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Una fábula oscura sobre el crecimiento

Por Heraldo Pastor.

- 22:19 Pura Vida

"Pahanhautoja" es una muestra de cine finlandés, del que llegan pocas producciones por estos lares. Hay que agradecer en este caso la difusión que posibilita la productora y distribuidora estadounidense IFC, en su división Midnight especializada en terror. La realizadora, Hanna Bergholm, debuta con esta obra en el largometraje. Unas tomas panorámicas iniciales muestran el lugar donde se va a desarrollar la trama: un pueblo en una zona boscosa de gran belleza; las casas tipo chalé y las calles parecen dibujadas de tan perfectas, ordenadas, impecables (como las "casas enfiladas" del poema de Alfonsina), como si fueran parte de un libro de cuentos de hadas.

 

Y realmente, "Pahanhautoja" tiene el estilo de un relato maravilloso, donde hay elementos sobrenaturales que no entran en verdadero conflicto con los naturales; y por esto, los personajes no reaccionan como lo harían en un relato fantástico ni transmiten temor al receptor (en este caso los espectadores), sino un mero sentimiento de extrañeza. "Pahanhautoja" también comparte con los cuentos de hadas el espíritu moralizante. La película de Bergholm es un relato de crecimiento donde una madre obsesiva con las apariencias ha convertido a los miembros de su familia en personajes de un "reality" de vida hogareña feliz y exitosa; por detrás de esto, presiona demasiado a su hija adolescente Tinja para que se destaque como gimnasta olímpica. Es un espacio más que propicio para que se "incube" (como dice el título) el Mal, en este caso en forma de cuervo.

 

También como en el relato maravilloso, la narración es directa, breve (ni llega a los noventa minutos), no se desvía en subtramas ni en excesivo desarrollo de sus caracteres, que tienen mucho de genérico. No obstante, este cuento está aderezado con elementos mitológicos y del terror, que lo oscurecen: el monstruo, la metamorfosis, el doble, algunos sustos (poco efectivos), gore (buen trabajo de efectos visuales y maquillaje) y escatología. La realizadora Bergholm llena de símbolos su relato: el huevo, las manchas de sangre en la cama, el vientre del osito de peluche, etc., y alguna que otra ironía discursiva, como esa espalda arqueada de la niña , en la que resaltan monstruosamente sus vértebras, primera imagen del film y anticipación algo que va a ser nuclear poco después. En las sociedades nórdicas, de alto nivel económico, la libertad individual es un valor de primer orden; por esto no es insólito que en este caso el padre de familia casi no reaccione cuando la esposa deja de repente el hogar para iniciar una nueva relación con otro hombre. En este contexto, pues, la presión materna sobre la hija es decididamente un horror por implicar una ruptura a las pautas culturales. Todo esto integra una obra que no llega a descollar, pero tiene su encanto y resulta un interesante antecedente para su realizadora.

 

 


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