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Borges y sus tres lenguajes para desentrañar el Universo. Arquitectura, filosofía y fracciones matemáticas

Por Gisela Colombo. Escritora. Profesora y Licenciada en Letras.

- 01:30 Santiago

Ambición de saber

El deseo de saber más allá de los límites de la mente humana ha sido una constante de la humanidad, una vez que las necesidades básicas estaban satisfechas. Tal propósito fue tan medular y universal siempre que se lo menciona como el mismísimo pecado original en los textos sagrados de las tres religiones principales de Occidente. En efecto, esos relatos bíblicos de corte cuasi mítico que prevalecen especialmente en los libros más antiguos de la Torah (Biblia judía), del Corán (Biblia musulmana), y el Antiguo Testamento. El título “La Biblioteca de Babel” remite al episodio bíblico en que descendientes de Noé, impulsados por su deseo de saber lo que Dios conoce (versión renovada del pecado original), construyen una torre tan alta como pueden. En castigo, el Creador les impone divergencias idiomáticas a quienes están a cargo de la construcción. Es el origen mítico de la división de un pueblo único –quizá el indoeuropeo, al que se refieren los lingüistas al hablar del origen común– en grupos diferentes que ya no se comprenden y oponen sus intereses.

Pero aquí Borges refiere la Torre de Babel para convertirlo en “La biblioteca de Babel”. En el texto, la referencia a Babel alude a la fragmentación y la incapacidad del hombre para conocer el sentido del Universo.

Borges plantea, desde la primera línea, un paralelo entre la Biblioteca y el Universo. Propone la Biblioteca como imagen de los múltiples intentos de la humanidad para explicar el Universo y la vida humana. Esta analogía revela el ámbito en que Borges ha sondeado esas respuestas. La búsqueda de sentido es emprendida por el autor en el terreno de los libros.

En tal caso, cada libro de la biblioteca sería una respuesta. Asimismo, cada libro refleja a un hombre individual que indaga en las preguntas fundamentales, porque asume la condición de hombre en la medida en que intenta comprender.

El narrador menciona que muchos de los libros son conjuntos sin sentido, intentos torpes que utilizan el lenguaje sin lograr articular un concepto orgánico.

Arquitectura del Universo

La Biblioteca se organiza en el espacio como si fueran celdas de un panal, mediante unidades que describen un hexágono. Esa forma geométrica posee la capacidad de disponer sus unidades del modo más económico . No quedan intersticios entre unas y otras. Esa misma geometría registran los copos de nieve, los cristales de minerales, la estructura atómica de elementos (carbonos). Esta tendencia de la naturaleza a compactar las cosas en paquetes hexagonales produce un orden interno y externo eficiente.

Al unir con rectas los ángulos internos de un hexágono, se dibuja la estrella de David, también llamada “Sello de Salomón”, que consiste en dos triángulos invertidos. El primero refleja la divinidad (identificado cada ángulo con Dios Padre, Espíritu Santo y el Mesías al que se esperaba en el judaísmo) y es espejado por un segundo que representa la actitud humana de hacer la voluntad de Dios en la tierra. El modo de vivir a imagen y semejanza de Dios.

El escritor argentino es admirador de esta cultura. Luego advertirá que todos los libros de la Biblioteca están construidos en el alfabeto hebreo, de este modo reconoce la relevancia de la tradición judía en el texto.

Borges confesó alguna vez que la Torah, en su versión cristiana a la que referimos como parte del “Antiguo Testamento” ha sido una de sus primeras fuentes literarias. Su abuela le recitaba la Biblia de memoria y él la fue aprendiendo de ese modo desde muy chico. (Recordemos que la Torah es el Pentateuco, parte importante del Antiguo Testamento, que componen los libros históricos de la Biblia cristiana).

En el centro de cada hexágono aparece una escalera en espiral cuyo tubo central es un hueco por el que partirán en caída libre e infinita quienes mueran.

La espiral es uno de los símbolos más ricos de la tradición artística. Ha sido identificada por griegos, romanos, neoplatónicos, surrealistas y hasta modernistas como una forma natural que, en sus proporciones áureas, revela mejor que ninguna el sello de la Inteligencia Creadora en sus criaturas. Esa presencia es lo que “splende” en lo creado con la luz de su origen.

El hecho de que por las escaleras asciendan personajes que se mueven a causa del deseo de saber es otra referencia a su convicción de que el camino ascensional será por medio de los libros que logran irradiar belleza.

No extraña que Borges dijera que sólo leía por placer y en búsqueda continua del hecho estético. Subir por la escalera en espiral sería vivir con conciencia y en búsqueda.

Sin importar hasta qué piso se llega, hasta qué punto de conocimiento se arriba, el hombre, cada hombre, está destinado a caer igualmente por el hueco, a morir. El saber no impide la muerte, que es la condición natural de toda criatura.

Axiomas

El texto plantea, como una tesis matemática, dos axiomas.

1) El universo es ab aeternum (es decir, desde siempre y para siempre)

2) Los libros de la biblioteca están conformados a partir de elementos limitados. 25 caracteres de los cuales 22 son letras del alfabeto hebreo y las restantes tres corresponden al espacio, el punto y la coma.

¿Cómo es que la Biblioteca es infinita, pero está hecha de objetos numerosos aunque de ningún modo infinitos? Hay, además, espacios independientes, que no son anaqueles ni libros. Si los libros no son infinitos y la biblioteca sí, entonces estará en esos espacios la diferencia entre lo finito y lo infinito.

Si uno generara el paralelo de libros = hombres que buscan respuestas, cada libro resultaría una imagen irrepetible constituida por elementos que sí se repiten de un hombre a otro.

Esto recuerda la realidad del ADN. Los hombres pueden poseer los mismos componentes. Sin embargo, ninguno será idéntico a otro. Del mismo modo, los libros están constituidos por 25 caracteres únicos y la combinatoria ─rama de la matemática que estudia las combinaciones posibles entre varios objetos─ define numerosísimos productos. Aunque no infinitos.

Si seguimos el razonamiento del ADN, con los componentes se construye la realidad material de los seres, pero no la espiritual. La suma de las letras de todos los libros no hace a la Biblioteca. Ni siquiera refleja completo el conjunto del libro internamente. Falta en ello el “espíritu”, es decir, el sentido que describe esa combinatoria, el sentido del libro.

Esto parece reflejar la constitución humana, donde el ADN se combina para definir los aspectos físicos pero el sentido espiritual es inconmensurable. Por otra parte, fuera del libro (criatura), la Biblioteca (universo) está constituida por libros o componentes limitados, y también reúne un dato infinito que la convierte en ilimitada. Ese ingrediente aparece reflejado mediante la imagen de la escalera en espiral y algunos otros espacios comunes. Si es la espiral, que refleja lo natural en su orden impuesto por el Creador, en su sello, entonces el Espíritu que habita en todo lo creado será lo que le da el carácter infinito al Universo. El “splendor” del que hablara Platón.

El espíritu es inaprehensible en términos de componentes, porque es indivisible. Esos espacios son quienes hacen la diferencia entre la infinitud de la Biblioteca y la finitud de sus libros.

Las matemáticas explican muy bien este punto: restar un número finito al Infinito dará un inalterablemente Infinito. Esta ley es consignada también por la filosofía y constituye un concepto importante en la cosmovisión borgeana (o borgesiana, como le habría gustado al poeta).

Mucha filosofía

En el texto se hacen presentes varias posturas filosóficas con ánimo hilarante, alivianando un poco la naturaleza densa del planteo. Menciona a filósofos idealistas, místicos, realistas, existencialistas, a Nietzsche, a León Bloy y la Kabalah, a los herméticos y a los “impíos” que no creen en orden alguno ni en Inteligencia Ordenadora que haya pensado lo creado. Todo ello con una ironía y un humor intelectual admirable.


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