40 por ciento de la sociedad, si se juntan los dos bandos enfrentados. Llamó la atención que al final apelara al acuerdo y la unidad, justo cuando terminaba su discurso más confrontativo con la oposición. ¿Otra contradicción más en su camino de incoherencias? ¿O fue también un mensaje electoral para los argentinos que detestan la grieta? La última alternativa es la más probable.

El otro enemigo es el Poder Judicial. Pudo ser (y seguramente lo fue) un gesto de solidaridad con su socia y vicepresidenta, que la tenía al lado con cara de cansancio por la extensión del discurso. Los discursos largos son propiedad de ella, no de Alberto. Ella es la gran oradora de la política argentina, no su delfín. Detengámonos con todo en el tema de la Justicia. El objetivo está claro: vaciar de poder a la Corte Suprema de Justicia, a la que zamarreó como pocas veces se vio ni se escuchó. Ni siquiera Cristina fue, en sus discursos en el Congreso al menos, tan agresiva con la cabeza del Poder Judicial. La creación de un supuesto tribunal de garantías está dirigida precisamente a recortarle poder a la máxima instancia de Justicia del país. Pero la idea tiene un problema insalvable de origen: es inconstitucional. La única instancia judicial que está en condiciones de decidir definitivamente si se respetaron -o no- las garantías constitucionales durante un proceso es la Corte Suprema. Por lo tanto, todos los casos que vayan a ese tribunal de garantías terminarán también la Corte Suprema. Más burocracia judicial y más dinero del Estado para no lograr nada.

Es, además, otra contradicción del Presidente. Ayer dijo, con razón, que la justicia es lenta en la Argentina. Pero, al mismo tiempo, anunció la creación de nuevos mecanismos que la harán más lentas aún. Es también una contradicción de todo el oficialismo, que hace populismo denostando a la Justicia cuando al mismo tiempo decide alargar los procesos. ¿O no fue eso lo que hicieron hace poco los legisladores cristinistas que aplicaron parcialmente una reforma del Código Procesal Penal para llevar hasta la eternidad la certeza de una sentencia definitiva? Hasta las decisiones de la Corte Suprema serían revisables, según el criterio de esos legisladores. Fue un indulto encubierto a Cristina Kirchner, que requerirá del paso del tiempo.

La justicia es lenta, en efecto. Pero con el diagnóstico no es suficiente, sobre todo cuando se hace todo lo contrario.

Un caso aparte es el del fiscal Carlos Stornelli, a quien el Presidente le dedicó varios párrafos difamatorios sin nombrarlo. Stornelli es el fiscal que investigó la causa de los cuadernos del chofer Oscar Centeno, el mismo que contó en esos libros de su vida cómo, cuándo, dónde y quiénes recibían y entregaban los sobornos en tiempos de los dos Kirchner. La causa cuenta con la confesión de empresarios, de exfuncionarios y hasta del histórico contador de la familia Kirchner. Es lapidaria para la poderosa familia de la política argentina. Stornelli fue el fiscal que logró que Carlos Menem fuera preso durante algunos meses y el mismo que consiguió que Julio De Vido terminara entre rejas. Cuando ya el caso de los cuadernos estaba virtualmente terminado, le cayó la venganza del cristinismo. Una causa a todas luces armada contra Stornelli se abrió en el juzgado federal de Dolores, entonces a cargo del juez Alejo Ramos Padilla, el mismo magistrado que acaba de asumir como juez federal y electoral de La Plata. Es, desde ahora, el juez electoral más poderoso del país. Un premio o una retribución de favores. Llámenlo como quieran llamarlo. Lo cierto es que el Presidente habló de esa causa de Dolores, siempre con la mirada sesgada del cristinismo, con un conocimiento que la Constitución le prohíbe. El Presidente no puede conocer las causas judiciales en curso, dice claramente la Constitución argentina. El profesor de Derecho desafía una y otra vez a la Constitución.

Párrafo aparte merecen sus referencias a la economía. Todo fue demasiado viejo. Control de precios. Congelamiento de tarifas de servicios públicos. Producción nacional, sustitución de importaciones y, en fin, a vivir con lo nuestro. Esos enunciados se contradicen con otra consigna: hay que exportar cada vez más.

El Presidente tiene una mirada ingenua del mundo. ¿Por qué otros países le comprarían a la Argentina si esta cierra las importaciones de esos mismos países? El mundo ya no es el mismo que pergeñó buena parte del discurso histórico del peronismo. Sucedió una globalización, mal o bien llevada, y hay una interrelación muy estrecha entre las naciones. Es cierto que tras la pandemia hasta los grandes países decidieron proteger sus producciones. Pero son países con una gran capacidad de producción y con reglas muy claras sobre la competencia y la defensa del consumidor. Es lo que falta en la Argentina. Ningún antiguo prejuicio del peronismo estuvo ausente. La inflación es culpa de 11 grandes empresas productoras de alimentos que retacearon sus provisiones de alimentos. ¿Y el Estado? ¿Acaso no tiene ninguna culpa por la muy alta inflación? Las fantasías económicas solo sirven para conformar a los que gobiernan. Para nada más. Solo falta que prohíban la muerte por decreto.

En la panoplia de enemigos no podía faltar (y no faltó) la alusión a los medios periodísticos. Ya sea porque informan mal sobre una pobre estirpe gobernante o porque ocultan verdades que son definitivas y únicas. Una lástima que el Presidente haya desperdiciado la oportunidad de ser Alberto Fernández. Solo Cristina estuvo ahí, en cuerpo y alma.


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