Un corazón con espacio para su devoción por la pelota y la Virgen del Valle Un corazón con espacio para su devoción por la pelota y la Virgen del Valle
Es la hora del "picadito". La casa de Oscarcito es el punto de partida hacia la cancha que armaron en un descampado. Ahí se juntan todos los amigos. Uno lleva la pelota. Esta vez eligieron la de color naranja que le regalaron para el Día del NiÑo. Otros se turnan para empujar la silla de ruedas (hay que hacerlo con cuidado, porque no es la que necesita y Oscar se puede caer hacia los costados).

Llegaron. Casi sin la ayuda de nadie, entre la pasión que irradian sus ojitos, Oscar se baja y se coloca en el medio del arco. Estratégicamente, sus amigos "prueban algunos tiros" desde distintos puntos, en un área que ha sido dibujada con una rama que encontraron en el camino. Algunas pelotas van a parar en manos del arquero. Otras pasan, pero todos, incluido Oscar, gritan "¡gol!".
Al fútbol lo viven así. Para todos ellos es diversión, pero para el pequeÑo quizás es un poco más que eso: él se prepara para un futuro dentro de una cancha. Ya lo dijo: "No sé cómo, ni haciendo qué...".
"Le pido a la Virgen del Valle que me ayude a caminar, para poder jugar", lanza Oscarcito, sentado en su silla de ruedas, a la par del arco de la canchita.

De pronto todo es silencio. Su hermano Marcos (de 5 aÑos) se acerca, lo mira a los ojos y le pregunta qué le pasa.
"Me da el sol y me molesta", responde él, con los ojitos brillantes, intentando disimular la emoción que le provoca reconocer ese deseo que sale de lo más profundo de su corazón.
Su mamá Rina explica: "Somos devotos de la Virgen del Valle. vamos todos los aÑos, y desde que Oscar tiene 3 aÑos, lo llevamos también a él. Nunca vamos en diciembre por lo que todo eso representa en aglomeración de gente. Pero recuerdo la primera vez que fuimos. Le decíamos que a la Virgen le tenía que pedir un deseo. Llegado el momento, él nos dejó mudos a nosotros. Apenas estuvo al frente de la imagen, se bajó de la silla de ruedas, se arrodilló, la miró y le pidió que lo ayudara a caminar. Pienso en ese momento y me estremezco".
Altar
Unos aÑos más tarde, el niÑo le pidió a su mamá que le consiguiera una imagen de la Virgen del Valle. En uno de sus viajes a Catamarca consiguieron una.
La idea de Oscar era entronizarla en su casa. Y así lo hizo. Un día improvisó un altar al frente de su hogar, y en una humilde ceremonia, con sus familiares de testigos, arrastrándose llevó a la Virgen hacia el lugar elegido y él mismo la bendijo.
Tiempo después, su padre, que es albaÑil, le armó una gruta más grande, en la que ahora la Virgen Morenita comparte espacio con Mama Antula y San Esteban, de quienes también son devotos en la familia.
"Cuando fuimos a Mama Antula, a modo de agradecimiento, él llevó caramelos y repartió entre los niÑos que estaban en el lugar", recuerda Rina el gesto de bondad de Oscar.
"Como hasta hoy, la gracia de Dios, de nuestra Virgen del Valle y de todos los santos nos acompaÑará para que Oscar pueda someterse a las cirugías que necesita para mejorar su calidad de vida, apartándolo de los temores. Creemos mucho en Dios y sabemos que no nos abandonará. Además, los médicos nos dijeron que son dos grandes virtudes sus ganas de caminar y la fuerza que tiene para vivir. Eso lo ayudará a cumplir su sueÑo", se ilusiona Rina.
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