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Sobre el rastro de la copla

El autor “vallisto”, Prof. Álvaro Ricardo Caro, natural de Santa María, Catamarca, pero “nacionalizado” santiagueño, nos brinda en su libro “Sobre el rastro de la copla”, un exhaustivo estudio de esta expresión poética en el país. Esta obra cuenta también con una vasta antología que ameniza y sustenta sus dichos.

- 04:30 Viceversa

Para el autor santamariano, Alvaro Ricardo Caro, la copla no es para nada “la expresión menor del arte poético”, por el contrario, con el correr de los años “se ha transformado en una especie de signo cultural propio que los diferencia de otros pueblos que se manifiestan a través de otras expresiones de la poesía”. El origen de la copla no es preciso –dice el autor- se remonta a la jarcha mozárabe, las “cantingas d´ amigo” y los villancicos de la tradición oral del Renacimiento. Forman parte de la lírica primitiva escritas en árabe y hebreo.
Las usaban las mujeres para lamentarse por la ausencia del ser amado. Ortega afirmaba que “El pueblo es iletrado, indocto pero no inculto, como lo advierte Chesterton al exclamar en cierta oportunidad ¡Qué cultos son los analfabetos! Y en verdad ¿puede pedirse una sabiduría más honda que la contenida en los cuatro versos de esta copla? En esta vida / emprestada / que es de la ciencia la llave / quien sabe salvarse sabe / y el que no, no sabe nada. Domingo A. Bravo asevera que, por tratarse de un género de tradición oral, la copla vivió de boca en boca entre nuestros antepasados; es por eso que existen, en numerosas oportunidades, varias versiones de una misma copla, fenómeno que es muy común en el Noroeste Argentino.
Dice don Alvaro Caro: “Mientras la copla española floreció en un medio penetrado de principios teológicos y filosóficos, la copla americana en cambio, es torrente lírico, impulso emocional que se sacrifica a la intensidad del canto. Podemos decir que la copla es un “gesto del alma; un ademán poético”.
En su verdadera génesis, la copla escapa a la rigurosidad de la métrica octosilábica. En su médula, la copla es una forma poética que cuida no tanto el acento poético, como el decir poético. Las coplas llenaron y siguen llenando de poesía el alma de nuestros cantores populares desde hace siglos. Esta joya de la poesía se adentró en nuestra gente de campo, en nuestros cantores que no sólo se alimentaron de ella, sino que la tomaron como matriz para sus propias creaciones.
Según don Aledo Luis Meloni, laureado escritor porteño que en la actualidad reside en Resistencia (Chaco) “la copla, tal vez un poema despojado de todo lo prescindible es la flor más pequeña del frondoso árbol de la literatura”. Luis Guillermo Garay define a la copla como algo que condensa con sensibilidad exquisita la sabiduría del alma.
Según Jorge Washington Ábalos en su libro Coplero popular americano: “La copla breve y densa composición poética de creación anónima es una manifestación del alma del pueblo que con precisión y agudeza formula una reflexión. La copla es el florecer de una suma de conocimientos que estalla en cuatro versos”. Por su parte el profesor Ricardo Dino Taralli en el prólogo del libro “Cantares y coplas” de Manuel Ignacio Rayano dice: “de coplas con dueño sentido homenaje a ese auténtico venero que no cesa, ni ha de cesar jamás porque la copla es un jalón permanente en el alma de los pueblos y en la configuración estética del itinerario para el canto”.
Por su parte, Miguel Ángel Pérez sostiene que “la copla es el ritmo de la gente del valle. La gente habla en octosílabos en versos de ocho sílabas. Es la forma de comunicarse de la gente, es una forma totalmente natural. Nos contó alguna vez que: “había una viejita al frente de mi casa que salía a la tarde, me saludaba con la manito y me decía: “cómo está don Miguelito, que tenga muy buenas tardes” .
Según Pérez, para él, la copla es la comunicación más rápida de persona a persona y termina afirmando que la copla es el elemento vital de la poesía. En el fondo es la raíz más profunda de la poesía. Es la semilla que el idioma castellano ha dado la poesía universal. Jaime Dávalos afirma que “Cada copla es un trago de luz poética y las elementales gentes de la tierra, las trasiegan para darse coraje, despenar el cuerpo y respirar el corazón”, mientras que Ricardo Mario Borsetti, en su antología de la copla del noroeste opina que: “la copla se destaca entre los productos de la poesía popular tanto por su agudeza como por su elegancia”.
Tal como sostiene Luisa Cristóbal de Romero, como manifestación social, la copla es el ejercicio del ingenio del pueblo, de su capacidad creadora; Si bien es dicha con la voz nostálgica del coplero, nadie puede dudar de que sus raíces están en el corazón. En ella están descriptos los sentimientos más profundos del hombre, sus alegrías, sus dolores, sus nostalgias y todas aquellas emociones que alientan la poesía y el canto.
Generalmente, el coplero se inspira en textos que ya han sido aceptados por el público (que también es parte del proceso de creación y aceptación); un público que tiene conciencia del valor de la copla como forma textual expresiva de las tradiciones y de los sentimientos; un público que se ve reflejado en esos versos que muchas veces expresan todas aquellas tribulaciones o esperanzas, toda la tristeza o el regocijo, en fin, toda esa maraña de sentires que se alojan en el alma misma del pueblo.
En este sentido, la copla abarca el universo infinito de lo íntimo y personal del hombre. Para el autor santamariano Álvaro Ricardo Caro: “La copla no es una forma vetusta o pasada de moda sino que pervive a través de los años y a pesar de los embates de nuevas formas expresivas, merced a la dedicación de miles de poetas anónimos; tampoco es un género menor, como alguien sostuvo, sino que representa una forma poética de gran aceptación y que se ha ganado un lugar en la historia de la literatura argentina”.

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