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Sinay desnudó el andamiaje sobre el que se basa el lenguaje inclusivo

“El lenguaje inclusivo en realidad no es un lenguaje, sino una jerga, y no es inclusivo sino más bien excluyente”, asegura.

- 00:21 Política

El escritor y periodista Sergio Sinay terció en el debate existente acerca del uso de los géneros de ciertas palabras, al asegurar que “el lenguaje inclusivo en realidad no es un lenguaje, sino una jerga, y no es inclusivo sino más bien excluyente”.

Fundamentó su afirmación luego, al señalar: “Una característica de las jergas es que se las habla dentro de las sectas, que pueden ser religiosas, políticas o de otra índole. Y las jergas dejan afuera a todo aquel que no integre la secta. Reducen el número de hablantes, de emisores y de receptores solamente a aquellos que aceptan el dogma”.

Haciendo alusión luego a la pronunciación del llamado “lenguaje inclusivo”, Sinay analizó otro aspecto floja de la práctica de un sector político en la Argentina: “De esta forma el que no acepta esa jerga queda excluido. Y, en la práctica, esta jerga es excluyente porque no se puede utilizar. Basta con una prueba muy sencilla: yo les pediría que me lean en voz alta un texto donde la letra ‘x’ reemplaza a la ‘o’ ¿cómo se pronuncia una palabra así?”, cuestionó.

Citicó entonces que quienes usan y pretenden imponer esta práctica “parten de un pensamiento muy elemental y rudimentario por el cual si hay una palabra terminada en ‘o’ ya es masculina y, por lo tanto, patriarcal y abusiva”.

Tras desmenuzar la cuestión de forma, encaró a continuación el contenido del lenguaje inclusivo al afirmar que expresa un “modelo mental, una visión de mundo” con la que sólo “lo que se dice se materializa y lo que no se dice no existe”, mostrándose así más en “un intento de crear una realidad al margen de la realidad e instalarse mentalmente ahí”, aún cuando ello no implique que se ha alcanzado la igualdad enunciada.

Para terminar de derrumbar la estructura sobre la que se ubica esta particular estrategia comunicativa, Sinay lanza: “Estos reduccionistas o ‘jibarizadores’ del lenguaje tienen la ilusión de que recortando la lengua, o inventando una manera de hablar, se puede forzar la realidad o envasarla. Eso en el fondo es un delirio. El lenguaje es representativo de la realidad y no al revés, ellos buscan el camino inverso”.

La realidad distópica, de la mano de George Orwell

Sergio Sinay traza un paralelismo entre el lenguaje inclusivo y la “neolengua”, el lenguaje oficial y obligatorio que el escritor británico George Orwell ideó al escribir su novela distópica y que pretendía imponer uno de los tres superestados de la Tierra en “1984”, tal el nombre de su obra.

Orwell hasta destina espacio para explicar los fundamentos del vocabulario neolingüístico, y el propósito del lenguaje creado por el Ministerio de la Verdad: “Es imponer una actitud mental”, no sólo para expresar la cosmovisión del partido gobernante en la novela, sino también para “imposibilitar otras formas de pensamiento”.

“Orwell explica que cuando se recorta el lenguaje se recorta el pensamiento. En este caso no es al revés: es un pensamiento ignorante, pobre y estúpido el que recorta el lenguaje y se muestra al desnudo en su pretensión de obligar a hablarlo o, balbucearlo, ya que es un lenguaje que con la utilización de ‘x’ o ‘@’ no puede ser hablado”, indica Sinay.

Abunda al respecto: “Me parece que eso más bien genera un desencuentro. Los adolescentes, por ejemplo, son grandes generadores de neologismos pero no los imponen, nacen y se multiplican a partir de la interacción y luego se va extendiendo. Se da a partir del uso de los hablantes como una necesidad de comunicación pero nunca como una imposición. Muestra una ignorancia respecto de esta herramienta que es el lenguaje y que nos ha permitido a los humanos entendernos, amarnos, disentir, evolucionar”.

Y en el final, se anima a vaticinar: “Lo que pasa con las jergas es que nunca se convierten en lenguaje extendido entre los hablantes, son siempre jergas y quedan reducidas a eso”.


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